POR WALTER MOLANO *
Una de las sorpresas del siglo XXI fue la recuperación del mercado de materias primas. Después de entrar en declive en la segunda mitad del siglo XX, los precios de las materias primas se dispararon cuando China y la India se reincorporaron a la economía mundial.
El punto de inflexión ocurrió en 2001, cuando China se unió a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Muchos analistas y gobiernos fueron escépticos al principio sobre la recuperación. En el pasado, los auges de las materias primas habían sido efímeros, y por eso muchos estados resolvían ahorrar la ganancia extraordinaria en vez de gastarla. Eso resultó fortuito, ya que permitió que los gobiernos estuvieran preparados para la restricción crediticia que iba a aparecer hacia el fin de la década.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la gente empezó a aceptar los cambios estructurales creados por la reincorporación de China y la India, además del efecto permanente que tendría en los mercados de commodities.
Esto insufló nueva vida a muchos mercados emergentes y habilitó a varios gobiernos a aumentar el gasto. Tras dejar de estar trabados por la pobreza, una incipiente clase media surgió rápidamente en América latina, Asia, la ex Unión Soviética o incluso en partes de Africa. Muchos suponen ahora que los precios de las commodities seguirán creciendo y producirán una era interminable de riqueza y prosperidad para los productores de recursos naturales. Lamentablemente, se tiende a olvidar que lo que sube tiene que bajar, y que a cada auge le sigue su depresión.
DE LITIO Y BANANAS
Una de las características intrínsecas de la producción de materias primas es que las barreras de entrada son relativamente bajas. Los recursos naturales están dispersos aleatoriamente por todo el planeta, y la demanda de materias primas sube y baja debido a factores totalmente inesperados. De la noche a la mañana un mineral o planta inútil puede tornarse tremendamente valioso.
Por ejemplo, las salinas de Uyuni, una superficie yerma de tierras inhóspitas en Bolivia, contiene uno de los mayores depósitos de litio, ingrediente clave en la producción de baterías de autos. Con la proliferación de autos híbridos, la demanda de litio está superando a la oferta, lo que implica que Bolivia se encontrará pronto con miles de millones de dólares de ganancia imprevista.
Lo mismo pasó con las bananas hace un siglo. Henry Meiggs, un emprendedor estadounidense, se encontró inesperadamente con 325.000 hectáreas de bosques tropicales que el gobierno de Costa Rica le dio a cambio de terminar una concesión ferroviaria tras suspender el pago de la deuda. El único producto que crecía allí era la banana y, desesperado por recuperar su inversión, Meiggs empaquetó la fruta y la mandó a Estados Unidos, donde fue rápidamente devorada. Lo demás es historia, así como el comienzo de un episodio oscuro para la mayoría de los países productores de bananas.
El petróleo fue otro producto inútil que se volvió valioso de un día para otro. No obstante, así como las materias primas se vuelven queridas, también pueden perder su atractivo. Los depósitos de salitre de Chile perdieron valor durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los científicos alemanes inventaron nitratos sintéticos que podían reemplazar el salitre en la producción de pólvora. Algo similar ocurrió con las plantaciones de caucho. Además, la falta de coordinación entre productores y el hecho de que los tiempos suelen alargarse no hace más que contribuir a la inestabilidad de precios. La razón es que los desequilibrios entre la oferta y la demanda desatan bruscas oscilaciones en los precios.
Aunque la demanda de materias primas generada por China y la India es impresionante, hay una marejada de otros productos en la lista de espera. Se están excavando nuevas minas en América central, Africa, Australia y Sudamérica que desatarán un diluvio de metales como el cobre, zinc y el mineral de hierro. Por lo demás, China se está aproximando al final de su auge de la construcción. De ahí que la demanda implacable de metales podría apagarse pronto.
¡CUIDADO ARGENTINA!
También se avecinan cambios en otros sectores. Una revolución silenciosa en la industria agrícola está por modificar el paisaje mundial. La producción agrícola en Rusia se está acelerando, y se presume que a fines del decenio superará a Estados Unidos como el principal exportador de trigo. Una tendencia similar sucede en Ucrania. Muchos agrónomos tiemblan ante lo que pasará con los mercados mundiales de granos cuando China finalice la descolectivización de sus granjas. La producción subirá geométricamente, impulsará la oferta y reducirá los precios. Por último, nuevos yacimientos en aguas profundas suman oferta petrolera en el mismo momento en que los cambios tecnológicos deprimen la demanda.
De ahí que podría ser prematuro suponer que los precios de las materias primas seguirán subiendo indefinidamente. La reincorporación de China y la India ayudó a estimular la demanda de recursos naturales, pero los cambios tecnológicos y la oferta adicional podrían atemperar ese auge. Incluso podría desatar una depresión de las commodities, en caso de que tome desprevenidos a inversores, gobiernos y empresas.
Lamentablemente, la lección esencial de los auges y los fracasos suele olvidarse cuando un activo se dispara a la estratósfera.
* Economista de BCP Securities.