Ciencia y Salud

Vacunas en Argentina: piden revisar el Calendario y eliminar la obligatoriedad

En un contexto de caída global de la confianza en las inmunizaciones y marcado descenso de las tasas de vacunación, un nutrido grupo de médicos y científicos solicitó una audiencia formal con el ministro de Salud de la Nación Mario Lugones. El pedido busca transformar el Calendario obligatorio en una guía de recomendación, siguiendo los recientes cambios de paradigma en los Estados Unidos y Europa.

Un grupo de profesionales de la salud, encabezado por los doctores Mario Borini, Oscar Botta, Chinda Brandolino, Ramiro Salazar Cisneros y Liliana Szabó, elevó el miércoles último una carta formal al ministro de Salud de la Nación, Dr. Mario Lugones, en la que le solicitan una audiencia con el objetivo de acercarle una revisión de estadísticas y bibliografía científica (Ver aqui, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí) que pone en duda no solo los beneficios del carácter obligatorio de la vacunación, sino también la efectividad y seguridad de las inmunizaciones incluidas en el actual Calendario Nacional de Vacunación.
El documento, que cuenta con la adhesión de más de 40 profesionales de diversas áreas (médicos, bioquímicos, farmacéuticos y psicólogos), solicita una revisión urgente de la Ley 27.491, promulgada en 2018 y reglamentada en 2023, en un momento en el que la transparencia y el consentimiento informado ganan terreno en el debate científico internacional.
El eje central del reclamo es la eliminación del carácter compulsivo de la vacunación para convertir el actual Calendario Nacional en una guía de vacunación no obligatoria. Los firmantes argumentan que la obligatoriedad vulnera el "derecho natural" y la autonomía de los ciudadanos sobre su propio cuerpo y el de sus hijos, principios que consideran fundamentales en una democracia y coherentes con la retórica de libertad del actual gobierno.
"La ciencia reclama una contrastación de conocimientos, argumentos y pruebas en aras de un consenso posible", sostiene la misiva, subrayando que, en países como Japón, Sudáfrica y 17 naciones europeas, las coberturas de vacunación se mantienen altas sin necesidad de imposiciones legales.

GIRO HISTORICO DE LOS CDC
La iniciativa argentina no es un hecho aislado. Se produce en sintonía con un cambio de rumbo drástico en la política sanitaria de los Estados Unidos. El 5 de enero último, el director interino de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), Jim O'Neill, firmó un memorándum decisivo para actualizar el esquema de inmunización infantil.
Bajo la dirección del Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., los organismos estadounidenses iniciaron una revisión exhaustiva para alinear su calendario con el "consenso internacional". El informe técnico reveló que EE. UU. era un caso atípico: en 2024, recomendaba vacunas para 18 enfermedades, el doble que países como Dinamarca (que protege contra 10).
El nuevo enfoque estadounidense divide las vacunas en tres categorías: recomendadas para todos los niños, recomendadas para grupos de alto riesgo; y basadas en la decisión clínica compartida.
Este último punto es clave, ya que empodera a padres y médicos para decidir individualmente, basándose en el riesgo y la transparencia, buscando reconstruir la confianza pública que, según los propios CDC, se desplomó entre 2020 y 2024.
Uno de los cambios más significativos en aquel país ocurrió en diciembre de 2025, cuando los CDC eliminaron la recomendación universal de vacunar contra la Hepatitis B a todos los recién nacidos de madres que testean negativo para el virus.
A partir de esa fecha, la administración de la dosis inicial se desplaza, como sugerencia, hacia los dos meses de vida, dejando la aplicación al nacer reservada únicamente para casos donde la madre es portadora. “Esta medida responde a cuestionamientos sobre la falta de estudios de seguridad a largo plazo y la desproporción entre el riesgo de contagio en neonatos y la carga inmunológica de la vacuna en las primeras horas de vida”, explicaron desde los CDC.

