Aquel 22 de junio de 1974 la jugada causó incredulidad, primero, y burlas despiadadas después. Debieron pasar casi cuatro décadas para entender lo sucedido. Hoy nadie se siente con derecho a reírse del desesperado Mwepu Ilunga, un defensor zaireño que salió de la barrera y pateó la pelota lo más lejos posible antes de que cualquier brasileño pudiera ejecutar el remate cerca del área africana. Esa imagen representó por mucho tiempo una corroboración del desconocimiento que en muchos países se tenía del fútbol. En realidad, ahora está claro que lo que se ignoraba era el infierno en el que se consumía un grupo de jugadores dispuesto a hacer lo imposible para salvar el pellejo.
Brasil y Zaire medían fuerzas en el Waldstadion, de Francfort. Los verdiamarillos habían conquistado la Copa Rimet al consagrarse tricampeones del mundo en México ´70. Sin embargo, poco y nada quedaba de la maravillosa corte de Pelé que maravilló al planeta con un juego extraordinario.
Los africanos, en cambio, eran una exótica selección que debutaba en los Mundiales. No había mucha información sobre ella. Apenas se estaba al tanto de que había salido indemne de una agotadora rueda de clasificación con 22 equipos que se disputaban apenas una plaza para Alemania Federal 1974. Bajo las órdenes del entrenador yugoslavo Blagoje Vidinic (había conducido a Marruecos en el ´70), consiguió el boleto mundialista tras dejar en el camino a Togo, Camerún y Ghana en las fases iniciales y a Marruecos y Zambia en el triangular final. Fue la primera selección del África Central en disputar una Copa del Mundo.
Resultaba evidente que, para ser justos, Brasil y Zaire no medían fuerzas. Había una diferencia de jerarquía indisimulable entre uno y otro seleccionado. Aun cuando las huestes de Mario Zagallo ya no contaran con Pelé, Gerson, Tostao, Clodoaldo y Carlos Alberto, todavía jugaban Jairzinho y Rivelino como representantes de su noble estirpe futbolera.
Tras sacar el pasaje al Mundial en agosto de 1973, unos meses más tarde, en marzo del ´74, los de Vidinic ganaron la Copa Africana de Naciones. Ya lo habían conseguido en 1968, pero formalmente eran otro país. En ese entonces se los conocía como República del Congo o Congo-Kinshasa.
Antigua colonia belga, la nación se independizó en 1959. Seis años más tarde, el militar Mobutu Sese Seko tomó el poder e inició una sangrienta dictadura que se extendió hasta 1997. En 1971 reorganizó el Estado y le cambió el nombre al país: pasó a denominarse Zaire. Pensó que el fútbol era la mejor manera de legitimar su poder e hizo una apuesta fuerte para el desarrollo del deporte.
La clasificación al Mundial ´74 y el título continental representaron la exitosa consumación de su plan. Tanto es así que Mobutu, deleitado con lo que consideraba un triunfo personal, le cambió el apodo al equipo nacional. Ya no eran Los leones, sino Los leopardos.
ACORRALADOS
Zaire tenía como principal atributo su fortaleza defensiva. Y para ayudarla decidieron rodear a la selección de brujos y hechiceros para proporcionarle ayuda espiritual. Ni su presunta solvencia en la retaguardia ni la magia negra impidieron la derrota por 2-0 a manos de Escocia en el debut.
Mobutu se sintió defraudado y le recortó los premios al plantel. Los jugadores amagaron con no presentarse al segundo partido, contra Yugoslavia. Los conminaron a salir a la cancha. Como acto de rebeldía, optaron por una suerte de huelga activa, es decir a oponer poca resistencia a sus adversarios.
Cuando a los 21 minutos el marcador favorecía 3-0 a los balcánicos, el furioso dictador le ordenó al técnico -a través de un funcionario de su gobierno que estaba en Alemania- que reemplazara al arquero Kazadi Muamba. Ingresó Tubilandu Ndimbi y le fue mucho peor: recibió seis goles más. El partido terminó 9-0.
