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Sanfilippo, un formidable goleador con aires de divo

El baúl de los recuerdos. El Nene fue un definidor implacable. Astuto, veloz, tenía el arco entre ceja y ceja. Figura emblemática de San Lorenzo, su ego era tan grande como su eficacia para anotar.

- Mirá Tano: anoche soñé que voy a hacerte dos goles, uno de entrada.

- Tené cuidado, enano, evitá que caiga encima tuyo porque te reviento como a una cucaracha.

El diálogo se produjo minutos antes del partido que San Lorenzo y Boca disputaron en El Gasómetro de avenida La Plata. Sus protagonistas fueron José Franscisco Sanfilippo, el goleador azulgrana, y Antonio Roma, el arquero xeneize. El delantero, pícaro, revoltoso, dueño de una confianza ciega y, sobre todo, un fanfarrón hecho y derecho, le avisó a su colega cuáles eran sus planes. El Nene, como lo conocían en Boedo, no prometió en vano: a los diez segundos de juego recibió un largo pelotazo y con un golpe de taco hizo pasar la pelota por encima de la cabeza del guardavalla y abrió el marcador. Así era Sanfilippo, un definidor formidable con aires de divo.

La escena se produjo en el 2-2 entre San Lorenzo y Boca del 12 de octubre de 1962, por la 20ª fecha del torneo. Sanfilippo, tan engreído como efectivo, le pidió a su compañero Elvio Capdevila que, no bien recibiera la pelota, lo buscara con un pase largo. El defensor cumplió la orden. El Nene corrió hacia el arco, notó que el balón le iba a quedar atrás y, rápido de reflejos, lo enganchó con el taco e hizo pasar de largo a Roma, quien salió decidido a aplastarlo, pero no lo logró. El Tano quedó desairado mientras el público local festejaba el gol.

Si bien Antonio Rattín y Alberto Mario González, Gonzalito, pusieron a Boca al frente, el delantero azulgrana cumplió su profecía y sentenció el definitivo 2-2. Cuando faltaban poco menos de 20 minutos, batió por segunda vez a Roma con un disparo desde el punto penal. No quedaba resquicio alguno para la duda: era un hombre de palabra Sanfilippo. También quedaba demostrado que su capacidad para definir en el mano a mano con un arquero se antojaba tan inmensa como filosa era su lengua a la hora de provocar a los rivales.

El golazo de taco a Antonio Roma.

Ese año no terminó bien para el insaciable goleador. Capitán y figura indiscutida de San Lorenzo, criticó a los dirigentes, quienes, hartos de sus desplantes, decidieron suspenderlo por dos fechas. Las últimas. Sanfilippo llevaba 23 tantos en 27 partidos. Compartía la cima de la tabla de artilleros con Luis Artime, de River. El atacante millonario sumó dos festejos más en la jornada final y relegó al Nene, quien, envuelto en un ataque de furia, se despidió ese mismo año del club y se fue a Boca.

Sanfilippo no les perdonó jamás esa decisión a los dirigentes, pues le impidieron consagrarse máximo goleador de un torneo por quinta vez consecutiva. El Nene fue el líder de la tabla de anotadores en 1958 (con 29 conquistas en 29 partidos), 1959 (31 en 30), 1960 (34 en 30) y 1961 (26 en 24). Solo Diego Armando Maradona, nada más y nada menos que Diego Armando Maradona, lo superó al terminar como máximo definidor de los certámenes Metropolitano de 1978, Metropolitano y Nacional de 1979 y Metropolitano y Nacional de 1980.

Cuando se incorporó a Boca, su presencia en la Ribera sacudió al fútbol argentino. Era una estrella de un brillo fulgurante que se sumaba a un equipo habituado a contar estrellas en formas de campeonatos. Su presencia fue clave para que los xeneizes accedieran a la final de la Copa Libertadores, pero ni Sanfilippo alcanzó para que los auriazules interrumpieran el reinado del Santos de Pelé, que se quedó con su segundo título consecutivo en 1963.

