La década del ´70 estuvo teñida con el naranja de Holanda. En ese tiempo no se hablaba de Países Bajos ni de neerlandeses para los nativos de esa tierra. En cambio, se comentaba la revolución futbolística liderada por el Ajax que se extendió a la selección. Una generación fantástica de jugadores liderada por un flaco fumador empedernido llamado Johan Cruyff y sabios entrenadores edificaron un proceso que aún tiene plena vigencia. A esa dinastía maravillosa solo le faltó el título del mundo. Pero a nivel clubes, arrasó. En la final de la Copa Intercontinental del ´72 Ajax se cruzó con Independiente, que fue una víctima de ese fenómeno conocido como fútbol total.
Esa concepción transformadora del juego nació en 1965, cuando Rinus Michels asumió como técnico del Ajax y en poco tiempo lo llevó a la cima del mundo. Doce meses antes había aparecido en escena un pibe de 17 años apellidado Cruyff. Alto y de físico aparentemente débil, era un jugador maravilloso.
Sobre la base de un teórico sistema táctico 1-4-3-3, Michels diseñó un equipo con profundo respeto por la pelota y con una voracidad ofensiva insaciable que fue un adelantado en lo que hoy se conoce como presión alta. Para recuperar el balón los jugadores del Ajax acosaban a los rivales hasta dejarlos agotados. Cuando un adversario tenía la pelota, varios hombres de camiseta roja y blanca se abalanzaban sobre él y le arrebataban el esférico. Después salían a toda velocidad al ataque.
La preparación física de las huestes de Michels era soberbia. No podía ser de otro modo porque el equipo jamás dejaba de moverse. Ya sea desplegándose en ataque, apretando a los oponentes para quitarles la pelota o retrocediendo para ocupar espacios en defensa, los jugadores parecían incansables.
Cruyff era el abanderado futbolístico. Tan esforzado como talentoso, marcaba el camino con un liderazgo indiscutido. Lo secundaba Johan Neeskens, un mediocampista formidable. Otros pilares del equipo eran los defensores Ruud Krol –iniciado como impasable marcador de punta, se consagró como un líbero de notable técnica-, Wim Suurbier y Arie Haan (también actuaba como volante). Contaba, además, con otras piezas fundamentales como los delanteros Sjaak Swart –un símbolo que vistió esa camiseta entre 1956 y 1973- y Piet Keizer y un mediocampista de suprema elegancia como Gerrie Mühren.
LA GUERRA
Michels dejó la conducción técnico del Ajax en 1971 luego de haber ganado cuatro ligas locales (denominada Eredivisie), tres Copas de su país, una Copa Intertoto y la Copa de Europa (hoy conocida como Champions League) de 1971. Se fue al Barcelona antes de hacerse cargo de La Naranja Mecánica, la sublime selección holandesa subcampeona del mundo en 1974.
Lo sucedió el rumano Stefan Kovacs, otro entrenador de enorme reputación que supo continuar la obra de su antecesor. Bajo sus órdenes, el equipo de Ámsterdam dominó en el ámbito local y se llevó la Copa de Europa en 1972 y 1973.
Kovacs conducía el equipo que definió con Independiente la Copa Intercontinental del ´72. El Rojo, dirigido por Pedro Dellacha (una figura del fútbol argentino de los ´50 que quedó en la historia con el apodo de Pedro del área), había ganado la Libertadores de ese año en tiempos en los que parecía imbatible en Sudamérica.
La primera final se disputó el 6 de septiembre. Fue la única vez que Cruyff jugó en una cancha argentina. Todos hablaban de ese flaco con el número 14 en la espalda que era la joya de un equipo que se había hecho famoso por haber inventado el fútbol total.
Tenía 25 años. Era fuerte, habilidoso, inteligente… Le bastaron apenas cinco minutos para dar pruebas de su talento. Recibió un pase largo y le ganó la posesión de la pelota al Zurdo Miguel Ángel López –un excelente zaguero- tomándolo de la camiseta, pero el árbitro soviético Tofik Bəkhramov no percibió la falta y dejó seguir la jugada. Cruyff quedó mano a mano con Miguel Ángel Pepé Santoro, a quien doblegó con un sutil toque para abrir el marcador.
