Lo que vendrá

Mafias: ¿Van ganando?

El crimen organizado, en tanto articulación de mafias transnacionalizadas para el logro de la optimización del resultado económico de la producción y comercialización de estupefacientes, pareciera en buena medida exitoso. ¿También en y desde la Argentina? Veamos.

No se trata exclusivamente del movimiento dinerario descomunal que impulsa, sino también de la creciente generación de contenidos propagandísticos y autojustificatorios para la expansión de sus negocios. En una colaboración periodística reciente (aparecida en una medio presuntamente conservador) se han citado los dichos de un experto europeo que afirma que “por un lado -esta actividad- siembra muerte y, por otro, distribuye riqueza”.

A su vez, a raíz del drama mexicano ligado a la expansión del narco y sus secuelas de muerte, se conocen otros aportes de alcance hispanoamericano que ponen en tela de juicio el combate frontal de la administración Calderón por los resultados trágicos para muchas personas, solo en algunos casos inocentes.

Un prestigioso diario español, por caso, acaba de remarcar que la sociedad civil del país azteca empieza a alzar la voz contra las autoridades poniendo como ejemplo un manifiesto de intelectuales de izquierda que aducen que existe “una persecución política y militar (que) no puede por sí misma derrotar al narcotráfico”. Y agrega: “esta falsa guerra solo ha conseguido encarecer la droga y abaratar la vida”.

El archiutilizado argumento del presunto “golpe” económico al narco vía la despenalización de las tenencias respectivas de los usuarios ‘comunes’, no solo ha sido desaconsejado por la más elevada expresión del ministerio de Justicia de Brasil con el presidente Lula, sino que también luce falso de toda falsedad: ¿o los mafiosos cartelizados se autolimitarían en materia de precios ‘humanitarios’?

Pero hay algo todavía más dramático relacionado con ‘la circunstancia ambiente’ registrada en algunos países que parecieran identificar el vocablo ‘muerte’ con una presunta voluntad de sus autoridades de provocarlas por un presunto pecado de ideología. Un medio de centroizquierda como “El País”, de Madrid, muchas veces crítico de Felipe Calderón, consigna recientes expresiones del escritor Héctor Aguilar Camín en las que condena la tendencia a exculpar a los verdaderos asesinos (la red del crimen organizado) desviando la atención hacia quienes tienen la obligación de frenarlos con la ley en la mano. Amargamente, se queja: “No hay una condena moral sistemática contra los asesinos, que son los responsables de la sangre, de las ejecuciones y de los decapitados”. ¿Hay que dejarlos ganar?

En la Argentina, por estos días, se ha dado un debate conexo en relación con este horrible flagelo, aquí en función de una supuesta caracterización de nuestro suelo como “país de tránsito” hacia mercados “mucho más rentables”, según la acción psicológica oficial. El caso descubierto en Barcelona, ¿alude únicamente a una casi ignota isla africana o este tipo de infiltración ha calado bien hondo en distintos estamentos de las estructuras del Estado? Un medio K, en la víspera, sostuvo que la mercadería habría salido de aquí por vía marítima, y no aérea, siendo los hermanos Juliá y el joven Miret “sólo mulas de lujo”. En la esencia, más allá de ser o no un relato novelado, ¿eso cambia algo central? Ya se han consignado varios antecedentes de cargamentos no idénticos, pero análogos, en un período de tiempo no demasiado extenso y en buena medida abarcador de la casi totalidad de la administración del Frente para la Victoria.

En todo caso, la varias veces proclamada complementación informativa de nuestro gobierno con Estados Unidos, España u otras naciones europeas preocupadas por estos asuntos, exhibe poco acompañamiento en materia de resultados prácticos o comunicacionales. Hay que actuar, Y, además, ayudar a esclarecer desde el Estado. Con convicción, claro.