En Boca, al lado de Paulo Valentim. Contra su voluntad, debió abastecer de juego al brasileño.

La estancia del Nene en Boca estuvo dominada por las polémicas. El técnico era Aristóbulo Deambrossi, un expuntero de River, pero las órdenes las daba Adolfo Pedernera, una suerte de mánager en tiempos en los que esa función todavía no era tan común. El Mono y El Maestro no aceptaban la insolencia de Sanfilippo, quien se quejaba una y otra vez de que la dupla que tomaba las decisiones lo relegara a la función de enganche. El centrodelantero titular era el brasileño Paulo Valentim, otro excelente definidor. El Nene tragó saliva y jugó en la posición que le indicaron, pero estaba listo para estallar en cualquier momento.

La oportunidad se presentó en la Copa Jorge Newbery, un torneo preparatorio para la temporada de 1964. Deambrossi lo dejó entre los suplentes contra Vélez, en el debut, y luego frente a San Lorenzo. En el duelo con los azulgranas le indicó iniciar el calentamiento previo antes del final del período inicial. La reglamentación indicaba que solo se podía hacer cambios durante los primeros 45 minutos. Pasó ese tiempo y Sanfilippo no entró. Ofuscado, le asestó un puñetazo al DT, mientras le recriminaba que se había burlado de él. Y también insultó a Pedernera, quien estaba en el palco. Ese día se despidió de la Ribera.

Su siguiente paso lo dio en Nacional, de Uruguay. Allí, pese a que mantenía una tensa relación con el capitán Jorge Manicera, también fue decisivo para que los tricolores alcanzaran la final de la Copa Libertadores de 1964 contra Independiente. El Nene faltó a los choques con los de Avellaneda porque en un amistoso frente a Vasco da Gama sufrió una infracción del defensor Fontana que le provocó una fractura de tibia y peroné. Sanfilippo acusó al DT de los brasileños, Zezé Moreira, de haber ordenado que lo lastimaran porque le tenía envidia. Y, por supuesto, dijo que con él en la cancha, el título habría sido para los uruguayos.

Acudió al Mundial 58, pero no figuraba entre los favoritos del DT Guillermo Stábile.

Mucho antes había tenido problemas con Guillermo Stábile, el por entonces eterno técnico de la Selección. El Filtrador, máximo goleador del Mundial de 1930, lo llevó al Campeonato Sudamericano de 1957, en Lima, pero casi no le dio oportunidades para jugar. El DT, que dirigía al equipo albiceleste desde 1939, aceptó a regañadientes que lo obligaran a citarlo para la Copa del Mundo del 58 en Suecia. Sanfilippo no ingresó ni un minuto y en su lugar actuó Ángel Labruna, de casi 40 años. Siempre dijo que Stábile lo dejó al margen porque temía ser desplazado por El Nene como principal artillero argentino en ese tipo de certámenes.

Siempre polémico, su grado de petulancia alcanzaba proporciones épicas. Una vez, antes de un partido contra Lanús en 1961, el entrenador de San Lorenzo, El Toto Juan Carlos Lorenzo, le pidió que se ocupara de marcar a Héctor Guidi, un famoso centromedio granate. Sanfilippo, vanidoso como pocos, rechazó la orden: “Usted está loco. En Lanús desde hace dos meses no duermen pensando cómo marcar a Sanfilippo y usted me viene con esta pelotudez. ¡Olvídese!”. Los hechos le dieron la razón: los azulgranas ganaron 4-2 con tres tantos de su goleador.

SIEMPRE SE HIZO NOTAR

De físico pequeño y una apariencia que no permitía intuir que se estaba en presencia de un temible atacante, Sanfilippo se abrió paso en las divisiones inferiores de San Lorenzo. Se podría decir que El Ciclón siempre fue parte de su vida. Si hasta nació el 4 de mayo de 1935 en el Bajo Flores, en Saraza entre Lautaro y Bonorino. Cerca de allí, hoy se yergue El Nuevo Gasómetro. Sí, El Nene es un símbolo azulgrana y casi desde el momento en el que tocó una pelota se hizo notar.

