Son demasiados los que todavía creen que la antítesis de la salud mental es la locura. Y esto sucede pese a que desde hace varios años el concepto de "salud mental" ha adquirido un significado más amplio, que pone de manifiesto que un gran número de personas carecen de esa salud, aunque no estén "locas".
"La salud mental no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Es un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad", según lo define la Organización Mundial de la Salud (OMS).
No obstante, en la mayoría de los países parece primar un desconocimiento generalizado respecto de esta concepción, lo cual da lugar a una situación alarmante: "Uno de cada cuatro pacientes que asisten a un servicio de salud tiene al menos un desorden mental, neurológico o de comportamiento, pero la mayoría de estos desórdenes no son diagnosticados ni tratados", destaca la OMS.
La depresión encabeza la lista de las principales manifestaciones de la enfermedad mental, ya que afecta a 154 millones de personas, de acuerdo con las estadísticas de 2002 difundidas por la OMS. Otras condiciones que con frecuencia atentan contra la salud mental son la ansiedad, los cuadros de fobia, la angustia y los ataques de pánico.
La institución hace hincapié en que la problemática debe ser un tema de abordaje prioritario, sobre todo porque las personas con trastornos mentales suelen ser objeto de aislamiento social, tener una mala calidad de vida y presentar tasas de mortalidad más elevadas. De hecho, 877.000 personas en el mundo mueren por año a causa de un suicidio.
Visto desde otro ángulo, el panorama resulta aún más preocupante: el suicidio se puede prevenir, pero "cada 40 segundos una persona se suicida y es una de las principales causas de muerte entre los adultos jóvenes", subraya la OMS.
Las estimaciones del organismo internacional reflejan que "más del 75% de las personas que sufren desórdenes mentales son privadas del tratamiento y cuidado necesarios" y que la mayoría de los países destina menos del 2% del presupuesto de Salud a la salud mental.
"Una de las barreras para un tratamiento efectivo de la enfermedad mental es la falta de reconocimiento de su seriedad y una falta de entendimiento sobre los beneficios de los servicios dedicados a su atención", señala la OMS.
Es por eso que en el Día Mundial de la Salud Mental -que se celebró el viernes último- la OMS lanzó un programa que pretende aumentar los fondos y mejorar los servicios para atender las enfermedades mentales en los próximos seis años.
"El Programa de acción para superar las brechas en salud mental ofrece a los planificadores de salud, a las instancias normativas y a los donantes un conjunto claro y coherente de actividades y programas para ampliar la atención de los trastornos mentales, neurológicos y por abuso de sustancias", afirma la entidad.
En ese sentido, la doctora Margaret Chan, directora general de la OMS, manifestó: "Los gobiernos del mundo deben ver la Salud Mental como un componente vital de la salud primaria. Debemos cambiar la política y la práctica. Sólo entonces podremos obtener los servicios esenciales de salud mental para aquellos que los necesitan".
DIAGNOSTICO LOCAL
La Argentina no está ajena a las tasas mundiales de incidencia y prevalencia de los trastornos de la salud mental. Así lo confirmó en una entrevista con La Prensa el doctor Roberto Ré, profesor universitario en Medicina y presidente de la Red Sanar, una ONG abocada a la prevención y asistencia de trastornos de ansiedad, estrés, fobia, pánico y depresión.
"Hoy en día sabemos que el riesgo de tener algún trastorno vinculado a la ansiedad oscila entre el 28% y el 30% de la población general en el mundo, mientras que el riesgo de contraer trastornos depresivos en cualquiera de sus formas, uni o bipolar, es de entre un 12 y un 15%", enfatizó Ré.
"Aunque no hay datos estadísticos certeros -prosiguió-, se sabe que entre un 10 y un 12% de las personas tiene algún tipo de problema grave con el alcohol o las sustancias. Si a esto le agregamos los trastornos cognitivos -que tienen una alta incidencia en la población general como sucede con el Alzheimer-, estamos realmente ante un problema epidemiológico significativo". Sin embargo, tal como lo advierte la OMS a nivel internacional, en el país no hay una inversión en salud mental que demuestre un esfuerzo por cambiar este escenario.
"Los Estados provinciales y el Gobierno Nacional, a través de sus servicios de Salud, cubren la salud mental muchas veces a déficit porque los pacientes tardan meses en conseguir un turno y porque los servicios están colapsados en cuanto a su posibilidad asistencial", aseguró el presidente de Red Sanar.
Por su parte, el doctor Eduardo Grande, presidente de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), subrayó la necesidad de comprender cuáles deben ser los parámetros para determinar si una persona goza o no de salud mental y el rol fundamental que tienen tanto el Estado como la sociedad para posibilitar la prevención y el tratamiento adecuados. "Cuando hablamos de salud mental, no hablamos específicamente de patologías, no hablamos de enfermedad, de esquizofrenia, psicosis o neurosis; hablamos de un bienestar, del bien vivir, de tener una calidad de vida adecuada, para lo cual se necesita el compromiso no sólo de la familia, de la escuela, de las personas sino también un medio adecuado desde lo político y social", explicó el experto.
