La Prensa
Hace 80 años asumía la presidencia de la Nación el general Agustín P. Justo en medio de una crisis económica

Los inicios del Estado intervencionista

Su gobierno representó una especie de restauración neoconservadora en algunos aspectos aunque supo dejar de lado las ideologías a la hora de enfrentar la realidad. El fraude fue una herramienta que marcó la década.

La década del treinta produjo cambios, modificó el orden mundial. La crisis económica del año 29 puso punto final a la prosperidad de décadas anteriores, tanto en Europa como en Latinoamérica.

En nuestro país, si la Ley Sáenz Peña de 1912 representó un eclipse político para el orden conservador; la década del treinta fue una especie de restauración neoconservadora, en cuanto al sistema fraudulento utilizado en las elecciones.

Sin embargo, realizó un aporte fundamental para la política local que se reafirmaría en las décadas posteriores: la presencia de un Estado intervencionista.

Derrocado Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, Uriburu aspiró a instaurar un régimen corporativo al estilo europeo. Fracasado su intento, el general Agustín P. Justo, representante dentro del Ejército de una corriente más democrática y conservadora, quedó como único heredero del régimen para las elecciones nacionales convocadas para el 8 de noviembre de 1931.

Justo -quien había nacido el 26/12/1876 en Concepción del Uruguay, fue militar de carrera especializado
en el arma de ingeniería y se desempeñó como ministro de Guerra durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear- para lograr su cometido de llegar a la Casa Rosada tenía dos inconvenientes: el primero, carecía de una estructura política nacional. Y segundo, sabía que si se enfrentaba en comicios limpios contra el radicalismo,
perdía.

La Concordancia, una alianza entre conservadores, socialistas independientes y radicales antipersonalistas,
le dio el sostén electoral a nivel nacional. Y en cuanto al segundo inconveniente, los mismos radicales le regalarían la solución.

El 20 de julio de 1931, meses antes de las presidenciales, se registraron dos sublevaciones de militares radicales, una en Corrientes y otra en Chaco. Fue el argumento perfecto para que Uriburu vetara la fórmula radical Alvear- Güemes sólo un mes antes de los comicios.

El camino de Justo hacia la presidencia ya estaba allanado. ‘‘La década infame’’, como la denominaron sus detractores, había comenzado. Cerca de la navidad de aquel año, 1931, se conocieron los resultados de las elecciones: La fórmula Justo-Julio A. Roca (h) se impuso por 606.526 votos contra los 488.535 sufragios obtenidos por la Alianza Civil de Lisandro De La Torre y Nicolás Repetto.

PANORAMA COMPLICADO

El nuevo presidente asumió el 20 de febrero de 1932 frente a un panorama complicado. Las dificultades
económicas derivadas de la depresión económica mundial habían originado un colapso de los precios internacionales y la Argentina sufría las consecuencias directas de las medidas proteccionistas de Gran Bretaña; de un desempleo en aumento, un sistema bancario sin reacción y un déficit fiscal imparable.

Ante esta situación, Justo demostró tener una amplia capacidad política y un pragmatismo inédito hasta ese momento. Dejó de lado los rígidos principios del liberalismo y conservadurismo económico y comenzó a aplicar una decidida política de intervención estatal.

El primer gran suceso del gobierno de Justo fue el que pasó a la historia como el Acuerdo Roca- Runciman. El objetivo principal del pacto, firmado en Gran Bretaña en 1933 entre el vicepresidente y el ministro de Comercio inglés, fue el compromiso de Gran Bretaña, en medio de las medidas proteccionistas del imperio, de seguir comprando la misma cantidad de carne congelada que en la década del 20.

La contraparte fue la que generó una amplia polémica. La Argentina, por su parte, se comprometió a lo que se llamó ‘un tratamiento benévolo’ de los capitales británicos en nuestro país. Como, por ejemplo, facilitar que el transporte británico se transforme en un monopolio y que a los trenes y tranvías se le sumaran los camiones
y colectivos.

Este polémico pacto también desencadenó, en el Senado, un histórico debate liderado por Lisandro De La Torre que concluyó con el asesinato, en el recinto, del senador Enzo Bordabehere el 23 de julio de 1935.

Otras reformas financieras de orden intervencionista fueron la eliminación de la Caja de Conversión; la creación del Banco Central; la unificación de los impuestos internos tradicionalmente cobrado por cada provincia; y la creación de las Juntas Reguladoras de distintos rubros de la producción.

También, en el marco de un plan de obras públicas, fundó la Dirección Nacional de Vialidad que dejó más de 30 mil kilómetros de rutas pavimentadas. El intendente porteño, Mariano de Vedia y Mitre, por su parte, estableció la apertura de la 9 de Julio, el ensanche de la calle Corrientes y dejó un símbolo porteño: el Obelisco.

Normalizada, en gran parte, la situación económica el mapa político comenzaría a ser el protagonista en la segunda parte del gobierno de Justo.

Desde el veto a la fórmula radical en 1931, la UCR había decidido abstenerse en la competición electoral. Sin embargo, luego de la muerte de Yrigoyen en 1933 el partido cambió su estrategia y volvió a la competencia electoral.

Fue, entonces, a partir de las elecciones legislativas y provinciales de 1935 que desde el Gobierno apelaron con más crudeza al fraude para ganar los comicios y, también, a las intervenciones federales.

Una situación que se prolongó hasta las presidenciales de septiembre de 1937. Para sucederlo en el sillón de Rivadavia, Justo eligió la fórmula presidencial Ortiz- Castillo y la Concordancia -pese a las críticas de la prensa- volvería a imponerse en comicios fraudulentos.

Uno de los hechos relevantes durante su mandato fue la mediación que realizó el canciller Carlos Saavedra Lamas en la Guerra del Chaco (1932-1935). Una actuación por la cual se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1936. La gestión de Saavedra Lamas también posibilitó una cercanía política con el Brasil de Getulio Vargas y una visita del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt.

El gobierno de Justo, asimismo, lograría entablar una muy buena relación con la Iglesia Católica, sobre todo a partir de la realización -con amplio apoyo estatal- del Congreso Eucarístico Internacional en 1934.

Antes de dejar el poder estallaron algunos escándalos y sucesos desgraciados. Tuvo una amplia difusión la prórroga por cuarenta años de la concesión a la Compañía Hispanoamericana de Electricidad (Chade); un affair de Justo con una joven de 18 años de nombre Leonor Hirsch; el fallecimiento de su hijo Eduardo en un accidente
aéreo; y la decisión -junto a Botana del diario Crítica- de demorar el regreso de los restos mortales de Carlos Gardel, quien había muerto en Colombia en junio de 1935, para organizar un multitudinario sepelio en el Luna Park con la intención de distraer a la opinión pública consternada por el debate de las carnes y el asesinato de Bordabehere.

El gobierno de Justo, sin lugar a dudas, marcó la década del treinta y sembró el camino para la aparición, años después, del peronismo.