Muy joven, a los 18 años, debutó en la Primera de San Lorenzo.

Tenía apenas 18 años cuando, el 15 de noviembre de 1953, le apareció la oportunidad de debutar en Primera División. Compartió la alineación que venció 1-0 a Newell´s en Rosario con Francisco Gerónimo; Raúl Martina, Oscar Basso; Oscar Resquín, Ubaldo Faina, Guillermo Leguía; Felipe Mesones, José Florio, Juan Benavídez -autor del gol - y Oscar Silva. No llamó demasiado la atención el delantero que usaba el 10 en la espalda, pero cuatro días más tarde dejó en claro que había llegado para que se hablara de él.

En su segundo partido como titular le hizo dos goles a Manuel Graneros en el triunfo por 4-0 sobre Banfield. Sin embargo, todavía era joven y no tuvo otra alternativa que esperar su turno detrás de Florio y Benavídez, dos atacantes más experimentados. En 1954 tuvo algo más de continuidad, ya que marcó cuatro tantos en nueve partidos, pero, sobre todo, dispuso de la inmejorable oportunidad de aprender al lado de René Pontoni, una gloria de San Lorenzo que había regresado al club para ponerle punto final a una brillante carrera que lo había entronizado como pieza clave del fantástico equipo campeón de 1946.

Ya en 1955 era titular indiscutido. ¿Cómo no iba a serlo si cada vez que tocaba la pelota la depositaba en el fondo del arco de los rivales que se cruzaban en el camino de San Lorenzo? Con 15 goles en 29 partidos ya inscribía su nombre entre los máximos anotadores del año: terminó quinto, con cuatro conquistas menos que Oscar Massei, de Rosario Central. Y brilló en la Selección argentina que, dirigida por el maestro Ernesto Duchini, se llevó el título en los Juegos Panamericanos de ese año, en México. Lideró la tabla de artilleros con nueve tantos.

Uno de sus tres goles a Antillas Holandesas en los Panamericanos de 1955.

Su primer contacto con el Seleccionado pareció pronosticar una larga y fructífera unión entre Sanfilippo y la camiseta celeste y blanca. Tanto es así que en su primer partido con el equipo principal, el 5 de diciembre de 1956, se presentó con un gol en el 2-1 contra Brasil por la Copa Raúl H. Colombo. Ingresó en el segundo tiempo en reemplazo de Ricardo Infante, de Estudiantes, y un cuarto de hora más tarde se hizo presente en el marcador. Aquí es necesario hacer una aclaración: la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) no considera oficial ese encuentro.

Stábile, el DT del representativo nacional, lo incluyó en el plantel que disputó el Campeonato Sudamericano del 57 en Perú. Argentina se lució en ese certamen y se llevó el título con un equipo fabuloso que quedó en el recuerdo como Los Carasucias de Lima. Todos los elogios fueron para la delantera integrada por Oreste Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Valentín Angelillo, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz. Sanfilippo arrancó como titular, pero perdió el puesto con El Cabezón Sívori. Su aporte a la espectacular campaña albiceleste fue un gol en el 4-0 contra Uruguay.

El Nene no recibió del entrenador ni de sus compañeros el trato preferencial que esperaba. Fue uno más y no estaba acostumbrado a ello, pues en San Lorenzo ya era una figura. En Boedo se lo respetaba, mientras que en la Selección su fuerte personalidad chocaba con la de otros pesos pesados como Néstor Pipo Rossi que no estaban dispuestos a soportar el descaro de un pibe de 22 años que daba sus primeros pasos en el fútbol. Entre los referentes del conjunto nacional poco importaba que esos pasos de Sanfilippo se antojaran bien firmes.

En el Sudamericano del 57 junto a Oreste Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Osvaldo Cruz.