Al igual que el doctor Ré, Grande consideró que "la salud mental en la Argentina está en plan de organización desde hace muchísimos años, pero todavía está muy carente de planes que cuenten -desde lo político y lo económico- para una solución definitiva de este problema".
ANSIEDAD Y DEPRESION
Ambos profesionales coincidieron en que la depresión y los trastornos de ansiedad ocupan los primeros lugares entre las afecciones mentales de mayor prevalencia.
Según admitió Ré, estas patologías experimentaron en los últimos 20 años un significativo aumento en su incidencia y, en opinión del profesional, esto se debe a una falta de educación sobre cómo responder ante ciertos estímulos de presión.
Y es que "la reacción respuesta de las personas frente al estrés va a condicionar que la persona tenga una reacción-respuesta saludable o insalubre, y esto dependerá de la valoración de la reacción-respuesta fisiológica y cognitiva y de la educación que tenga la persona para hacer frente a las vicisitudes", sintetizó el especialista.
"Nos está faltando una materia -indicó Ré-, que es la psicoeducación y que nos permite incorporar criterios e iniciativas para enfrentar las situaciones de vulnerabilidad o de vicisitud, generadas por las constantes del mundo de hoy".
Para explicar en qué consiste la "psicoeducación", el presidente de Red Sanar precisó que ésta se basa en los cuatro pilares primordiales de la educación: conocer, hacer, ser y ser con otros.
"El paciente debe conocer el origen, las causas y las consecuencias de las enfermedades, incluyendo los síntomas. En segundo lugar, debe saber qué hacer con eso a través de talleres donde pueda comenzar a reestructurar su estilo de vida, su pensamiento, su conducta y sus emociones. Tercero, el paciente tiene que ser protagonista de lo que le ocurre, aceptando que muchas veces puede haber una vulnerabilidad genética familiar -como un trastorno bipolar- y que a su vez tiene que conocer y ejercitar pautas para el comportamiento saludable". "El cuarto pilar es la convivencia con otros -añadió-. El estímulo negativo que una persona puede ejercer sobre otra y la reacción-respuesta negativa desadaptativa que una persona tiene en función de no tener los parámetros educativos necesarios para dar una respuesta asertiva, educada, tranquila, le va a perjudicar y le va a hacer "saltar las térmicas" que tienen sus sistemas biológicos, psicológicos y emocionales, tanto ancestrales como modernos, propio del hombre actual".
EDUCACION Y OCIO
Entre los beneficios de la psicoeducación, Ré mencionó que ésta permite acortar el sufrimiento de las enfermedades cuando ya están establecidas, mejorar la calidad de los tratamientos e incorporar la conciencia y la responsabilidad tanto social como familiar en la co-participación de las enfermedades, para aliviar los síntomas y hacer progresar -a través de redes de contacto- la situación del paciente.
"La psicoeducación ayuda a cosmovisionar la situación, porque a muchas personas le ocurren cosas y no saben qué les está ocurriendo; tienen un ataque de pánico y lo confunden con una crisis cardíaca. No saben que es un trastorno vinculado a la ansiedad", remarcó el psiquiatra, al tiempo que agregó: "Por eso es tan importante desestigmatizar la locura como paradigma clásico de la salud mental a través de la psicoeducación".
El presidente de la AASM reconoció, en tanto, que cuidar la salud mental se convierte por estos días en una misión difícil de lograr. "En las empresas hay una presión permanente; la gente que tiene una relación de dependencia está sometida a un acoso laboral permanente en la producción y en el tener que hacer y resolver las cosas en el día. Esa presión le va generando estrés", describió Grande.
Ese estrés -en palabras del experto- es "la psicopatología de la vida cotidiana más importante, porque después desencadena un cuadro depresivo, una angustia, una fobia, o una obsesión".
Para disminuir los niveles de estrés a los que se somete la mayoría de la gente, Grande recomendó el ocio, el deporte, las caminatas y los momentos de relajación muscular. Asimismo, dijo que también ayuda el hecho de "convivir de una manera diferente con la familia e integrarse con sus pares; poder charlar todo lo que nos pasa con los familiares o con los amigos es la mejor manera de enfrentarse a los problemas de la salud mental, es decir, de luchar contra el estrés propio de las grandes ciudades".
Ante aquellas situaciones que generan incertidumbre, malestar y preocupación -tales como las que experimenta el sistema financiero mundial-, Ré opinó: "Las crisis nos afectan a todos y todos juntos tenemos que contribuir a la homeostasis del circuito a través de una conciencia ciudadana responsable, que nos permitirá hacer algo a favor del sistema dañado en cada uno de los sistemas ecológicos alterados".
En ese sentido, calificó al individualismo como el peor enemigo de la salud mental. "No somos seres solitarios, sino que estamos congregados y en la medida que uno quiera ser solo, es altamente probable que esté mucho más expuesto a las vulnerabilidades", detalló.
De modo que educarse sobre los distintos trastornos que pueden afectar la salud mental; dedicar un tiempo prudente al esparcimiento, el ejercicio físico y la diversión; y ser concientes de la importancia de nuestro rol tanto dentro de la familia como de la sociedad, son las premisas que le ayudarán a alcanzar el bienestar. En los tiempos que corren, cuidar la salud mental no es una tarea sencilla, pero queda claro que tampoco es imposible.