El gobierno nacional se empecina en eliminar las PASO, pero podría convertirse en un boomerang para su propio ordenamiento. La conclusión la comparten diversos analistas políticos que exploran más allá de las argumentaciones más repetidas por estos días. El argumento público es conocido: reducir gastos, acortar el calendario electoral y evitar que los ciudadanos tengan que financiar la resolución de las internas partidarias. Pero en el fondo, hay otra disputa. La de cómo llegar a 2027 y, sobre todo, contra quién. En el entorno del Jefe de Gabinete se muestran confiados en conseguir los votos para lograr el objetivo de eliminarlas, pero no todos en el oficialismo están convencidos del resultado. Las gestualidades muestran la preocupación del círculo rojo y los mercados sobre el futuro de Javier Milei.
La política argentina tiene una debilidad por discutir las reglas de la próxima elección antes de resolver los problemas de la anterior. Cada gobierno encuentra alguna modificación que, en sus cálculos, puede facilitarle el camino. Después aparecen los votantes. Las PASO fueron creadas por Néstor Kirchner después de perder las elecciones de 2009 frente a Francisco De Narváez y terminaron sirviendo en muchos casos para auscultar el humor social y tener tiempo de corregirlo. Son sobrados los casos en provincias y municipios donde los gobiernos locales lograron sostenerse gracias a la reacción post Paso. De no haber existido ese sistema, se hubieran encontrado afuera del poder antes de tiempo.
Los casos en donde sirvieron de verdad para definir candidaturas nacionales son escasos. En 2015, la primaria entre Macri, Sanz y Elisa Carrió permitió ordenar a todo el antiperonismo detrás de una oferta electoral única, para después darle lugar al partido del balotaje. Quizá este ejemplo haya que observar ahora en la Libertad Avanza ante la posibilidad de la fragmentación del voto de centro derecha.
El politólogo y diputado nacional del Frente Renovador, Sebastián Galmarini es de los que creen que suspender las primarias puede ser contraproducente para el oficialismo nacional. En una reciente entrevista con este medio, sostuvo: “Las reformas electorales, todos suponen que son para beneficiarse, ahora los efectos de los cambios se distribuyen para todos los sectores por igual. Lo que cambió entre noviembre y la actualidad es que el gobierno cayó muchísimo”. Y agregó: “el argumento de Milei de decir, eliminamos las PASO con eso abro la posibilidad que el peronismo se divida y por otro lado le doy la lapicera del frente oficialista a Karina Milei y pintamos todo el país de violeta. Hoy la situación es distinta, el PRO ya mostró su idea de ir por su cuenta con candidato propios, los gobernadores empezaron a anunciar desdoblamiento de elecciones”.
A esos argumentos se le podría adicionar otro factor: Patricia Bullrich. La senadora coquetea con una candidatura propia el año que viene. De ser así, a ella no le convendría la suspensión de las PASO. La otra mitad de la biblioteca sostiene que se trata de una estrategia pactada con Milei para evitar fugas de los desencantados que votaron a la Libertad Avanza en la segunda vuelta de 2023. Es posible, pero son cada vez más los gestos sutiles y no tanto del denominado círculo rojo para encontrar el reemplazo.
Un pequeño ejemplo lo demuestra. Entre el 17 y 19 de noviembre se realiza en el Predio de la Sociedad Rural la muestra Argentina Alimenta que reúne a las principales empresas del sector. Para este año, los organizadores han notado que le está costando más de la cuenta poder cerrar las contratación de los participantes y sus respectivos stands. No descartan la situación económica como un tema central. Sin embargo, hay otra explicación más compleja relatada por fuentes al tanto de la organización: un importante empresario, de los pesos pesados en la industria argentina, es quien levanta el teléfono y advierte que participar de la muestra es convalidar la política económica de Javier Milei. ¿Para tanto? Así parece.
Hace unas horas, el Presidente de la Unión Industrial de Argentina, Martín Rapallini recibió a un grupo de intendentes de la provincia de Buenos Aires, los que integran “La Liga” y que buscan poner al próximo gobernador. Son peronistas y muy críticos del rumbo económico. Tanto el diagnóstico como la forma de salir de lo que consideran una fuerte caída cruzó la mayor parte de la conversación. El encuentro fue en el municipio de Ezeiza gobernado desde su creación por la familia Granados. A esta altura, expertos en navegar por todo tipo de mares coyunturales sin perder el poder territorial.