IMPLACABLE

Después de haber escoltado al Mono Roberto Zárate, de River, en la tabla de goleadores del certamen de 1957, en el 58 apareció en todo su esplendor el Sanfilippo implacable al que ningún arquero podía resistírsele. A un infernal promedio de un tanto por fecha (29 en 29) se lució en un San Lorenzo que terminó segundo a tres puntos de Racing, el campeón. Ese año, El Nene forjó el primer eslabón de una cadena de cuatro temporadas consecutivas en la cima de la clasificación de artilleros de Primera División.

Le hizo tres a Tigre en un 5-0 (tenía el antecedente de un triplete en un aplastante 8-1 sobre Gimnasia un año antes), dos a River en un 4-2 en El Monumental, a Newell´s en 3-1 en el Parque de la Independencia, a Estudiantes en un 3-2, a Central Córdoba de Rosario en 2-0, a Argentinos en un 6-3, a Huracán en un 4-2, a Rosario Central en un caída por 3-2 y otros dos a Central Córdoba en un 2-1. Era insaciable.

Por supuesto a nadie se le habría ocurrido prescindir de un definidor letal como ese… Bueno… en realidad a Stábile tuvieron que convencerlo para que lo incluyera en el plantel argentino que concurrió al Mundial de Suecia. El técnico ya había tenido roces con el atacante azulgrana en el Sudamericano de 1957 y no deseaba revivir esas malas experiencias. Lo relegó a un rol de mero espectador mientras citaba de apuro a Labruna, un veterano de mil batallas que vivía su últimas horas con los pantalones cortos.

Héctor Facundo, Miguel Ángel Ruiz, Omar Higinio García, Sanfilippo y Norberto Boggio, la delantera del campeón de 1959.

Sanfilippo, irreverente, soberbio y sin pelos en la lengua, se atrevió a postular que Stábile temía que él redujera a la nada el récord de ocho goles en un Mundial que El Filtrador atesoraba desde Uruguay 1930. Esa guerra de egos alcanzó su punto máximo con los choques del Nene con sus compañeros. Las viejas publicaciones de la época daban cuenta de una pelea que dejó al relegado atacante con un ojo negro por una disputa saldada a golpes de puño.

Su revancha se trasladó al contexto local. En 1959 San Lorenzo, con El Nene como estandarte, se proclamó campeón con un equipo pleno de contundencia que le sacó siete puntos a Racing e interrumpió una racha de 13 años sin títulos. Encabezó la tabla de goleadores con 31 conquistas y se instaló como símbolo del conjunto que conducía técnicamente José Barreiro. Los atacantes Héctor Facundo, Miguel Ángel Ruiz, el talentoso Omar Higinio García, Sanfilippo y Norberto Baggio fueron determinantes en una alineación que se completaba con el arquero José Carrillo, los defensores Martina, Humberto Cancino, Norberto Schiro y David Iñigo y el mediocampista Guillermo Reynoso.

En ese certamen sumó tres goles contra Atlanta (4-0), Huracán (6-3) y Lanús (4-2 como visitante) y consiguió dobletes frente a Gimnasia (4-1), Estudiantes (3-3), Huracán (4-1), Central Córdoba (4-0) y Argentinos (2-1). “Lo de Sanfilippo fue una tarea de `corte Labruna´: en cada entrada la sensación de gol. En cada entrada el típico parate sorpresivo que hace pasar de largo al adversario y deja el franco tiro asomar”, escribió el célebre periodista Dante Panzeri en las páginas de El Gráfico.

Un gol a Bahia, de Brasil, por la Copa Libertadores de 1960.

La faena del Nene fue todavía más categórica en 1960, cuando sumó 34 goles en 30 encuentros. Cuatro de esas conquistas se registraron en un categórico 6-3 sobre Argentinos. Más allá de esos números, su trabajo contribuyó significativamente a que San Lorenzo tuviera un desempeño muy destacado en la Copa Libertadores de ese año, la primera de la historia. Formalmente hablando, se trataba de la Copa de Campeones de América, tal como se la denominaba en sus orígenes, pero estaba claro de qué competición se trataba.

