La baja del riesgo país es como el cuidado del medio ambiente: se trata de un fenómeno saludable pero a corto plazo nadie advierte los beneficios.
A la sombra de la intensidad informativa que genera el Mundial de fútbol, las noticias del ecosistema financiero pasaron inadvertidas. Esta semana los medios no le dieron mayor cabida a la economía y sólo los diarios especializados rescataron la baja de la inflación mayorista o la persistencia del superávit comercial.
Hoy por hoy en la mesa de café se discute sobre táctica y estrategia. Se debate la conveniencia del doble 9 o la astucia de los entrenadores en los planteos. Hablar sobre la parábola descendente del riesgo país, de lo que esto puede significar a futuro en términos de inversiones y endeudamiento, es habilitar otro nivel en un juego que, al menos por estos días, nadie está interesado en jugar.
Claro que no hay que dar nada por sentado. ¿Sabemos qué es el tan mentado riesgo país? Se trata de la sobretasa de interés adicional que los inversores en el mercado exigen para prestarle dinero a un país, tomando como referencia la tasa de los bonos de Estados Unidos.
El riesgo país de la Argentina, medido por J.P. Morgan, supera por poco los 400 puntos básicos. Es el nivel más bajo del indicador en ocho años. Llevarlo por debajo de la línea de 300 unidades significaría atravesar algo así como un umbral mágico, encontrar la llave para destrabar inversiones y obtener crédito a tasas razonables.
BUENA LETRA
De alguna manera el riesgo país, una medición netamente financiera, ha ingresado en una fuerte tendencia a la baja producto de lo que el mercado considera es una eficiente y esperada tarea del Gobierno en su afán por ordenar la economía. Sobre los pilares del superávit fiscal, el recorte del gasto público y cierto margen de previsibilidad es que ha renacido la confianza.
No es para cualquiera, sin embargo, entender las claves del universo financiero. Su humor es volátil, su lectura de los hechos, singular. Para comprender el fenómeno, entonces, hay que llamar a los especialistas.
Primera pregunta: ¿es realmente sustentable la baja del riesgo país? “La caída se sustenta en la gran mejora de los indicadores macroeconómicos y en las cuentas fiscales -explica Diego Martínez Burzaco, director de Estrategia de Inviu-. También el cambio estructural que estamos viendo hoy en términos del equilibrio externo, con una oferta de dólares importante, al ser una parte no menor de la deuda nominada en dólares hay cierta mejora en la sustentabilidad”.
La merma del riesgo impacta en los engranajes del sistema. “El orden fiscal y el crecimiento del producto lo que hace es bajar el peso relativo de la deuda contra el PBI. En la medida en que esto siga por este camino, haya más previsibilidad, el Gobierno pueda ir haciendo el rollover de la deuda en pesos, también contribuye a tener un esquema de riesgo país más ordenado”, asegura el especialista.
Y agrega: “Creo que esto tiene dos impactos positivos. En primer lugar, un costo menor para la Argentina en términos de inversiones financieras específicas. Hace que el valor de las acciones sea mayor por el sólo hecho que se están valuando empresas a valor presente a una tasa más baja”.
A LA CANCHA
El otro punto en cuestión es si la baja del riesgo país le permite al Tesoro explorar el mercado internacional de deuda en busca de financiamiento. Las tasas actuales vuelven la experiencia inviable, de allí que el Gobierno haya tenido que echar mano de otros recursos para afrontar los vencimientos.
Por lo pronto, las señales abundan. El martes el directorio del Banco Mundial aprobó una garantía de financiamiento de u$s 2.000 millones para la Argentina que combina dos avales del Grupo Banco Mundial: una basada en políticas (Policy-Based Guarantee, PBG) del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y una garantía de la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA).
Estas garantías cubrirán el 95% de un préstamo con bancos privados por un plazo de seis años y tres años de gracia. ¿El objetivo? Facilitar el regreso a los mercados internacionales de capital con mejores condiciones y menores costos.
“En lo inmediato no hay una necesidad puntual porque los dólares para pagar los bonos ya están. En ese sentido no debería ser una necesidad de importancia. Quizás en el segundo semestre el Tesoro nacional pueda optar por tantear al mercado y ver cuál es el apetito de riesgo por deuda internacional argentina -recalca Martínez Burzaco-. Tal vez así se podría asegurar un colchón de dólares con vistas a los vencimientos de 2027, que es un año electoral. Por el momento el Tesoro no tiene apuro”.
