La población que habita en asentamientos de la Ciudad de Buenos Aires creció el 52 por ciento en la última década

Las villas están superpobladas

Referentes sociales de los principales barrios carenciados contaron que, con la explosión demográfica, se hizo casi imposible acceder al alquiler de una vivienda y que el negocio inmobiliario está manejado por el narcotráfico.

POR ADRIAN MARTINEZ

Según los datos que reveló el Censo 2010, aunque la población de la Ciudad creció sólo el 4,1 por ciento, en las 14 villas y 27 asentamientos del distrito se registró un incremento del 52 por ciento, con unos 163.000 habitantes. Si a esas cifras se le suman quienes viven en inquilinatos, casas tomadas y conventillos, las personas con problemas habitacionales trepan hasta las 200 mil.

Estos datos, lejos de justificar la toma indiscriminada de terrenos públicos y privados en las últimas semanas, echan luz sobre una de las denuncias que más se escuchó en boca de los usurpadores: en las villas porteñas ya no se puede vivir. Y la razón es simple, no hay más lugar.

Sin embargo, para los referentes sociales de los barrios carenciados que más crecieron en la última década -la villa 1-11-14, de Bajo Flores, la 21-24, de Barracas, y las 31 y 31 bis, de Retiro- no es sólo el aumento demográfico lo que impulsa la falta de viviendas, sino que detrás de la especulación inmobiliaria se esconde el narcotráfico. De hecho, las familias tradicionales están vendiendo sus terrenos y hoy una vivienda en Villa Soldati cuesta lo mismo que un departamento en Caballito.

LOS ALQUILERES

"El crecimiento de las villas se debe a que la gente no puede soportar los alquileres en la ciudad y acá encuentra una solución, porque no paga expensas, ni luz, ni agua, ni ningún impuesto", sostuvo Margarita Barrientos, una de las principales referentes de Villa Soldati.

"Mi hija alquila una piecita con un baño, que es de uno por dos metros, y paga 800 pesos por mes -contó Barrientos-. Hay tanta gente que los alquileres son carísimos y ya nadie puede construir, porque los terrenos están todos tomados".

Aunque la construcción de pisos sobre las casas ya edificadas siempre existió como una forma de lograr un ingreso extra, el fenómeno de la superpoblación hizo crecer la especulación inmobiliaria. "El problema es el volumen de gente. Hay personas que construyen casa exclusivamente para alquilar. Son terrenos de la Ciudad y están usurpados, pero la gente los usa como si fueran de ellos", explicó la fundadora del comedor Los Piletones.

"Ahora que prometieron dar los títulos, el problema es mayor, porque ya no quedan terrenos para ocupar. Es una locura, pero alquilar en la villa cuesta lo mismo que vivir en el centro de Caballito. Por una casa me pidieron 120 mil dólares", se alarmó Barrientos.

El fenómeno es similar en la Villa 21-24, en Barracas, una de las más grandes de la Ciudad, con 30 mil habitantes. Nidia Zarza, presidenta de la ONG Fraternidad del Sur, que nació y se crió en el asentamiento, explicó que "en los últimos años, la población aumentó por la inmigración, pero también por el propio crecimiento de las familias tradicionales".

"Los hijos adolescentes se suman a la vivienda familiar con sus propios hijos. El problema es que es muy difícil salir -dijo Zarza, que trabaja en talleres culturales dentro del asentamiento- En la ciudad no se puede acceder a una vivienda, porque piden requisitos que nadie tiene, y no queda otra que hacer una pieza sobre la casa de los padres".
"Mi hermano Julio vuelve al barrio en estos días, porque, aunque tiene trabajo, no puede pagar un departamento, no consigue garantías ni la plata para los dos meses de depósito. Uno siempre trata de salir, porque nadie quiere vivir en el barro, sin luz ni agua",
expresó.

