El viernes a la nochecita en la Catedral de Buenos Aires se rezó un Rosario por la Argentina en la Catedral de Buenos Aires. Unas 60 personas rezaron cada una un Avemaría, un Padre nuestro o un Gloria al Padre desde un costado del altar, desgranando los cinco misterios del Rosario, coreados por una multitud que llenaba la nave central y el crucero del templo.
Esa celebración anual tenía esta vez este motivo convocante: "Construir una patria de hermanos unidos a Dios Padre, compartiendo la solidaridad y el sacrificio de todo el pueblo argentino, para el bien común de todos, apoyados en los valores cristianos".
Aunque había mucha gente, casi nadie se percató de una mujer que entró por el costado, por una de las naves laterales, y estuvo rezando arrodillada ante la imagen de la Virgen de Luján en una de las capillas laterales del templo, que está cerca de la puerta de entrada.
Pasó no menos de quince minutos sola, de rodillas en un reclinatorio. Vestía pantalones azules y estaba envuelta en un poncho con franjas blancas, negras, beige y azules. Se la veía concentrada. Yo estaba a pocos metros. Pensé en sacar una foto pero el celular me advirtió que estaba saturado. No me habilitaba a sacarla. Entonces le pedí a una muchacha que estaba al lado si podía tomar una foto y dármela.
¿Quién era esa mujer que rezaba arrodillada ante la Virgen de Luján, sin que prácticamente nadie reparara en ella? Era la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.
Era evidente que fue a rezar, no a mostrarse. Luego del Rosario la gente asistía a la misa por la Patria que celebraba el rector de la Catedral, el padre Alejandro Ruso, y ella se fue antes de que terminara. A varios que les comenté esa presencia les sorprendió enterarse: no la habían visto.
Sara Brugnoli, escribana, junto con otras ex alumnas de María Auxiliadora participó desde 2003 en la organización de este Rosario por la Argentina. Ella estaba cerca y cambió un saludo con María Eugenia. Y un comentario amistoso por ser ambas de familias de Morón. Le pregunté después si la gobernadora había sido invitada. Me dijo que no. Simplemente apareció.
En la salida, sí, tres o cuatro personas se sacaron una foto con Vidal, casi sin nadie alrededor, mientras en el templo continuaba el oficio religioso. Dos mujeres policías encargadas de la custodia de la Catedral le pidieron fotografiarse con ella. Les pregunté luego si les habían avisado antes quién iba a venir. No.
Entró sola, seguida discretamente por dos hombres de civil, custodias, me comentaron.
Antes de irse, una mujer de la obra de las Servidoras, fundadas por el padre Etcheverry Boneo, le dijo algo y le dio una estampa. Y una señora se sacó también una foto en el pasillo de salida. Me permití pedirle si me daba una copia. Le di mi número de teléfono y tardó algo por no manejarse bien con el celular, pero finalmente la foto me llegó. Se llama Marta Tapia, trabaja de secretaria en el hospital Garraham, había estado rezando el Rosario por la Argentina y se estaba yendo justo cuando salía la gobernadora.
La vi a ésta seguir caminando bajo la columnata de la Catedral, descender los escalones y entrar en una camioneta gris, que arrancó en seguida, sin ningún otro vehículo de escolta.
El rezo del Rosario y la misa por la Argentina se hacían en coincidencia con los 70 años del decreto 26.888, del Poder Ejecutivo Nacional, ejercido entonces por Juan Domingo Perón, que estableció que el 27 de octubre de cada año el pueblo argentino honrara a María Auxiliadora como patrona de los campos argentinos.
Ese decreto fue impulsado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación en 1949, en virtud de los frutos de la obra salesiana en el país, en beneficio del desarrollo del campo argentino.
En 2001, ante la crisis social que azotaba al país, varias ex alumnas de las Hijas de María Auxiliadora, la congregación femenina inspirada por San Juan Bosco, el fundador de los salesianos, pensaron organizar un rezo por la Argentina, invocando la protección de la Virgen. Concretaron la idea en 2003 y desde entonces lo hacen todos los años, reuniendo un buen número de asistentes.
Esta vez mientras ellos seguían la misa, orando con el lema “La Patria nos necesita, recemos por ella”, cerca rezaba sola una persona de conocida actuación en la vida pública nacional. Una presencia que pasó inadvertida.