jueves, 11 de marzo de 2010 I Buenos Aires, Argentina
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Opinión
POR UN MUNDO SIN DROGAS
¿Números fríos?
22.09.2009 |
Por Federico De Arcos

Las lecturas de informes o estadísticas con muchos números suelen resultar fatigosas y agobiantes para el lector común que prefiere la prosa lineal, el valor de esas cifras y comparaciones claramente explicadas. No le falta razón a quien así lo prefiere o exija, pero los números son menos fríos cuando se los interpreta dentro de un tema que interesa particularmente, porque ayudan a descubrir, descifrar y, curiosamente, promueven la averiguación a la que el lector se siente invitado a hacer por esos mismos números que parecían poco cordiales.

El número es cada uno de los entes abstractos que forman una serie ordenada y que indican la cantidad de los elementos de un conjunto. El número tiene un valor absoluto -el de sí mismo- y otro relativo -según su ubicación respecto de otros números-, y por eso se nos aconsejó siempre no ser un cero a la izquierda del uno -01-, porque no tiene ninguna fuerza más que su propio valor, que caprichosamente podríamos otorgarle los sinónimos ninguno, nadie, nada o nulo, etcétera. Pero un cero a la derecha del uno o número de inicio de la serie natural a la que pertenece -10- ya cambia de valor, porque su relación o ubicación respecto del uno no sólo varió sino que aumentó su poder. Un 10 tiene más calor y color que un 01.

Esta lectura fría es la que propusimos durante varios martes con las cifras dadas tanto en comparaciones sueltas como en estadísticas igual y rigurosamente elaboradas en los informes de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes -JIFE- y el Informe Mundial sobre Drogas de la Oficina Contra la Droga y el Delito -UNODC-, dos entes de las Naciones Unidas, para que el lector tenga un confiable panorama sobre la situación mundial en materia de adicciones, tráfico ilícito de estupefacientes, cuáles son las drogas históricamente más usadas y cuáles son las nuevas que se están sumando al mercado ilegal con un diseño sintético, de laboratorio. Ambos informes se dieron a conocer completos en lo esencial que al público más le interesa o necesita saber sobre las drogas, pero porque trabajos tan importantes como estos dos no fueron difundidos con la amplitud que merecían. Se tomaron las cifras altisonantes, más, ¿de qué vale tanto ruido si no se sabe con qué se lo produce ni qué efectos y orígenes tienen?

La estadística no es un manejo antojadizo de números sino una ciencia que utiliza conjuntos de datos numéricos a través de métodos científicos por medio de los cuales podemos recolectar, organizar, resumir, presentar, analizar, comprender y hacer que todo ello se comprenda, mediante esos datos numéricos relativos a un conjunto -de individuos, sucesos u observaciones por ejemplo- y que nos permitan extraer conclusiones válidas y efectuar decisiones lógicas -conclusiones o el enfoque de nuevos estudios estadísticos- basadas en dichos análisis. Es la disciplina que tiene por objeto el estudio de los fenómenos que se presentan en grandes números y en situaciones complejas.

Quienes tenemos la manía de guardar papeles con datos novedosos y que desde hace muchos años estudiamos esos números fríos de antaño, tomamos por caso la década del "80, cuando los informes anuales de la JIFE y de la UNODC, casi ignoraban, cuando ya teníamos con letras notables -aunque todavía no mayúsculas y con números calientes como los de hoy- el problema cuasi epidémico de las adicciones y se sabía oficialmente que el narcotráfico movía en el mundo unos U$S 600.000.000.

La Argentina no aparecía expresamente, citada, pero sí podía leerse a contraluz que estaba incluida implícitamente en los guarismos correspondientes a América del Sur. Los nombres de los países que predominaban eran Colombia, Perú, Bolivia y, en menor medida, Paraguay. En la década siguiente en los "90, comienza a despuntar nuestro país, pero con poca fuerza, como asomándose a un escenario en el que sí aparece desde el 2000, hasta -como el lector lo ha advertido en los dos informes de las Naciones Unidas- ser en ese bienio un significativo protagonista, sobre todo, en tres aspectos sobresalientes: país altamente consumidor, puerto ya inocultable de salida de drogas diversas hacia Europa, en especial, y a los Estados Unidos, y como traficante o contrabandista de precursores químicos, saltando la efedrina como una elegante figura central en el ballet del narcotráfico transnacional.

La Argentina pasa a ser entonces, no sólo parte activa de América del Sur, sino de la América Sur-Sur. Los dos informes de las Naciones Unidas nos dan fehacientemente la ubicación en el mundo que siempre nos preguntamos cuál es y del que dudamos ponderablemente cuando se exagera o minimiza un fenómeno que trasciende el mundo del delito para influir notablemente en el de la economía y la política de los países.
 

 

 

 

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