El Nobel de Literatura se lo llevó el francés Le Clezio
El presidente Nicolas Sarkozy saludó con un inmenso orgullo el premio y felicitó al escritor. Se convirtió en el décimocuarto francés que recibe el galardón. Sus temas favoritos son el exilio, la memoria, la ruptura de la juventud y el conflicto cultural.
El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, flamante ganador del Premio Nobel de Literatura, fue largamente elogiado por una obra consagrada al exilio, la nostalgia de los mundos primitivos y la exploración de la infancia en títulos como "Desierto" o "El africano".
La Academia Sueca describió en su fallo a Le Clézio como un "autor de nuevas experimentaciones, aventuras poéticas y de sensual éxtasis, explorador de una humanidad dentro y fuera de la civilidad imperante".
Tras conocer la noticia, el escritor se declaró "muy emocionado" por el premio en una entrevista concedida a la radio pública sueca: "Es un gran honor para mí", indicó.
Por su parte, el presidente francés Nicolas Sarkozy, saludó con un "inmenso orgullo" el premio otorgado a Le Clézio, al que dirigió sus "más calurosas felicitaciones en nombre de todos los franceses por la recompensa más prestigiosa que un escritor puede recibir, y que honora Francia, la lengua francesa y la francofonía".
El escritor, quien se convirtió hoy en el décimocuarto francés en ser distinguido con el Premio Nobel de Literatura, es un ecologista enamorado de la cultura amerindia cuya obra ha sido elogiada a la par de la de su compatriota Albert Camus.
La carrera literaria de Le Clézio comenzó súbitamente en 1963, cuando con sólo 23 años obtuvo el Premio Renaudot (compitiendo nada menos que con "La ciudad y los perros", de Mario Vargas Llosa) con su novela "El atestado".
Traducidas al castellano -pero inhallables hoy- llegaron "El diluvio y La guerra", así como "Viajes del otro lado" (publicada en Uruguay), "Mondo y otras historias" (Eudeba), "Desierto y Onitsha" (Debate), "El buscador de oro", y "La cuarentena" y "El pez dorado" (ambas publicadas por Tusquets).
También hay traducciones de libros suyos de corte antropológico, como "El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido", y uno biográfico sobre Diego Rivera y Frida Kahlo.
En casi un centenar de obras, Le Clézio desarrolló un lenguaje fulgurante que rastrea las misteriosas conexiones entre el hombre y la naturaleza: sus textos son muchas veces apasionados y dolorosos enfrentamientos con las civilizaciones comercializadas e industrializadas y sus propias raíces personales.
"Yo creo que la novela francesa no es, como suele pensarse, autobiográfica sino autoerótica: hay una especie de encerramiento en el autoerotismo, como si no existiera el otro. La ficción es el camino para escapar al peligro de enamorarse de uno mismo, da lugar al otro, que no es el infierno, como decía Sartre, sino el paraíso", aseguró el año pasado durante una visita a la Argentina.
Le Clézio había llegado a Buenos Aires para presentar dos obras: "Urania" -publicada por El Cuenco de Plata- y "El africano", que lanzó el sello Adriana Hidalgo y rastrea la historia de su niñez y la lucha de su padre por los nativos en el Africa colonial.
La novela, centrada en el relato de esos años entre Africa y Niza, retrata a su padre con un estilo austero que traduce en palabras el temple y las acciones de ese hombre al que llegó a entender cuando ya era tarde.
"Hoy existo, viajo y me he arraigado en varios lugares. Sin embargo, a cada instante me siento traspasado por el tiempo de otra época. No sólo esta memoria de niño, la memoria del tiempo que precedió a mi nacimiento", escribe en "El africano", que incorpora las palabras a un intenso recuerdo sensorial pero todavía no verbal pues "cuando se es niño no se usan palabras (y las palabras no están usadas)".
La estancia de Le Clézio a la Argentina también incluyó la presentación de "Urania", que bajo la traducción al castellano de Ariel Dillon cuenta como anécdota jugosa su convivencia durante tres años con una tribu indígena de Panamá.
La del año pasado no fue sin embargo la primera vez que el escritor visita el país, ya que 1983 asistió casi de incógnito a una mesa redonda titulada "¿Qué es la creación?", en la que leyó historias junto a los otros expositores (Marcos Aguinis, Luis Gregorich y Sergio Sinay).
El tema central de la obra de Le Clézio se ha ido orientando cada vez más hacia la exploración del mundo de la infancia y hacia la historia de su propia familia.
Bajo estas premisas escribió "Desierto", "Revoluciones" (2003) y también la mencionada "El africano" (2004), en la que trata algunos de sus temas favoritos, como el exilio, la memoria, la ruptura de la juventud y el conflicto cultural.
Entre sus últimas obras se destaca "Ballaciner" (2007), un ensayo profundamente personal sobre la historia del arte cinematográfico y sobre la importancia del cine en su propia vida.
Un sondeo para la revista francesa Lire lo designó en 1994 como el "el más grande escritor de la lengua francesa", por delante de Julien Green. Jean Marie Gustave Le Clézio dijo entonces: "Yo habría puesto a la cabeza a Green".
