Dijo que la sociedad corre riesgo de "disgregarse, corromperse, anarquizarse" o de "vivir enfrentados en mil grupitos distintos"
Bergoglio llamó a los argentinos a la unidad
"La unidad se enraíza en nuestro corazón y cuando la cultivamos con el diálogo, con la justicia y la solidaridad, es fuente de mucha alegría", recordó ante miles de fieles congregados en Plaza de Mayo por la celebración religiosa del Corpus Christi.
El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, hizo hoy un fuerte llamado a la unidad al advertir que, en caso contrario, los argentinos corren el riesgo de "disgregarse, corromperse, anarquizarse" o de "vivir enfrentados en mil grupitos distintos".
El primado argentino alertó sobre la tentación "muy argentina de desunirnos, de hacer internas de todo tipo, de cortarnos solos", pero destacó que en la sociedad también "late un anhelo muy grande de unión, el deseo de ser un solo pueblo, abierto a todas las razas y a todos los hombres de buena voluntad".
"La unidad se enraíza en nuestro corazón y cuando la cultivamos con el diálogo, con la justicia y la solidaridad, es fuente de mucha alegría", recordó ante miles de fieles congregados en Plaza de Mayo por la celebración religiosa del Corpus Christi.
Tras subrayar que "cuando una sociedad sufre la disgregación y la desvalorización, seguro que en el fondo de su corazón les falta paz y alegría, más bien anida la tristeza", aseguró que "la desunión y el menosprecio son hijos de la tristeza".
"Las relaciones sociales que brotan de la alegría del perdón son relaciones de justicia y de paz. No de una justicia vengativa del ojo por ojo que aplaca el odio pero deja el alma vacía y muerta e impide seguir caminando por la vida", diferenció.
El arzobispo destacó el valor de la eucaristía para los cristianos, al asegurar que el pan consagrado en la misa "impide que nos corrompamos, impide que nos disgreguemos y que nos desvaloricemos", además de "ser fuente de unidad, para que no nos anarquicemos o vivamos enfrentados en mil grupitos distintos".
La expresión de fe pública comenzó por la mañana con una marcha juvenil por la ciudad que convergió en plaza Miserere, en el barrio de Once, y desde donde siguió en una columna hasta plaza Lorea, frente al Congreso.
Bergoglio exhortó a los jóvenes a no dejarse despreciar la dignidad ni nivelar hacia abajo por "los mercachifles de la ilusión que te drogan la vida, te prostituyen el amor y te cortan tu propia vocación".
"A ustedes Dios, la Patria, les pide que cada uno de sea lo que debe ser. Que cada uno de ustedes siga adelante su vocación, que no dejen nivelarse hacia abajo. Dejarse que le desprecien la dignidad es dejarse hacia abajo. No se dejen nivelar hacia abajo", aseveró.
Bergoglio los invitó después a seguir caminando hasta la Plaza de Mayo, donde presidió la misa.
Al concluir la ceremonia concelebrada por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, los obispos auxiliares porteños y numerosos sacerdotes, Bergoglio renovó la consagración de la ciudad y de la arquidiócesis a Nuestra Señora de Luján, para luego encabezar la procesión tradicional con el Santísimo Sacramento alrededor de la Plaza de Mayo.
La custodia que guarda la hostia consagrada fue llevada por el vicario episcopal de Pastoral, obispo Eduardo García, seguida por el primado, los demás prelados, sacerdotes, la Archicofradía del Santísimo Sacramento, los abanderados de los colegios católicos, los seminaristas, los jóvenes y el resto de la feligresía presente.
La pública expresión de fe, que este año llevó por lema la frase evangélica "Nos das el pan de la verdadera vida", culminó con la multitud entonando el Himno Nacional Argentino y Bergoglio impartiendo la bendición eucarística.