En tiempos de globalización, según afirma Jorge Castro en su libro titulado “La visión estratégica de Juan Domingo Perón”, la Argentina está en aptitud de aprovechar las extraordinarias condiciones que le ofrece el mundo de hoy. Menciona la revolución agrícola argentina (“que es la primera y más innovadora del mundo”) como derivación del pensamiento del fundador del justicialismo en cuanto a la necesidad de ´cabalgar´ las olas del acontecer en cada época.
Según el autor, las fuentes de las ideas de Perón son variadas y complejas. “Para comprender la lógica de su pensamiento –dice- es preciso tomar en cuenta no sólo el impacto que la Primera Guerra Mundial tuvo sobre su percepción de la política, sino también sus vinculaciones con los sectores liberales del Ejército, mostrando que éstas han sido mucho más estrechas que lo que habitualmente se cree”. Lo más importante –señala- es que el pensamiento de Perón no es ideológico, sino que evoluciona a través de la comprensión de los acontecimientos y siguiendo su determinismo.
Claudio Chaves en el “Perón Liberal”, libro citado en varios pasajes por Castro, refiere que fue “uno de los protagonistas principales del golpe del 6 de septiembre de 1930, adhiriendo a la corriente encabezada por el General Agustín P. Justo”. De suyo, esto implicó un rechazo fáctico a las ideas de signo extremo a cargo del entonces presidente provisional José Félix Uriburu. Esta anécdota sirve para reafirmar la concepción peronista según la cual el arte de la conducción en la política no es otro que el de la interpretación de las características centrales de cada época, para nada incompatibles con la percepción de la irrupción de la temática social a partir de las experiencias europeas contemporáneas y posteriores a la Guerra del 14/18. Resulta obvio que la Revolución rusa, sin ser él un adherente al comunismo, fue un telón de fondo bien presente en su inspiración a favor de los trabajadores.
La línea directriz de su pensamiento, apunta a subrayar que “los conductores no deben encasillarse en simples ideologías sino en hechos concretos”. Es por ello que rechaza la caracterización del justicialismo con categorías derechistas, izquierdistas, y aún centristas, por cuanto –agrega- son las circunstancias las que prácticamente obligan a los gobernantes a la adopción de las medidas necesarias. para cada circunstancia.
Otro dato digno de mención en cuanto a su ubicación conceptual, puede advertirse en la denominación por la cual optó al estatizar los ferrocarriles: en ellos, apeló a la evocación de las grandes figuras de la generación del ´80 como Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, sin excluir al hoy denostado General Julio Argentino Roca.
Para Perón, todo desafío histórico es intransferible, en tanto “producto de un momento y un lugar determinado, para lo cual es preciso distinguir lo esencial de lo accesorio”. Siempre concibió a la cuestión social como una obligación moral frente a los trabajadores, desechando todo sectarismo excluyente.
Como queda dicho, el concepto que orienta la teoría y la práctica política de Perón, es el de la evolución en términos de armonía bajo inspiración del pensamiento clásico de los griegos. Por eso propiciaba la comunidad organizada, en aptitud de crear un marco de participación indispensable para las “organizaciones libres del pueblo”.
La Argentina, concluye Castro, ingresa en la segunda década del siglo XXI bajo la esperanza cierta de la profundización fáctica de las ideas universalistas del líder carismático que inspiró su trabajo precisamente cuando emerge un nuevo sistema de poder internacional con China y EE.UU. como virtual dueto. La comprensión del tiempo actual, en clave de un Perón muy de hoy, cada Nación podría obtener el lugar que le corresponda en el concierto universal.