A propósito de Bakhramov… Fue el juez de línea (en ese entonces no se los conocía como árbitros asistentes) que le indicó al suizo Gottfried Dienst que el remate del inglés Geoffrey Hurst había traspasado la línea de meta del arco de Alemania Federal en la final del Mundial de 1966. Bakhramov fue, de hecho, el único que percibió eso y permitió que se convalidara uno de los goles más polémicos de la historia.
Pero volvamos a aquella noche en Avellaneda. El partido fue durísimo. Independiente contaba con una retaguardia de suma rudeza en la que además del Zurdo López estaban Eduardo Commisso, Francisco Pancho Sá y el Chivo Ricardo Pavoni.
Y por si hacía falta, estaba Dante Mírcoli, un marcador de punta que en esa serie actuó como teórico puntero izquierdo. El Tano no tuvo mejor idea que revolear por los aires a Cruyff, quien a los 23 minutos debió dejar la cancha lesionado.
Faltando apenas nueve minutos un gran remate de Pancho Sá estableció la igualdad en ese duelo en el que los visitantes sufrieron un trato muy duro de parte de sus rivales. Pavoni le pegó sin piedad a Swart y en realidad la mayoría de los holandeses se llevó algún recuerdo no del todo grato de sus adversarios. Tanto es así que dejaron la Argentina quejándose de la brutalidad de Independiente, al punto que un año más tarde se negaron a verse las caras con él en la Intercontinental del ´73.
LA LECCIÓN
La revancha se jugó el 28 del mismo mes. Ajax desplegó un dominio que el Rojo no pudo resistir. El equipo de Kovacs corrió durante los 90 minutos moviendo la pelota a lo largo y a lo ancho de la cancha sin que Independiente -que jugó vestido de azul- fuera capaz de conseguir el balón a pesar de que dispuso de la primera acción de peligro cuando el Pato José Omar Pastoriza perdió en la arremetida contra el arquero Heinz Stuy.
A los 11 minutos Neeskens puso el 1-0 para el conjunto local luego de una pared con Haan. La velocidad de los desplazamientos del dueño de casa contrastaba con las dificultades de los de Dellacha para seguirles el paso.
El estilo de presión asfixiante y rápidas salidas en busca del arco de Santoro se imponía con nitidez. La temprana conquista del mediocampista que poco tiempo después brilló junto a Cruyff en Barcelona torció definitivamente el rumbo del partido.
En el segundo tiempo Kovacs le abrió la puerta para salir a jugar a Johnny Rep, un peligrosísimo delantero que tomó la posta del veterano Swart y se destacó en la selección subcampeona del mundo en 1974 y 1978.
Rep les puso la firma a los restantes dos goles del Ajax. En ambas ocasiones envió al fondo del arco de Santoro dos pases –el segundo fue precioso- de Cruyff, con quien formó una muy productiva sociedad tanto en su equipo con en La Naranja Mecánica.
Independiente, que había apostado a una formación bastante conservadora, procuró torcer la historia haciendo ingresar a dos delanteros como Carlos Bulla y Manuel Rosendo Magán. Pero ya era tarde. Había sido víctima del Ajax y su fútbol total.
Ajax 3 - Independiente 0
Ajax: Heinz Stuy; Wim Suurbier, Horst Blankenburg, Barry Hulshoff, Ruud Krol; Arie Haan, Johan Neeskens, Gerrie Mühren; Sjaak Swart, Johan Cruyff, Piet Keizer. DT: Stefan Kovacs.
Independiente: Miguel Ángel Santoro; Eduardo Commisso, Miguel Ángel López , Francisco Sá, Ricardo Pavoni; Dante Mircoli, José Omar Pastoriza, Luis Garisto, Alejandro Semenewicz; Agustín Balbuena, Eduardo Maglioni. DT: Pedro Dellacha.
Incidencias
Primer tiempo: 12m gol de Neeskens (A). Segundo tiempo: 16m Johnny Rep por Swart (A); 19m Carlos Bulla por Mírcoli (I); 20m gol de Rep (A); 28m Manuel Rosendo Magán por Garisto (A); 33m gol de Rep (A).
Estadio: Olímpico (Amsterdam). Árbitro: José Romei, de Paraguay. Fecha: 28 de septiembre de 1972.