Adversarios, no enemigos

¡Diario El Tiempo, Venezuela

Los hechos violentos no dejan ningún tipo de ganancia. Ya sea a favor o en contra del Gobierno, el apelar a maneras brutas, traducidas en golpes, patadas y pedradas, es un paso más hacia el camino de la confrontación entre venezolanos.

En este país, en el que las guerras religiosas son nulas, la violencia deportiva es poco visible, y hasta en momentos del bipartidismo más recio, verdes y blancos sabían respetar las discordancias, se busca hacer creer que la violencia es la única salida.

La izquierda creció en esta nación en la que dejaba escuchar su voz en todos los ámbitos de la vida pública, llámese Congreso, medios de comunicación, teatro o universidades. Lo hacía como parte normal del juego democrático. Visitaba los medios a cada rato para dar su opinión. Se cansó de hacerlo Chávez luego del golpe de Estado del 4 de febrero. Lo hicieron todos.

Paradójico que quienes ayer necesitaron de los medios, busquen hoy coartar la libertad de expresión, y más incongruente es que utilicen las formas agresivas para tratar de imponerse. Estas maneras de actuar hay que rechazarlas tajantemente. Nadie quiere guerra fraticida, nadie puede tener su conciencia tranquila cuando apuesta a destruir.

En estas manifestaciones, los poderosos del Gobierno ponen sus voces, y sus seguidores el pellejo. Estos últimos le hacen el juego a la nueva oligarquía que maneja la nación. Al final de la jornada de manotazos, botellazos y consignas, vuelven al mismo barrio y a esquivar las mismas balas que Presidente, ministros, diputados, gobernadores y alcaldes ni imaginan.

Que la gente sienta ganas de manifestar su desacuerdo con el cierre de emisoras por parte del Gobierno, es un derecho; que los que piensen distinto arremetan en cayapa contra los primeros es un abuso, y un abuso de poder, pues cuentan con el apoyo del Gobierno nacional. Es un abuso mayúsculo; que lo digan los defensores de los derechos humanos que abundaban antes, cuando éramos adversarios más no enemigos.