Que todo sea sigilo
Por Diego Di Vincenzo
Cencerro. 52 páginas
POR ALEJANDRO PALERMO
Que todo sea sigilo es un libro de poesía. En sus versos hay una voz que habla y que, al hablar, se va construyendo a sí misma. Es la voz de alguien que ha pasado por la experiencia de un retiro espiritual en el monasterio benedictino de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires. A lo largo del libro, relata su entrada, su tránsito y su salida de ese espacio que identifica como “mi lugar”.
En el ámbito del monasterio, antes de la experiencia espiritual, se da un redescubrimiento de la naturaleza. Ese mundo nuevo de imágenes sensoriales crea un suelo propicio para una experiencia interior llena de matices. Las aves, por ejemplo, están presentes en los poemas como objeto de contemplación, pero también como metáfora que enlaza los sentidos de elevación, libertad, cobijo y protección.
También está el fuego. Distintos relatos de la Biblia presentan la irrupción de Dios en la vida de las personas como una llamarada. Dios se le presenta a Moisés como una zarza ardiente que no se quema. Pablo se convierte y deja de perseguir a los cristianos cuando cae el suelo cegado por un terrible resplandor. Juan tiene la visión del Apocalipsis después de encontrarse con una presencia luminosa. En el día de Pentecostés, el Espíritu se posa sobre las cabezas de los apóstoles en forma de lenguas de fuego. En Que todo sea sigilo, la escritura del poemario se presenta como respuesta a un mandato divino, que se da, precisamente, ante la contemplación de un ave rodeada de esplendor, tal como se lee en el poema “Fue en el tiempo de la siembra”.

De este modo, al ser presentado como una revelación, el libro de Diego Di Vincenzo se inserta en la corriente de la poesía mística, a la que alude una y otra vez a lo largo de sus páginas: los Salmos, el Cantar de los cantares, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz… A través de las voces de estos poetas, el libro entreteje los hilos de una experiencia cuyo núcleo reside en el misterio.
Pero la red polifónica de Que todo sea sigilo va más allá. Además de las voces de los místicos, resuenan en el libro otros discursos y relatos relacionados con la fe, que trazan un diálogo espiritual entre el pasado y el presente. Aquí están también las cartas del apóstol Pablo, los milagros de san Benito, la Divina Comedia de Dante Alighieri, el pensamiento de Simone Weil y el de María Zambrano, la figura del padre Bartolomé de las Casas, la evocación del mártir palotino Alfie Kelly… Por último, los poemas activan una red más amplia de sentidos, más allá del ámbito de la fe cristiana, que se conecta con lecturas de Walter Otto, Erich Auerbach, Walter Benjamin, Arthur Rimbaud y Pier Paolo Pasolini.
Diego Di Vincenzo lee poesía desde que tiene memoria y ha escrito poemas, con idas y vueltas, desde los 14 años. Antes de Que todo sea sigilo ha publicado El latido de este mundo (Caleta Olivia, 2019) y Olavarría (Qeja, 2021). Tiene un libro inédito llamado De la misma noche ha nacido este día, también de 2021. Fuera de la poesía, hace periodismo cultural y crítica de teatro en diversos medios. Es docente de enseñanza media y universitaria y trabajó durante veinte años como autor y editor en varias editoriales.