Fue esclavizada durante ocho años en Austria

Salieron a la venta las memorias de Natasha

La chica decidió no revelar los detalles sexuales de su cautiverio en un pequeño sotano. La madre también la torturaba.

Viena- El relato autobiográfico de la infancia robada de la austríaca Natascha Kampusch, titulado 3.096 días y que hoy salió a la venta, narra los ocho años de horror que sufrió secuestrada en un pequeño sótano a merced de Wolfgang Priklopil, un admirador de Hitler que la hambreaba, le pegaba y tuvo sexo con ella.

Antes de centrarse en el rapto -el 2 de marzo de 1998 en una calle de Viena cuando iba al colegio-, las páginas iniciales describen los maltratos de su madre, que la abofeteaba sin motivo y le espetaba un "algo habrás hecho".

El retrato del "secuestrador", como denomina a Prikopil, es lapidario: paranoico, capaz de pasar de la cordialidad a la ira en un segundo -"me golpeaba por cualquier nimiedad"-, con tendencias sadomasoquistas y obsesionado por la limpieza y el orden.

En ese afán de lograr un control absoluto sobre la rehén, le racionó la comida y la electricidad, a la vez que instaló toda clase de aparatos para vigilarla (incluso debía ducharse ante él).

Seis meses después del rapto pudo subir por primera vez a la vivienda, donde el dueño de casa buscó "aniquilarle" la identidad y empezó a llamarla Bibiana.

A los 14 años, pernoctó por primera vez fuera del sótano: "Me ató a su cama con unos cables". Sin embargo, no devela si fue forzada a mantener relaciones sexuales: "Es la última esfera de mi vida privada que quiero preservar".

FRASES

* "Me frotaba como si fuera un coche, me cuidaba como si fuera un electrodoméstico".

* "Me rebelé contra él a los 15 años. Me miró con sorpresa y un poco asombrado cuando le pegué en el estómago".

* "Varias veces pensé en suicidarme, pero mis ansias de vivir fueron más fuertes".

* "En múltiples oportunidades salimos de la casa y una vez hasta atravesamos un control policial de tránsito. Traté de comunicarme con el agente haciéndole señas con los ojos, pero no me entendió".

* "Siempre tenía que trabajar medio desnuda, era una de las formas de humillarme. Me privaba de alimentos y me gritaba "gorda y fea".

* "Me rasuró totalmente la cabeza porque consideraba cada pelo un peligro, capaz de ser utilizado por los investigadores para localizarme. A los 22 años me permitió volver a tener cabellera, aunque debí teñirme para satisfacer la imagen de su mujer ideal, "rubia platinada, obediente y laboriosa".

 * "El día de la fuga aproveché que se alejó durante una conversación telefónica. Salí del jardín y me topé con tres personas que se negaron a prestarme siquiera un celular. Después ingresé al hogar de una vecina y al contarle mi odisea, sólo se preocupó por decirme que no le pisara el césped". (AP y EFE)