El gobernador Scioli ratificó algo que ya se sabía; aspira a conducir los destinos del país, argumentando la defensa del proyecto del año 2003. Hizo una única salvedad relacionada con la cuestión constitucional referida a la no posibilidad de reelección de Cristina, apoyándola si esta llega. Nadie puede negar, asimismo, que la reforma eventual, o no, de la Carta Magna podría modificar la situación de hoy.
Consecuentemente, para dilucidar el brete político que se desprende de la ofensiva de Olivos sobre el ex motonauta, y la respuesta de éste, conviene repasar la entretela del acuerdo entre ambos inaugurado por NK en circunstancias -políticamente hablando- menos halagüeñas para los patagónicos, precisamente, a raíz de algunos resbalones del diseño de la llamada transversalidad desprovista de símbolos históricos del peronismo. ¿Se optó por un salvavidas ‘provisorio’, o se apeló a un giro estratégico?
Esto, a primera vista, hoy exhibe todas las características de un divorció aparentemente fáctico, con subtextos ideológicos solo explicitados a medias. La cuestión principal pasa por el esclarecimiento de las miradas orientadoras, bajo el prisma de los hechos, aunque también de los modos de conseguirlos, tanto en el hoy como de cara al mañana.
Los K y Scioli reivindican lo ‘nacional y popular’ con base en el ejercicio del sufragio democrático y bajo la declarada aspiración de abatir a la pobreza y, paralela y simultáneamente, afianzar la nación. Las preocupantes señales de una economía, universal y local, en sí mismo complicadas, ¿los halla en veredas diferentes? ¿Todo se agota en estos tópicos, o se trata de algo más, 'modales' incluídos?
Está claro que el cristinismo -se ha dicho cerca de las usinas más caracterizadas de ese pensamiento- concibe la hora como “una oportunidad para el disciplinamiento definitivo” de actores económicos poderosos (empresariado) e incluyendo en el propósito a diversos ‘aliados’, ya sean mediáticos o de otro orden, objetivamente -afirman- operando al servicio de la contratara de ese proyecto.
¿Se alude a los Biolcatti y a los ex aliados Blaquier, o Eskenazi, más Hugo Moyano y la CTA no K, pasando por los ‘gordos’ o la UOM en su carácter de ‘tábano’ por demandas salariales? Claro que no suena ilógico, por ejemplo, que Sabatella incluya en esa lista al rival que lo aplastó en octubre. ¿Pero el PJ entero cree eso de Scioli? ¿O no es verdad que ya hay diferentes gobernadores pensando quebrar con cuasi monedas el supuesto cepo K?
Recordemos que en tiempos de Menem, la voluntad antiduhalista del presidente pareció ayudar a Fernando de la Rúa (alcance de los fondos por la privatización del Banco Hipotecario) y el lomense creyó zafar del brete prácticamente obligando al riojano a suscribir algunos ‘comerciales’ a favor suyo.
A su vez, la atribuida apuesta del noventista (hoy aliado K) le salió mal: no hubo, para él, ocasión de reemplazo frente a un bien imaginado colapso aliancista. Y la tibia solicitud del padre del 2001/2003 no evitó tampoco su ‘Waterloo’ ulterior. Trasladado el ejemplo a las circunstancias actuales, ¿creerá CFK que las más amplias mayorías apuestan por el divorcio político respecto de Scioli y éste, a su vez, supondrá que sólo con pronunciamientos tibios y/o yerros desprovistos de racionalidad conceptual y política, resguardará sus aspiraciones?
En cuanto a la idea reformista de ‘Cristina eterna’ cabe pensar que sería simple voluntarismo descartarla ya, o bien darla por segura en la conflictuada coyuntura socioeconómica, con la inflación y la puja interna sindical bullendo, o la irrupción de algunos balbuceos de despidos laborales en industrias tales como la automotriz o la frigorífica, por citar solo dos ejemplos. Scioli y CFK, ¿juntos? Parece que no.