Ciencia y Salud

La lección del hantavirus: cómo blindarse ante la próxima psicosis pandémica (sin caer en la conspiración)

¿Que podría hacer Edward John Smith si viviera la experiencia que le tocó vivir, por segunda vez? 
Smith era un capitán naval británico muy condecorado, a quien los pasajeros lo apodaban el "Capitán de los Millonarios", ya que era el capitán del viaje inaugural del Titanic. ¿Qué haría en una segunda oportunidad?
La noticia en curso, quizás de colisión, ya que se trata de un barco, el crucero ‘Hondius’, y también por la modalidad comunicacional nuevamente puesta en práctica, del hantavirus, genera la extraña sensación de un trastorno de la memoria, de un deja vu, deja vecu: lo llamamos paramnesias en medicina. En estos días volvieron a surgir personajes que reactivan respuestas (traumáticas) del 2020. Los mismos comunicadores con los mismos expertos, nacionales, internacionales, como antes, sin importar la realidad de esa referida “Expertise”, por el momento desde un lugar con apariencia de racionalidad. Uno de esos ecos traumáticos, quizás sea algo más inmediato y es la sospecha de otro intento de repetir una fórmula que funcionó de una manera conocida y cuyas consecuencias, ya alertadas en pandemia, hoy son certezas. La conspiración de ayer, es la certeza de hoy. También es cierto que lo que se disfrazaba de mensaje de alerta, llevaba a la captación mental siendo parte del caos informativo. Una gran cantidad de información y personajes que la expandían fueron parte de esa inmensa puesta en escena, actuando de villanos frente a los oficiales, a los científicos. Ambos extremos, logaron instalar el clima psicológico imperante, con las consecuencias que vemos en la salud física, mental y en particular social. Muchos se preguntan por la crisis en la salud mental en adolescentes y jóvenes sin reparar lo tantas veces señalado en esos años. Nada podemos hacer sobre lo ya ocurrido y por eso la pregunta es cómo blindarse ante la próxima psicosis pandémica, sin caer en la conspiración.
Una de las lecciones del Titanic fue que las señales estaban. Al menos cinco buques, los SS Caronia, Baltic, Amerika, Mesaba, y Californiana, informaron sobre los icebergs en la zona, es más, en la ruta del Titanic. Ante la confianza, que se probaría fue quizás la clave, absoluta en la tecnología superior, del “insumergible” como lo llamaron, los mensajes se dejaban de lado, o eran tomados con calma. De hecho, no se ralentizó siquiera la marcha ni se interrumpieron las actividades, de allí las expresiones  “bailando sobre el Titanic”, o “la banda siguió tocando” (que luego sería tomada por un autor en la temática del SIDA), que apelan a la misma idea: un estado psíquico especial en el cual no se presta atención a lo evidente, aun cuando la supervivencia está en juego. 
Y hay un área en la que la supervivencia no se hace en principio tan evidente o ni siquiera es evaluado el peligro, y es la de territorio de la mente. La propia ilusión de la mente es la falsa sensación de “insumergible” cuando en realidad vive en la inmersión. Esta otra área, también es el telegrama que avisa de los icebergs y es, sin embargo, guardado en un bolsillo, nuestra mente juega con nosotros. Algunos dirán que fue J. Bruce Ismay, el dueño de la naviera y de allí, que habiendo sobrevivido se tejió una historia negra que lo seguiría el resto de su vida. Años más tarde sería reivindicado, pero si bien esa es otra historia, nos sigue recordando que las informaciones certeras llegan dos veces, una al inicio para prevenirnos, y otras veces mucho después, pero ya es tarde. El esquema es el mismo: la información está, no se le presta atención, y es escondida o simplemente relegada, pero vuelve a resurgir más tarde. Esa vuelta de la información, ese "resurgir más tarde", es la segunda vez. Un tema insistente en la cultura. 