EL NEGOCIO

Según los vecinos, la forma de edificación en los asentamientos precarios también cambió en los últimos diez años. Las villas porteñas se formaron en la década del 30, cuando las familias de más bajos recursos se instalaron en terrenos desocupados de la Ciudad y de particulares, donde construyeron, a pulmón, sus viviendas.
Hoy esa gente está vendiendo sus casas y, con el aumento de la población, se ve un fenómeno nuevo: se están haciendo habitaciones de 3 metros cuadrados, con y sin baño, solamente para alquilar.

"Los primeros habitantes ya se fueron. Vendieron los terrenos, porque hoy se pagan en dólares -explicó Barrientos-. Ahora viene gente de todos lados, sobre todo de países limítrofes, porque acá no pagan nada y tienen subte y colectivos".

"Este barrio no tiene pasillos, pero ahora ya se están haciendo casas sobre la vereda. Los que más construyen son los bolivianos, que manejan la droga y compran todos los terrenos", sostuvo Barrientos.

Zarza, sin embargo, sostuvo que en la Villa 21-24 el negocio inmobiliario está empujado por la creación de "nuevos pobres" y por los hijos de las familias que ya no pueden irse. Además, muchos de los que lograron salir con la recuperación económica, hoy están volviendo.

"Todo el que vive en la villa cree que es una solución provisoria, pero se va haciendo permanente. Cuando llegan los hijos ya no se puede salir. Si querés alquilar en Capital, como sos villero, te piden dos garantías y dos meses de adelanto. Para salir del barrio tenés que contar con, por lo menos, 8 mil pesos en efectivo. Acá se consigue una pieza por 400 o 600 pesos", dijo Zarza.

Otro de los factores que incrementaron la demanda habitacional es la ayuda del Estado a través de planes sociales. "La gente del conurbano, donde el 80 por ciento está bajo la línea de la pobreza, se instala acá, porque toda la ayuda se concentra en la ciudad. Es más fácil gestionar un Plan Trabajar y la Asignación Universal y un adolescente de la villa puede acceder a un Plan Joven o una beca de estudio en la escuela pública. El gran problema es que la ayuda social está muy localiza y entonces se vienen todos", explicó Zarza.

EL PACO

Otra historia es la de la Villa 1-11-14, de Bajo Flores, donde el narcotráfico se adueñó del barrio. Para María Isabel Rego, que lidera un grupo de la Red de Madres contra el Paco, el negocio inmobiliario está impulsado por los cárteles que operan en la zona.

"Los peruanos andan en 4X4 y viajan dos o tres veces a su país por mes, y no van a buscar caramelos. Los narcos se apoderaron del barrios. Ellos comparan dos o tres casas juntas, las tiran abajo y construyen viviendas para alquilar", expresó Rego.

"El consumo creció como la población y ya llegó a todas partes. A la 1-11-14 llegan todo el tiempo taxis y remises con gente que viene a comprar droga. Me vienen a buscar madres de clase media para que las ayude a encontrar a sus chicos que están tirados por los pasillos", dijo Rego.

Según Rego, el narcotráfico dominó completamente este asentamiento y hoy muchas madres ya no quieren luchar, porque las amenazan y toman represalias contra sus familias. Es el caso de María Rosa González, referente de Ciudad Oculta, que sufrió las consecuencias por denunciar en los medios la complicidad policial en la venta de droga.

Según contó, a su hijo mayor "le armaron una causa" y estuvo preso dos años en el penal de Marcos Paz y a su hijo menor lo golpearon tanto que apenas sobrevive en el Hospital Piñero tras cinco operaciones.

"Ciudad Oculta dejó de ser el barrio en el que me crié. Los extranjeros vienen, comparan varios terrenos y hacen casas de tres pisos para alquilar a otros paraguayos y bolivianos"", se quejó González.
 