El 2027, elecciones presidenciales mediante, será un año netamente político. Lo que no quita, sin embargo, que exista la necesidad de honrar millonarios compromisos. El año que viene los vencimientos de deuda en moneda extranjera con acreedores privados y organismos internacionales ascienden a u$s 32.000 millones.
De ese total, u$s 12.700 millones corresponden a organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; y u$s 19.300 millones son adeudados a bonistas privados y a bancos internacionales.
Los beneficios de la baja del riesgo país no se sentirían solamente a nivel estatal. “Se abre el canal financiero de acceso a los mercados para otro tipo de compañías que también pueden tener impacto en la productividad y en el nuevo esquema económico. Eso es muy positivo”, asegura Martínez Burzaco.
La puertita del financiamiento internacional está entornada y las provincias, ansiosas, la miran de reojo. De manera directa o indirecta el Gobierno nacional las obligó a ajustarse el cinturón, pero los números del 2025 exhibieron cierto relajamiento en la conducta. Congelada la obra pública, paralizado el ingreso de empleados, los gobernadores entonan ¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?, aquel tango que cantaba Tita Merello.
Mientras el Ministerio de Economía se jacta de sus números positivos -el Sector Público Nacional registró un superávit fiscal financiero por $478.613 millones en mayo-, las provincias hacen malabares.
Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), “el gasto público real creció más que los ingresos”. En 2024 el resultado primario había sido superavitario en $4,8 billones, a valores de mayo de 2026; en 2025, en cambio, registró un déficit de $380.000 millones. A su vez, el resultado fiscal pasó de un superávit de $2 billones en 2024 a un déficit de $3,6 billones en 2025, también expresados en moneda de mayo de 2026.
¿Las provincias saldrán también a jugar su partido en la plaza internacional? Martínez Burzaco explica que “algunas han salido al mercado con bastante éxito, sobre todo por el caudal de ofertas que se recibió. Hay apetito. En una primera instancia el mercado va a seguir premiando a provincias que estén en equilibrio fiscal, que sean prudentes y que tengan buen track record. También se pueden abrir algunos caminos para ver si se consiguen préstamos de largo plazo para infraestructura. Todo ayuda”.
ALTA TENSION
La economía argentina es como un dado. Apenas una de sus caras corresponde al universo financiero. Así que mientras se celebra la baja del denominado riesgo país -el diferencial de bonos-, se tensa el riesgo productivo y genera incertidumbre el riesgo social.
Sin ir muy lejos, el Costo de la Construcción subió 2,7% en mayo, con lo cual acumula un 12,8% en lo que va del año. El incremento vino impulsado por dos motores: el acuerdo salarial del 3,5% obtenido por la Uocra, y la actualización de las tarifas de electricidad, agua y gas.
Por otra parte, el economista Diego Coatz, al frente de I+D, informó que en marzo el empleo formal volvió a caer: -7.603 puestos registrados. La industria fue el sector más golpeado (-5.043 empleos), por encima de comercio (-2.147) y transporte (-1.576). Dentro del sector industrial, la pérdida se explicó sobre todo por textil, confecciones y calzado (-1.580), automotores y neumáticos (-779) y metalmecánica (-641).
Contra 2023, la economía ya perdió 252.129 empleos formales (-3,9%). Industria y construcción explican buena parte del deterioro. “Se destruye empleo formal en sectores intensivos en trabajo y crece la salida vía informalidad, cuentapropismo y ocupaciones de baja productividad”, enfatiza Coatz.
Por ahora, de cara a las elecciones presidenciales del año próximo, las encuestas le siguen dando en positivo a Javier Milei, que buscará la reelección. Ni siquiera el Caso Adorni y sus cotidianas esquirlas parecen haber hecho mayor mella en la imagen libertaria.
Como quien ampara con sus manos la llama débil de una vela, el Gobierno cuida una esperanza. Aguarda que los números de la economía mejoren de manera sensible en el segundo semestre y que cierta sensación de bienestar -que no será tan grande ni tampoco para todos- termine por sepultar los escándalos. Veremos.