Marx escribió que la historia se repite dos veces: primero como tragedia, después como farsa. Cortázar, en su cuento "Segunda vez", mostró que la segunda vez duele más porque ya se sabe lo que viene. Nietzsche propuso el eterno retorno: si todo se repite infinitamente, ¿vivirías igual? Y aunque algunos autores como Raphaëlle Giordano hablan de una "segunda vida" que comienza al descubrir que solo se tiene una, la clave está en si esta vez, antes de guardar el telegrama en el bolsillo, decidimos leerlo. Eso será parte de otra nota.
Ese trabajo sobre la mente, en la cual la desinformación, el apelar a temores con respuesta conductual, buscan lo que Joost Merloo llamó menticidio y que mencioné en una artículo previo. (‘El costo psíquico de la conmoción eterna’).
HERIDA ABIERTA
En estos días volvieron a surgir personajes que activan respuestas del 2020. Los mismos comunicadores con los mismos expertos, como antes, sin importar la realidad de esa referida Expertise, y el alerta y quizás la intencionalidad de la misma está declarada cuando volvemos a ver pronunciándose al director de la OMS. Otra vez con propósitos que anuncian la fantasía totalitaria. Es decir todos los elementos del reflejo condicionado y a la vez del condicionamiento operante están ya expuestos en el laboratorio de la escena global. Este actúa sobre una herida traumática abierta: el trauma del covid-19 sigue vivo. Cualquier brote, por pequeño que sea, dispara hoy el mismo mecanismo de pánico que vivimos hace tanto y tan poco, ya que la experiencia temporal quedó coaptada por ese mismo trauma, tal como suele suceder. El reseteo sucedió, el mundo cambió, quizás no de la manera espectacular e inmediata que suponíamos nos anunciaría. Nuestra vida se mide, por ejemplo, desde la duda si nuestra propia memoria fuese marcada por antes, durante o después de la pandemia. El problema es pensar en términos ideológicos, ya que esto no es una conspiración. Es psicología experimental 101. Y el problema es que precisamente porque es predecible, es explotable… pero también podemos prevenirla, al menos en esta segunda vez.
Es decir esto no se trata de una teoría de complot, sino de ver si aprendimos del trauma, y generar un protocolo de higiene mental basado en hechos reales. Aprender del pasado no significa revivir el miedo. Significa reconocer los patrones para no ser manipulado la próxima vez.
¿QUÉ ES UNA "PSYOP"?
Si tomamos desde Gustave Le Bon y su psicología de masas, que sería referencia de Bernays (Propaganda, narrativa y elecciones: la mentira como razón superior), el autor de Propaganda, obra que marcaría toda el área de la captación de la mente en el ámbito del marketing e incluso como ambos autores eran de consulta de Gaebbels, o incluso Hitler que en su ‘Mi lucha’ diría: “La capacidad de absorción de las masas es muy limitada y la comprensión reducida; pero, en contrapartida, su capacidad para olvidar es grande”, sabemos que el área de las operaciones psicológicas forman parte fundamental de la estrategia del juego del poder. No hacen falta villanos de caricatura solo seres aparentemente normales, banales diría Hanna Arendt, en busca de un fin, y que para ese fin es necesario contar con la aceptación, la sumisión psicológica. Una operación psicológica (PsyOp) es simplemente la orquestación coordinada de información, verdadera o falsa, o ambos a la vez pero caótica, que busca inducir una emoción masiva que no pase por el filtro de la razón sino sea confirmado de manera seudoracional. Esas emociones, el miedo, indignación, esperanza, etc. benefician a alguien o algún fin: un gobierno que quiere más poder, una farmacéutica que busca leyes favorables, un político que necesita una crisis para distraer, o incluso grupos que lucran con el caos informativo. O simplemente, que no veamos al elefante en el bazar o al rey desnudo.
La pandemia nos dejó ejemplos reales de ambos lados: hubo desinformación desde gobiernos autoritarios, pero también desde grupos que exageraron los riesgos para justificar medidas extremas. Y hubo negacionistas que llamaron "falso" a todo, incluido el virus, o las muertes. En el fondo, una búsqueda de espacio, de poder. Porque las PsyOps no tienen ideología. Es un método, que tiene como fondo lograr que funciones mentales queden tapadas por el ruido cognitivo de la desinformación, así se saturan, la concentración, y la memoria. Pero para funcionar necesita anular otro protocolo básico, otro método igualmente claro: la información sin sesgos, el pensamiento crítico y la percepción y análisis de las alertas. 