"Yo nací en la villa y recién después de 25 años de trabajo pude hacerme una pieza y un baño en el fondo de casa de mis padres. Hoy en un mes te levantan una casa de dos pisos y ese dinero viene de la droga. Cómo puede ser que haya gente que en apenas un año ya edificó cuatro casas de dos o tres pisos. Todos saben quiénes son", dijo.


MUCHOS MAS

Según el Censo 2020, son 163.000 las personas que viven en las 14 villas porteñas, el 5,6 por ciento de la población total de la Ciudad. La cantidad de habitantes en asentamientos precarios creció el 52 por ciento respecto de 2001.

Si se suma a las personas que viven en conventillos, inquilinatos y hoteles, son unos 200 mil los ciudadanos que sufren la crisis habitacional de la ciudad.

Con respecto del tamaño de las villas, los datos provisorios del Censo arrojaron que la más grande es la 21-24, en Barracas, a la que le sigue la 1-11-14, del Bajo Flores. Ambas tienen unos 30.000 habitantes. En tercer lugar están las villas 31 y 31 bis, en Retiro, donde viven unas 26.000 personas.


El mayor crecimiento se dio en Barracas, Flores y Retiro

El pico de mayor población en las villas se vivió en 1976, cuando el 7,2 por ciento de los porteños vivía en terrenos ocupados. Con la política de erradicación llevada adelante por la dictadura, la cantidad cayó al 1,2 por ciento. Sin embargo, desde la vuelta de la democracia, la tendencia se viene revirtiendo y en la actualidad el 5,6 por ciento de los habitantes vive en asentamientos precarios.

VILLA 21-24.
 

La Villa 21-24 de Barracas se encuentra delimitada por las calles Iguazú, Av. Amancio Alcorta, terrenos del CEAMSE (Coordinación Ecológica Area Metropolitana Sociedad del Estado), vías del ex Ferrocarril General Belgrano Norte, calle Luna y la costa del Riachuelo.
Sus terrenos fueron comprados al Estado Nacional hace 15 años por la Asociación Mutual "Flor de Ceibo-Villa 21". Sin embargo, como no se habría cumplido con las obligaciones contenidas en el boleto de compraventa, a la mayoría de los vecinos que abonaron las tierras no se les otorgó la escritura correspondiente.
Según datos de los censos, entre los años 1991 y 2001 la cantidad de personas alojadas en esta villa se incrementó un 30 por ciento. En los últimos 10 años esa población trepó otro 50 por ciento, por lo que en la actualidad la habitan unas 30.000 personas.
Según la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, al estar ubicada a la vera del Riachuelo, existe un serio riesgo ambiental y sanitario que padece la población infantil: más del 80 por ciento de los menores que residen en la 21-24 padece algún tipo de parasitosis intestinal.

VILLA 1-11-14
 

El surgimiento de esta villa de Bajo Flores data de la década del 40 y, como la mayoría de los enclaves urbanos, se asentó en terrenos vacantes, inundables y contaminados.
La ocupación de estos terrenos fue progresiva y se caracterizó por la ausencia de planificación u organización previa. El golpe militar de 1976 tuvo una activa política destinada a su erradicación, mediante el uso de la fuerza pública, la intimidación y la amenaza, con lo que se impidió la construcción de viviendas nuevas.
A partir de 1983, comenzó el actual crecimiento poblacional en el que se pasó de 10 mil personas en 1993 a las 30 mil registradas en el último censo.

VILLAS 31 y 31 BIS

Estos asentamientos se ubican en el barrio de Retiro, sobre el corredor lindante con la Estación Terminal de ómnibus. El uso del terreno para viviendas se remonta a la década del 30, con la llegada de trabajadores portuarios y ferroviarios. A finales de los 50 había ya seis barrios internos y a inicios de los 70 había unas 16.000 familias asentadas.
En 2006, en terrenos anexos privados y estatales, se constituyó la Villa 31 bis. Según el último censo, hoy hay asentadas unas 26 mil personas.