EL CIRQUE DE SOLEIL PROFUNDIZA LA VETA TEATRAL SIN DESCUIDAR LAS DESTREZAS
El gran show contemporáneo
Ficha técnica:
Quidam. Por el Cirque du Soleil. Fundador: Guy Laliberté. Dirección: Franco Dragone. Dirección creativa: Gilles Ste-Croix. Escenografía: Michel Crete. Diseño de vestuario: Dominique Lemieux. Composición y dirección musical: Benoit Jutras. Coreografía: Debra Brown. En Complejo al Río, Laprida y Bartolomé Cruz, Vicente López.
El tercer espectáculo que la compañía canadiense Cirque du Soleil trae al país (después de "Saltimbanco", en 2006, y "Alegría", en 2008) es, en realidad, el noveno de su cosecha y fue estrenado en 1996. Una vez más, la propuesta recupera la estética del circo contemporáneo, sin animales, con música en vivo y un tratamiento eminentemente plástico de la imagen y las evoluciones de los artistas.
Sin embargo, quienes hayan visto las puestas anterior notarán esta vez un giro aún mayor hacia lo teatral, que en el tránsito ha llevado al Cirque... a resignar algo del impacto (y con él, del asombro) al que nos tenía acostumbrados, sin que esto le reste méritos al resultado final.
Zoe es la niña tierna que da origen a este cuento, que tiene en cierta desatención de los padres su punto de partida. Embargada por el desánimo, la joven se atreve a soñar un mundo de fantasía, lleno de seres mágicos y libres, aunque también de riesgos y desafíos. En ese camino hacia las ilusiones se irá cruzando con cada uno de los personajes que, a través de números circenses, con pericia y valentía, la acompañarán hasta recuperar el afecto de los suyos.
Los números son, en su mayoría, los tradicionales en el género, aunque llevados al límite de la destreza humana y reinterpretados de un modo muy poético, que las voces y la compacta línea de músicos se encargan de subrayar. Los máximos aplausos se los llevan cuatro jovencitas chinas que en el juego con diábolos (una suerte de carrete que lanzan por los aires) conquistan a grandes y chicos.
Hay también pruebas de equilibrio sobre unos pilares muy delgados, una rueda alemana que corta el aliento, malabares varios y un sorprendente cuadro masivo con cuerdas de saltar. La escena bautizada "La visión" es un sigiloso entrevero de cuerpos que adoptan posturas diversas, encarnado por una artista ucraniana y otro canadiense. La exigencia muscular a la que se somete la pareja supera, verdaderamente, el límite de lo creíble.
GRAN RIGOR TECNICO
Para las habilidades en altura, "Quidam" cuenta con un aceitado mecanismo de rieles que, por el modo preciso y silencioso en que se mueven las piezas, le aporta fluidez al armado. Las pruebas aéreas resultan todas atrapantes y son realizadas con refinamiento e inobjetable rigor técnico. Se suceden contorsiones con telas, sincronizados cuadros sobre aros y con cuerdas, donde los artistas ponen -literalmente- la vida en juego: en un único caso se observa un cable de seguridad.
Es el clown argentino Toto Castiñeiras el que, en dos pasajes muy festejados, quiebra adrede el clima denso y melancólico de la obra. En ambos casos cuenta con una activa participación del público. Es grande el riesgo que asume dado que lleva a sus partenaires a situaciones límite que bordean el ridículo, aunque con mucha cintura y dominio de la escena logra provocar hilaridad en la platea sin herir susceptibilidades.
