Entrevista a Gonzalo Basile, presidente de Médicos del Mundo Argentina, a tres años del terremoto de Haití
"A veces hay que ser muy crítico con las explosiones de megasolidaridad"
El epidemiólogo argentino cuenta cómo la población del país caribeño intenta recuperarse del sismo y lucha por salir de la epidemia de cólera que la afecta desde 2010. También describe el trabajo que se viene haciendo desde MdM, una ONG con una fuerte impronta sanitarista.
El 12 de enero de hace tres años, un sismo de 7.2 grados asoló buena parte de Haití, sumiendo a la población en un caos social a gran escala.
Este país caribeño, históricamente golpeado por la pobreza y las crisis -económicas, políticas y sociales en todos sus aspectos- todavía no se recupera de aquél terremoto, el peor en su historia documentada.
En aquél comienzo del año 2010 murieron más de 300.000 haitianos, otros tantos resultaron heridos y la infraestructura institucional de su capital, Puerto Príncipe, fue destruida en un 50 por ciento, y en un porcentaje mayor las de Leogane, Petite Goaves, Jacmel y otras poblaciones del departamento Oeste. Esto dio como resultado el desplazamiento de unas 700.000 personas, en tanto un millón y medio se vieron afectadas.
Haití recién ahora está iniciando la penosa recuperación pero al mismo tiempo debe lidiar con otros fenómenos naturales como los huracanes Isaac y Sandy, que se ensañaron especialmente con la isla en 2012, y la epidemia de cólera que no da tregua desde hace dos años, con un saldo de casi 8.000 muertos y más de 365.000 casos registrados.
La Organización no Gubernamental Médicos del Mundo (MdM) trabaja en Haití desde los primeros momentos post-terremoto. Gonzalo Basile, presidente de la filial Argentina y de Médicos del Mundo América Latina, conversó con La Prensa sobre la desesperada situación de quienes todavía sufren las consecuencias del sismo, de los afectados por el cólera y del trabajo que esta entidad viene realizando en ese hermoso país del caribe más pobre.
"En Haití habíamos estado unos meses antes del terremoto, porque en 2009 se debatía si se hacía un reemplazo de tropas por acción humanitaria. No olvidemos que ellos venían de un gobierno dictatorial muy sangriento, golpes de Estado y una historia de intervenciones militares extranjeras. Nosotros queríamos tener presencia allí. Nuestra metodología es, primero, hacer una evaluación en el lugar. El sismo apuró las condiciones", explicó Basile.
- En esa evaluación previa al sismo, ¿ya había detectado carencias importantes?
- Claro. Tenían y tienen la mortalidad infantil más alta del continente latinoamericano y los máximos niveles de mortalidad materna, prevalencia de VIH sida, mortalidad por VIH sida. Esto sigue igual tras el sismo. Además tenemos enfermedades contagiosas y vectoriales ligadas a las condiciones de vida y a las emergencias ambientales: tuberculosis, fiebre tifoidea, malaria, infecciones respiratorias, leptopirosis. De ahí pasamos a violencia de género, abortos no seguros y malnutrición crónica.
Según cuenta Basile, el sismo potenció el cóctel de paupérrimas condiciones de vida vida de la mayor parte de la población. También en 2010, una epidemia de cólera desatada en el departamento Artibonito, una zona lejana al epicentro del terremoto, complicó aún más la situación.
Otros datos de Haití para contextualizar: el país tiene el salario mínimo más bajo del continente, 4 dólares, el 60% de la población está en déficit habitacional, más del 50% no tiene acceso seguro al agua potable (el 90% en áreas rurales) y el 70% de la población rural carece incluso de letrina. !En plena epidemia de cólera!
LLEGADA CAOTICA
"Para nosotros es importante no repetir la lógica épica de las películas, de la ayuda internacional que llega en helicóptero para salvar gente. Pero sí, llegamos en helicóptero -cuenta Basile y se ríe, pero enseguida se pone serio- llegamos por aire porque no se podía entrar por tierra".
- Por televisión se veía que la ayuda llegaba de todo el planeta.
- En un primer momento era una ola de solidaridad caótica, que significó, por ejemplo, que entre los más de 300.000 heridos haya hasta un 5% de amputaciones realizadas en términos clínicos poco eficientes. Pasa que llegaban alemanes, japoneses, franceses y cada uno operaba como le parecía; no había una autoridad sanitaria a cargo con protocolos a seguir.
- Y en ese marco, ¿cómo intervino Médicos del Mundo?
- Lo primero que hicimos fue tomar contacto con actores sociales de la sociedad civil haitiana para consultarlos y hacer con ellos una evaluación. Inmediatamente armamos recorridas por 15 asambleas comunitarias con poblaciones rurales afectadas. Así pudimos determinar problemas, necesidades y prioridades.
- ¿Trabajaron en Puerto Príncipe?
- En realidad le escapamos un poco, sobre todo porque el foco de la ayuda ya estaba ahí. Lo que se conoció fue Puerto Príncipe porque es la ciudad capital y el 50% de la infraestructura se cayó. La ciudad es como una olla. En las zonas altas vive la gente más pudiente y ahí prácticamente no pasó nada, pero en las laderas, donde estaban los barrios populares y las zonas céntricas, terminaron devastados. Pero en Leogane, a 25 kilómetros, donde fue el epicentro, el sismo la afectó en un 90%; se cayó la ciudad completa. Y en las zonas rurales tal vez no era visible para las cámaras, pero en medio de las plantaciones te encontrabas con casas completamente derrumbadas y familias a la intemperie.
- ¿La solidaridad caótica de los primeros meses ya se organizó?
- Sí. Pero tengamos en cuenta que cuando un tema sale de la agenda de los medios de comunicación, pierden visibilidad y sale de la preocupación de la comunidad internacional, de la cooperación, de los gobiernos y de los Estados. También hay que ser muy críticos con estas explosiones de megasolidaridad que tenemos a veces porque nos encontramos con dos graves peligros: por un lado, puede favorecer la dependencia del país de la ayuda internacional; y por otro lado, porque esa megasolidaridad a veces termina financiando mega-4X4 y grandes salarios en dólares y euros de técnicos, profesionales, etc. Eso no soluciona las necesidades colectivas.