MAS ENFERMEDADES CRONICAS
En una entrevista con La Prensa, la doctora Liliana Szabó, pediatra con 47 años de trayectoria y una de las referentes del pedido de audiencia en la Argentina, profundizó en los motivos técnicos detrás de la desconfianza médica hacia el calendario actual.
Szabó señala una transformación radical en la práctica pediátrica: "Hace 45 años, un niño de un año recibía unos 9 o 10 antígenos. Hoy recibe 120. Esto se ha hecho sin estudios de necesidad, efectividad ni seguridad adecuados". 
Según la profesional, la falta de estudios contra "placebo real" (usando sustancias neutras en lugar de otras vacunas o coadyuvantes) invalida los estándares de seguridad vigentes.
Pero, además, la pediatra advierte sobre una correlación que observa en su consultorio: "En la práctica diaria vemos muchas más enfermedades nuevas, como el autismo regresivo. En los aproximadamente 100 casos de autismo que he atendido, no hay un solo niño que no esté vacunado", asegura. Para Szabó, las vacunas pueden actuar como disparadores epigenéticos en niños con predisposición genética al autismo.
En particular, la médica pediatra centró las críticas en la toxicidad y la falta de coherencia sanitaria. Al respecto, puso el foco en dos ejemplos específicos: “La vacuna de la hepatitis B contiene niveles de aluminio (neurotóxico) 30 veces superiores a lo aprobado por la OMS como no tóxico para un recién nacido”. En tanto que detalla que la vacuna BCG predispone a padecer bronquiolitis y problemas catarrales crónicos. 
“Lo que se ve en la práctica es que, si uno compara la población de niños vacunados contra la población de niños no vacunados, los niños vacunados se enferman más y tienen entre 300 y 500% más incidencia de enfermedades crónicas graves y tienen mucho más riesgo de muerte en los primeros años de vida que un niño no vacunado”, asegura, para luego agregar: “Se están dando vacunas para enfermedades que son perfectamente curables, como la varicela. El riesgo de una complicación grave es bajísimo pero el riesgo de que una vacuna de varicela cause algún problema es mucho más alto”.

Según enfatiza Szabó, en el Calendario de Vacunación “hay vacunas que realmente no tienen ningún fundamento sanitario, científico ni médico” y cuestiona el proceso que atraviesan estos productos antes de ser incorporados al esquema de inmunizaciones: “Se fabrica una nueva vacuna e inmediatamente se la agrega al Calendario. Determinar si una vacuna es segura lleva años de investigación porque las vacunas no solo tienen efecto inmediato -lo más grave es la muerte súbita- sino también a largo plazo, como puede ser favorecer el desarrollo de distintos tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes que muchas veces no se generan inmediatamente tras la aplicación de las vacunas, pero que en las estadísticas uno ve que las personas vacunadas tienen mucha más incidencia de enfermedades autoinmunes que las no vacunadas con lo que se deduce que éste sería un efecto negativo a largo plazo”. 

- ¿Los firmantes de la carta y los adherentes ponen a todas las vacunas en dudas o hay algunas en particular que generan mayor preocupación y que se deban revisar con mayor detenimiento? 
- Hay que revisar todas las vacunas porque ninguna cuenta con estudios de seguridad serios y hay vacunas que ya se ha demostrado que realmente no sirven y que en muchos lugares del mundo ya ni siquiera se dan. Por ejemplo, la vacuna BCG que se le da recién nacido se ha demostrado que no tiene un resultado positivo y es una de las vacunas que más predispone a los chicos a padecer bronquiolitis y todos los problemas catarrales crónicos del recién nacido. 
- Recientemente se lanzó una nueva vacuna contra la bronquiolitis…
- La vacuna de la bronquiolitis que están dando -la del virus sincitial respiratorio- es uno de los grandes ejemplos de por qué no podemos confiar realmente en las prescripciones del Calendario de Vacunación. Esta es una vacuna nueva en cuya experimentación se comprobó que las embarazadas que recibían esta vacuna tenían un porcentaje de abortos y de partos prematuros muy alto y, sin embargo, se aprobó y se está dando a las embarazadas ahora. Entonces no hay una coherencia entre los resultados de la investigación (lo que se supone que era un estudio de seguridad) y la indicación. Ahí es donde nos cuestionamos cómo puede ser que suceda esto. 
Ese es el tipo de ejemplo que hace que uno desconfíe realmente de todo el calendario y por eso pedimos una revisión seria. Pero esa revisión tiene que ser hecha por personas que no tengan nada que ver con los laboratorios que fabrican las vacunas, profesionales sin conflictos de intereses.

-De la carta de solicitud de audiencia que enviaron se desprende que hoy tienen más injerencia la industria farmacéutica y la clase política que los médicos en el armado del esquema de inmunizaciones. ¿Es así? 
-Sí. Lo que estamos viendo es que la clase política está dictando normas, por ejemplo dictó la ley 27.491 que obliga a vacunar con vacunas de calendario. Sin embargo, esa ley se dictó y se aprobó casi por unanimidad, en el plazo más rápido en toda la historia creo del Congreso y esto se hizo después del G-20. No sabemos realmente si hubo un acuerdo de algún tipo, pero lo que estamos viendo es que hay leyes como esta que violan el derecho de la persona sobre su propio cuerpo y que violan la Constitución Nacional y que van en contra de la ley de consentimiento informado. 
Queremos saber sobre qué bases científicas y sanitarias nuestros políticos realmente basan las indicaciones que dan, porque no sólo nos dan indicaciones los políticos -que no son médicos-, sino que le han quitado al médico el rol de médico, el rol de decidir. Las vacunas tienen muchas contraindicaciones, tienen precauciones, tienen efectos adversos, de manera que no se entiende cómo se pudo aprobar por unanimidad en el Congreso una ley para inyectar a las personas sustancias que les pueden causar un daño.