Para Mobutu ese resultado fue lo más parecido a la humillación de su régimen. Tildó a sus jugadores de “vergüenza nacional” y los emplazó a no perder por más de tres goles contra Brasil. Las amenazas oscilaban entre el exilio y la muerte.
Con el ánimo por el suelo, los africanos se enfrentaron con los campeones reinantes. Si bien Brasil no había dejado una imagen demasiado decorosa en sus anteriores presentaciones en el torneo, era una fuerza futbolística incontenible para los modestos y asustados zaireños.
Muy pronto, a los 12 minutos, Jairzinho, el puntero que se consagró en México ´70 como el sucesor del inigualable Garrincha, abrió la cuenta. El equipo de Vidinic aguantó como pudo el resto del primer tiempo y gran parte del segundo.
Las atajadas de Kazadi lo mantenían a salvo. Al menos hasta que Rivelino, el heredero del número 10 que dejó Pelé, estiró la brecha en el marcador. Faltando una decena de minutos, Valdomiro estampó el tercer gol brasileño. Los africanos estaban exhaustos. También aterrados. Quedaba mucho tiempo y pocas piernas.
Faltando cinco minutos, el árbitro rumano Nicolae Rainea sancionó una falta en las inmediaciones del área zaireña. Jairzinho y Rivelino se pararon delante de la pelota con la mira puesta en Kazadi. De pronto, ante la sorpresa generalizada, no bien se escuchó el silbato del juez, Mwepu Ilunga abandonó la barrera y le pegó un brusco puntapié a la pelota enviándola lo más lejos posible.
Ante las risotadas del público y el asombro de la prensa internacional, Rainea amonestó a Mwepu. Todos se burlaban de la ignorancia futbolística del conjunto del Continente negro.
El 3-0 se mantuvo hasta el final. La selección zaireña regresó a su tierra, pero se ganó el odio de Mobutu. Como represalia, el dictador redujo los fondos que había destinado al equipo y les cortó la carrera a los jugadores, sumiéndolos en la más absoluta de las pobrezas. Muchos eligieron exiliarse en países cercanos, otros murieron en la indigencia.
Casi cuatro décadas después, Mwepu explicó la jugada que hasta ese momento lo había hecho víctima de chanzas en todo el mundo. Su testimonio acabó, por fin, con un mito absurdo: “Lo hice a propósito. Por supuesto que conocía las reglas del juego. Había jugado muchos años al fútbol antes de ese partido. ¿Creen que me habría hecho pasar por un perfecto idiota de forma deliberada? Estábamos jugando por nuestras vidas”.
Zaire 0 - Brasil 3
Zaire: Kazadi Muamba; Mwepu Ilunga, Buanga Tshimen, Lobilo Boba, Mwanza Nel Mukombo; Mana Mambuene, Tshinabu Wa Munda, Kibonge Mafu; Mayanga Maku, Kidumu Mantantu, Ntumba Kalala. DT: Blagoje Vidinic.
Brasil: Leao; Marinho Peres, Luis Pereira, Wilson Piazza, Marinho Chagas; Nelinho, Paulo César Carpegiani, Rivelino; Jairzinho, Leivinha, Edú. DT: Mario Zagallo.
Incidencias
Primer tiempo: 10m Valdomiro por Leivinha (B); 12m gol de Jairzinho (B). Segundo tiempo: 14m Mirandinha por Wilson Piazza (B); 16m Kilasu Massamba por Tshinabu Wa Munda (Z); 17m Kembo Uba Kembo por Kidumu Mantantu (Z); 21m gol de Rivelino (B); 34m gol de Valdomiro (B).
Estadio: Waldstadion (Francfort). Árbitro: Nicolae Rainea, de Rumania. Fecha: 22 de junio de 1974.