Los azulgranas tejieron una campaña excelente en la que alcanzaron las semifinales contra Peñarol. Tras empatar 1-1 en Montevideo y 0-0 en Buenos Aires, los dirigentes de San Lorenzo aceptaron una oferta económica de los uruguayos para definir la serie en el estadio Centenario. Como locales en una cancha pretendidamente neutral, los carboneros se impusieron 2-1 y luego le ganaron la final a Olimpia, de Paraguay. Estaba claro que en Boedo no le otorgaban importancia a la incipiente Copa Libertadores…

Sanfilippo, que había marcado cinco goles -entre ellos uno a Peñarol-, encontró en esa determinación de los dirigentes un motivo más para enfrentarse con la comisión directiva. Les reprochaba cada decisión que, según su óptica, retaceaba las oportunidades de San Lorenzo de ganar. El Nene tenía un apetito voraz: por más que le importaba más hacer goles que cualquier título que se pudiera cruzar en su camino, no desdeñaba la oportunidad de celebrar un campeonato.

El Nene fue el máximo goleador del fútbol argentino en cuatro torneos consecutivos.

Aunque San Lorenzo no pudo seguirle el ritmo a Racing en el torneo del 61 que La Academia se llevó con siete unidades de ventaja, Sanfilippo volvió a ser el máximo goleador del año. Tripletes contra Gimnasia (4-1 para los azulgranas) y Los Andes (5-3) ratificaron la supremacía de esos días del Nene entre los delanteros del fútbol argentino. Doce meses después cedió el primer puesto de la tabla de artilleros a manos de Artime por la sanción impuesta por los dirigentes, cansados de sus constantes críticas, y esa fue la gota que rebalsó el vaso. Ya no había futuro para él en San Lorenzo.

Antes de su partida, dispuso de su última oportunidad mundialista. Luego de la desvinculación de Stábile, regresó a la Selección en 1959 y alcanzó rendimientos satisfactorias en la Copa América de ese año en Ecuador (su mejor labor incluyó tres tantos en un 4-1 sobre Brasil), en un amistoso contra España en el que hizo posible el triunfo por 2-0 y en las Eliminatorias para Chile 1962. Argentina apabulló en ese instancia 6-3 y 5-0 a Ecuador y tres de los goles fueron obra de Sanfilippo.

Con El Toto Lorenzo como técnico, la presencia del Nene en la ofensiva titular era indiscutida en la Copa del Mundo. La Selección cumplió un opaco papel y Sanfilippo, que fue titular en el 1-0 contra Bulgaria y la caída por 3-1 a manos de Inglaterra, en la que selló su despedida con un gol. Su ciclo en celeste y blanco, con varias intermitencias, abarcó seis años, 29 partidos y 21 tantos. En términos estadísticos el balance podría considerarse satisfactorio, pero su paso por el elenco nacional quedó más marcado por las polémicas que por las actuaciones rutilantes.

Su última vez con la Selección se dio durante el Mundial de Chile 62.

POLÉMICAS EN AZUL Y ORO

Su polémica partida de San Lorenzo derivó en una transferencia impactante para la época: Boca pagó 25 millones de pesos para tenerlo en sus filas. El presidente de la entidad de la Ribera, Alberto J. Armando, hacía mucho que deseaba contarlo en el equipo y se dio el gusto. Claro que ni el dirigente ni el goleador se imaginaron que la unión iba a ser tan breve. Intensa, pero breve.

Sanfilippo arribó a La Boca con su divismo a cuestas. Sentía que llegaba para exhibir las credenciales de despiadado atacante que lo habían hecho famoso en San Lorenzo. No contaba con que el técnico Deambrossi y Pedernera, el mánager que en realidad llevaba la voz cantante, tuvieran otros planes. Desde 1960, el goleador xeneize era Paulo Valentim y tanto El Mono como Don Adolfo no contemplaban la posibilidad de desechar a un jugador que le había dado al equipo 54 tantos en tres años. Eso significaba que El Nene tenía que resignarse a un rol secundario. ¡Justo él!