Este escenario es el que va configurando mayores dudas sobre la conveniencia o no para la Libertad Avanza de no tener primarias. Ahora comenzó a surgir otro argumento que no es tanto desordenar al peronismo, sino evitar un lunes negro en los mercados como el que tuvo Mauricio Macri en agosto de 2019.
Las dudas están planteadas. En su último informe semanal, una de las consultoras más respetadas del mercado, 1816, le dice a sus clientes que “los inversores están atentos a las novedades sobre si se suspenden o no las PASO: la visión de consenso es que la eliminación de las primarias favorecería al oficialismo, porque privaría a a oposición de una herramienta para ordenarse”. Al mismo tiempo, sugieren observar el resultado de la elección del domingo en Brasil, donde lo que se observa no es tanto si la derecha sigue ganando en el continente, sino como la oposición se viene imponiendo en 18 de las últimas 20 elecciones en la región. Un hipotético triunfo de Lula en segunda vuelta podría generarle alivio a Milei desde esta óptica.
El interrogante excede los nombres que hoy puedan circular. Alcanza con mirar cómo se construye una alianza. Un acuerdo presidencial puede resultar relativamente simple. Después vienen las provincias, los municipios, las listas legislativas y los dirigentes que consideran que tienen más votos que reconocimiento. Allí empieza otra conversación.
Un gobernador puede acompañar la reelección de Milei y resistirse a que los libertarios le disputen su provincia. Un intendente puede compartir el rumbo económico y pretender conservar su armado local. Un aliado puede votar las leyes del Gobierno y reclamar que ese acompañamiento tenga una traducción electoral.
Las PASO ofrecen una vía para tramitar esas diferencias dentro de una coalición. No garantizan que el que pierde acompañe. Tampoco evitan las heridas. Pero permiten competir sin que cada disputa deba convertirse, desde el comienzo, en una ruptura.
Sin esa instancia, al que queda afuera le restan dos posibilidades: aceptar o construir una alternativa. Para el oficialismo, la diferencia puede ser importante. Un candidato que dispute parte de su electorado no necesita acercarse a la Presidencia para complicar la elección. Puede alcanzar con quitarle los puntos que separan una victoria en primera vuelta de un balotaje. ¿Es la herramienta con la que amenaza Mauricio Macri para llegar a un acuerdo? Es sólo un ejemplo.
La eventual dispersión de listas podría tener un costo que una victoria presidencial posterior no repararía. Milei podría reunir los votos para seguir en la Casa Rosada y encontrarse con menos legisladores para sostener su programa. Es uno de los riesgos que señalan los especialistas que cuestionan la conveniencia de eliminar las primarias para el propio oficialismo.
La discusión sigue abierta, como las pujas propias dentro de cada espacio político. Para el gobierno lograr el objetivo de cambiar las reglas de juego electoral asoma como prioritario, lo que no quiere decir que vaya a pasar en otros territorios como la provincia de Buenos Aires. El Ministro de Gobierno de Axel Kicillof acaba de dar una pista sustancial: hizo una fuerte crítica a las modificaciones de las reglas de juego a pocos meses de la llegada de un año electoral. Un adelanto que no intentarán hacer lo mismo en Buenos Aires. Quizá no por deseo sino por imposibilidad política.
Sin PASO, las diferencias en el peronismo podrían agravarse. Es una posibilidad. También podrían acelerarse las negociaciones para evitar una derrota. Cuando desaparece la instancia que permite postergar una definición, a veces aparece la necesidad de acordar. La amenaza de quedarse afuera puede ser un organizador tan eficaz como una interna. Como suele decir un pícaro dirigente bonaerense: “siempre es mejor estar cerca de la estufa”.
Eliminar una elección es posible que no resuelva todo. Tal vez le complique el camino al peronismo. Tal vez. El riesgo para el Gobierno es descubrir demasiado tarde que, mientras miraba cómo desordenar al adversario, había dejado sin resolver el orden propio.