Este pensamiento crítico, puede ser mirar situaciones diversas que se han dado y cuestionar y cuestionarse, como por ejemplo:  ya aparecen expertos que nos hablan de certidumbres donde no las hay: en la del 2020 había personas que hablaban de su experiencia en otras pandemias, sin aclarar o conocer siquiera que el antecedente más cercano tenía más de un siglo. O las certezas que se daban de número de infectados y especialmente perspectivas apocalíptica de muertos, un experto inglés luego caído en desgracia, aventuró cifras que se repetían sin cesar. Otro tema es cuando aparecen soluciones, fármacos, aun cuando faltan datos básicos. Varias son las áreas en las que no se trata de negar sino ejercitar la mente, preguntarse, informarse, cuestionar etc
También podemos empezar a cotejar los datos de ciertos medios y en particular de comunicadores, ¿dicen lo mismo todos?, ¿cómo se evalúan y reaccionan en los medios el pensamiento crítico o la duda? ¿se están usando metodologías ligadas a la ciencia o al dogma? En una epidemia real, los epidemiólogos discrepan, en una secta no. ¿Los mensajes están cargados de emoción o de datos? En nuestro medio, donde ahora hay que poner un urgente, placa roja o alerta al menos cada 20 minutos, ¿cómo se transmite el mensaje? y ¿cuál es el mensaje y cuál el medio? Un periodista serio publica primero los números duros. El propagandista publica primero el miedo.
Por último, ( al menos por el momento), en esta que sospechamos será apertura, según la evolución de esta nueva pieza, dos expresiones latinas son útiles: ‘Cui bono’, quien gana, y ‘Cui Prodest’, quien aprovecha. ¿Quién gana y/o consigue aprovecharse del control mental del miedo? ¿cuál es el bien buscado? 
Por otro lado: ¿cómo no caer en el error que cometen los "críticos"? El pensamiento racional crítico, informado no llama a todo falso, como tampoco todo es verdad per se. La existencia del hantavirus y los casos son reales. La posición ‘anti-‘, es extremadamente útil para los manipuladores: desacredita la crítica legítima y convierte el sano escepticismo en una secta.
Una persona consciente pedirá que le muestren los datos, los contrastará, descreerá de “expertos” mediatizados que repiten un mismo mantra, buscará la fuente del mismo (cosa muy útil en los años anteriores) y esperará antes de formarse una opinión. 
El gran reseteo no será necesariamente publicado anunciando el día del mismo, lo cual justamente distrae. El 2030 ya empezó, no comenzaba el 1 de enero de 2030. La estrategia podrá ser si avanza hacernos creer que ya todo está perdido, que no se puede confiar en nada y que necesitamos destruir todo, especialmente la base conceptual cultural para que alguien venga a imponer otra. Que alguien imponga el orden ante el caos. 
Creer que todos los científicos mienten llevó así a hacer descreer de las mentes más lúcidas incluidos premios nobel colocados en el lugar de charlatanes. Aún hoy algunos han perdido su licencia como médicos aunque han sido la referencia durante décadas en su área. Así “todo es verdad, todo es mentira”, nos coloca en una orfandad que nos vuelve vulnerables y manejables. Discépolo, sin saber de pandemias lo sabía.
Desde La Prensa hemos tenido un mensaje claro y constante desde hace años en este tema: la mejor estrategia contra la próxima operación psicológica no es más control ni más caos informativo: es abrir la mente al pensamiento crítico racional, esperar, evaluar como diría Russell solo datos, y estar dispuestos a deshacer posiciones en pos de la verdad. Así logramos una forma de inmunidad colectiva. Sin conspiraciones. Sin miedo. Solo una herramienta: nuestra mente libre.