La relación se hizo tumultuosa. Sus principales características eran la inteligencia para ubicarse en el área y la sangre fría para definir, pero también poseía la suficiente claridad para retrasarse unos metros en la cancha y armar juego para otros. El problema, claro, radicaba en que no le gustaba jugar para otros. Sanfilippo era Sanfilippo y tenía luz propia. No estaba dispuesto a resignar protagonismo. Así y todo, se las ingenió para hacer siete goles en 20 partidos. Tres de esos tantos los consiguió en un 3-0 contra Gimnasia en La Plata.

Boca pagó una fortuna para contar con los servicios del Nene.

Se entendió a la perfección con Ángel Clemente Rojas, Rojitas, un fenómeno al que en 1963 le abrieron la puerta para salir a jugar, y con El Beto Norberto Menéndez, un veterano con pasado en River que rindió muy bien en Boca. Convivió con notables futbolistas como El Loco Corbatta y Ernesto Grillo… El equipo contaba con nombres importantísimos: Antonio Roma o Néstor Errea; Carmelo Simeone, José María Silvero, el brasileño Orlando, Silvio Marzolini; Rattín y Menéndez o Alcides Silveyra; Corbatta o Grillo, Rojitas o Valentim, Sanfilippo y Alberto Mario González…

Un gol del Nene definió el Superclásico de la penúltima fecha que le sirvió en bandeja el título a Independiente, en desmedro de los millonarios. El atacante la pasó mal cuando Boca pasó por Boedo: el público local, desencantado, lo trató mal, como si no le pudiera perdonar haberlo dejado. Era el jugador más importante de San Lorenzo y pisaba El Gasómetro con otros colores… El Nene se fue expulsado por un agresivo cara a cara con el defensor Alberto Mariotti y cometió la osadía de besar su camiseta. Siempre se arrepintió de ese gesto, fruto de la impotencia. Jamás habría deseado abandonar Boedo…

Lo mejor de Sanfilippo en la Ribera transcurrió durante la Libertadores del 63. Boca apostaba fuerte por esa competición. Pedernera, un visionario, había convencido a Armando de la trascendencia que el tiempo le iba a conferir a esa Copa que hoy desvela a todos los equipos argentinos y que en aquel entonces era mirada con cierto desprecio. La incorporación del Nene tenía relación directa con ese objetivo. Se despachó con tres tantos en la victoria 3-2 sobre Universidad de Chile y sentenció el 1-0 contra Peñarol.

Con este gol definió un Superclásico de 1963 y dejó a River fuera de carrera en la lucha por el título.

El último obstáculo era Santos, el equipo del formidable Pelé. Y contra la corte de O´Rei no se podía: los brasileños ganaron 3-2 en el Maracaná y 2-1 en La Bombonera. Sanfilippo fue el autor de todos los goles de Boca, pero ni la presencia estelar del Nene bastó para que los xeneizes hicieran realidad un sueño que recién se concretó mucho después, en 1977.

Nadie habría sido capaz de advertirlo, pero el 24 de noviembre de 1963, una semana después del triunfo 1-0 sobre River con gol de Sanfilippo, empezó a escribirse el final de la historia del exdelantero de San Lorenzo en Boca. Ese día el equipo del Mono Deambrossi se impuso a Atlanta gracias a un tanto del Nene. El final se precipitó con la participación de los xeneizes en la Copa Jorge Newbery de 1964, un certamen previsto como parte de la puesta a punto para la temporada oficial de ese año.

“Quiero jugar y no me dejan. No hay ningún motivo para que no me incluyan. Simplemente es un capricho de los técnicos. Especialmente del señor Pedernera. Pareciera que en Boca no admite más figuras que él. No es que me considere figura boquense. Aspiro a serlo algún día, pero comprendo que actualmente no lo soy. Pienso que los técnicos no tienen ningún derecho a dejarme sentado en el banco de suplentes, muriéndome de ganas de entrar y haciendo cumplir el triste papel de un payaso. Por eso cuando terminó el primer tiempo le dije a Deambrossi: `Lo felicito. ¿Está contento de no haberme puesto?´. Y cuando me contestó `nosotros hacemos lo que nos da la gana´, no pude contenerme y le pegué. Después me di vuelta y miré al palco donde Pedernera mira los partidos y le grité que saliera a dar la cara, que no siguiera trabajando en las sombras como lo hace siempre…”. El libro La Máquina, una leyenda del fútbol (librofutbol.com, 2021) recoge este testimonio con el que Sanfilippo explicaba cómo se dieron sus últimas horas en Boca.

Ratificó sus dotes de despiadado goleador en Nacional.

La furia del jugador por haber sido relegado al banco de suplentes en los partidos contra Vélez y San Lorenzo en ese certamen fue el capítulo final de la tirante relación que mantuvo con Deambrossi y Pedernera. Armando, el presidente, no tuvo otra alternativa que respaldar al entrenador y al director deportivo y, contra su propia voluntad, le mostró la puerta de salida al delantero que hacía años esperaba ver vestido de azul y oro.

El Nene armó las valijas y se incorporó a Nacional, de Uruguay. Fiel a su costumbre, sacó a relucir su impresionante poder de fuego y celebró 25 goles en 21 partidos. Una marca que no hacía más que confirmar que Sanfilippo era el Sanfilippo de siempre. Tenía diferencias con varios integrantes del plantel, pero todo eso pasaba a un segundo plano cuando entraba en la cancha y sometía a cuanto arquero se cruzara en su camino. Los tricolores se quedaron con el Torneo Cuadrangular de 1964 y avanzaron hasta la final de la Libertadores.

El atacante argentino había marcado dos tantos en el triunfo por 4-2 en la visita a Colo Colo, por las semifinales. Como preparación para el duelo por el título con Independiente, Nacional jugó una serie de amistosos que incluyó un duelo con Vasco da Gama. Una artera infracción del zaguero Fontana le causó una fractura de tibia y peroné que no solo lo dejó fuera de las finales contra los de Avellaneda, sino que apresuró el cierre de su vínculo con el equipo uruguayo.

Dos goleadores temibles: el Nene, cuando jugaba en Banfield, y Luis Artime, de Independiente.

Regresó al fútbol en 1966 con los colores de Banfield. Le costó la vuelta, pero aun así sumó 19 conquistas en 50 partidos. En El Taladro integró la ofensiva junto con Luis Maidana, Mario Chaldú, El Toro Norberto Raffo, Julio San Lorenzo y El Mono Zárate, entre otros. Su mejor actuación tuvo lugar en el estadio Florencio Sola el 12 de marzo de 1967, cuando firmó tres de los tantos con lo que el conjunto local superó 4-0 a Gimnasia. Le hizo un gol a San Lorenzo en un 2-2 en Boedo y poco después emigró hacia Brasil.

Pasó por Bangú (7 goles en 14 partidos) y por Bahía (48 en 71), con el que ganó el Campeonato Baiano de 1970 y 1971. A punto de cumplir 37 años se le ocurrió que había llegado el momento de despedirse de San Lorenzo, el equipo de su vida, el que había tenido que abandonar hacía una década.

REGRESO CON GLORIA A BOEDO

En su retorno a San Lorenzo se encontró con que El Ciclón reunía a una camada de nuevos goleadores, jóvenes y en plena vigencia: El Ratón Rubén Ayala, El Lobo Rodolfo Fischer y El Gringo Héctor Scotta. Sanfilippo reapareció con la camiseta azulgrana el 27 de febrero de 1972 en el triunfo por 3-2 sobre Independiente. Ingresó en reemplazo del Toti Carlos Veglio cuando faltaban diez minutos. Estaba claro que le tenían asegurado un papel menos preponderante que en el pasado, pero igual se hacía notar. Así, el 26 de marzo volvió a gol en un 1-1 con Colón y el 30 rescató a su equipo con dos tantos en el 2-2 frente a Ferro.

Cuando regresó a San Lorenzo compartió la ofensiva con un gran definidor como Rodolfo Fischer.

El año se había iniciado con Miguel Ignomiriello como técnico interino tras el sorpresivo alejamiento del chileno Andrés Prieto y continúo con El Toto Lorenzo al frente del equipo. San Lorenzo desplegó un juego sólido y contundente. Una prueba de ello llegó con el 4-0 contra River en Núñez, con tres goles de Fischer y uno del Nene. Scotta, El Lobo y Sanfilippo asomaban como un trío de ataque temible al que se sumaban distintas alternativas en la ofensiva que aumentaban todavía más el peligro que encontraban los rivales del conjunto de Boedo.

Desde la 12ª hasta la 34ª fecha San Lorenzo se mantuvo en lo más alto de la tabla. No había adversario que le opusiera resistencia. Cuatro jornadas antes del cierre del certamen hizo realidad el título con un empate 1-1 con Atlanta. Sanfilippo lograba su segundo cetro de campeón con El Ciclón en una campaña en la que contribuyó con ocho goles en 18 partidos. El último festejo se dio en la igualdad en un tanto con Boca del 30 de septiembre y con El Loco Rubén Omar Sánchez en el arco xeneize.

Las huestes del Toto eran insaciables y también se apoderaron del Nacional, lo que constituyó un hito en la historia, ya que hasta ese momento ningún equipo había obtenido los dos certámenes del mismo año. En esa última consagración el aporte de Sanfilippo había sido menos significativo, pues no gritó goles y participó en solo diez encuentros.

Una de las formaciones azulgranas en 1972, el año triunfal del Ciclón.

Sanfilippo se despidió el 17 de diciembre en la final del Nacional, definida con un agónico tanto de Luciano Figueroa en tiempo suplementario. El Nene había ingresado un cuarto de hora antes del cierre del partido en reemplazo de Ayala. Había concretado un regreso con gloria y se iba con tres títulos, 265 partidos, 207 goles y su nombre y apellido instalados en el selecto grupo de leyendas azulgranas.

El Gasómetro era su casa, por eso cuando el estadio fue desmantelado instaló en su hogar un tramo de los tablones de una de las tribunas en las que los hinchas vibraban con sus goles. Allí también estaba el Sanfigol, un espacio creado por él mismo en el que tenía arcos de diferentes dimensiones en los que practicaba -siempre fue un celoso trabajador que pulía sus virtudes en los entrenamientos- para afinar la puntería.

Una vez retirado, incursionó brevemente en la dirección técnica. No le fue bien en Vélez y en Deportivo Español, los únicos equipos que condujo. Ensayó un regreso al fútbol en 1977 con tres partidos en Banfield de San Pedro. La última función llegó en 1978, cuando integró la formación de San Miguel que debutó en el certamen de Primera D. El Nene, como no podía ser de otro modo, hizo el gol del empate 1-1 con Ituzaingó.

Sanfilippo instaló en su casa una tribuna con los viejos tablones del Gasómetro.

Siempre polémico, expuso su habitual vanidad en controvertidas opiniones cada vez que se le presentaba la oportunidad. La escena más recordada se dio en un programa de televisión en el que arremetió contra Sergio Goycochea luego del catastrófico 5-0 sufrido por la Selección a manos de Colombia en las Eliminatorias para Estados Unidos 1994. “Pibe, usted se comió todos los amagues”, le objetó al atribulado Goyco en esa ocasión.

Integró el panel de varios ciclos televisivos en los que sacó a relucir sus ácidos comentarios, trabajó como técnico en Deportivo La Punta, de San Luis, y hasta se permitió incursionar en la política. Como precandidato a diputado por el Partido Renovador Federal en 2017 alumbró la ocurrente propuesta “garrote, garrote, garrote” para combatir la inseguridad. Se hizo notar siempre. Jamás pasó inadvertido. Por sus condiciones de goleador feroz y por los aires de divo que exhibía dentro y fuera de la cancha.