- Es, cuanto menos, curioso que se deje de lado el criterio profesional y el conocimiento de las necesidades de cada paciente…
- Si yo tengo, por ejemplo, un paciente que tuvo convulsiones después de una vacuna, en el prospecto de las vacunas dice que está totalmente contraindicado repetir vacunas a un niño al que le sucede esto. Pero en las campañas de vacunación a ninguna madre le preguntan eso sino, al contrario, se las obliga a vacunar, se las intima a vacunar y no se respeta ningún fundamento médico. La vacuna es un medicamento porque tiene acción biológica, tiene acción química y tiene acción genética (porque en este momento hay vacunas que tienen ARN mensajero y otras ADN), entonces estamos obligando a la población a inyectarse algo que potencialmente le puede causar un daño. No hay una política sanitaria coherente con la ciencia médica.

- El principal argumento a favor de las vacunas es que han contribuido a erradicar enfermedades que hoy están volviendo a aparecer debido a la caída de la vacunación, como por ejemplo el sarampión. Por otro lado, se dice que estas vacunas han demostrado ser seguras porque se vienen aplicando desde hace muchos años.
- Nadie demostró que las vacunas son seguras porque justamente todas las estadísticas que se hacen sobre personas vacunadas y no vacunadas a lo largo de muchos años demuestran que los más vacunados son los más enfermos. Quisiera que me muestren estadísticas que demuestren esto. Por otro lado, esto de que las vacunas son efectivas porque erradicaron enfermedades no es así. La primera vacuna que se dio fue contra la difteria alrededor del año 1800 por Edward Jenner. Esta vacuna se dio sobre todo en Inglaterra y se vio que en las ciudades donde era obligatoria la vacunación y se vacunaba todo el mundo, tenían más casos y más muertes. En los lugares que empezaron a darse cuenta de esto y dejaron de vacunar, la epidemia se extinguió por sí sola. Si uno mira las curvas de Gauss (que muestran una evolución estableciendo una relación entre el tiempo y el número de casos o el número de muertes) de la evolución de las enfermedades epidémicas, se va a dar cuenta que todas las enfermedades epidémicas para las que no ha habido vacunas, han tenido un inicio, un pico de desarrollo, una evolución y una caída hasta que desaparecieron o quedaron casos esporádicos en diferentes partes del mundo. 
Las vacunas siempre se han fabricado cuando ya la epidemia estaba desapareciendo y lo que se vio en muchos casos, como por ejemplo el caso de la polio y del coqueluche, es que cuando se empezó a vacunar aumentaron los casos en vez de desaparecer. Es decir, una enfermedad epidémica va a tener una auto regulación. Toda enfermedad epidémica va a terminar desapareciendo, porque es natural, porque se va haciendo la inmunidad de rebaño natural y va desapareciendo. 
-Se ha alertado recientemente de brotes de sarampión, culpando al descenso de la vacunación.
-El sarampión es una enfermedad perfectamente curable. Es grave en una población de desnutridos, por supuesto. Un resfrío puede matar a un desnutrido igual que un sarampión. Si el sarampión uno lo trata como hay que tratarlo, en siete días está curado. No es una enfermedad que se complique si uno médicamente la maneja bien, si uno respeta la fiebre y hace todo lo que tiene que hacer. El brote de sarampión no fue una epidemia fueron casos aislados. Lo que hay que investigar es si esas personas que tuvieron el sarampión fueron diagnosticadas con serología o solo por observación. Además, en la mayoría de esos casos eran chicos que tenían varias vacunas de sarampión dadas.

- Está extendida la opinión de que más vacunas obligatorias significa más vacunas gratuitas y que esto es positivo. En este contexto, ¿cómo explican que esta potencial revisión del Calendario puede ser beneficiosa? 
-Nosotros pedimos que las vacunas no sean obligatorias, que se respete la libre elección. Hay muchas personas que quieren tratarse de una manera más natural, no recibir químicos en su cuerpo… tiene que haber una libertad de elección del tipo de medicina que uno quiere seguir. Estamos en un país democrático, en un gobierno que habla de libertad todo el tiempo, entonces tiene que haber libertad sanitaria. De ninguna manera decimos que queremos que no haya vacunas o que no sean gratuitas. Ese es un tema en el que nosotros no nos estamos metiendo. Por otro lado, estamos pidiendo la revisión del calendario justamente para proteger a aquellas personas que creen en las vacunas, que no tienen información de que a lo mejor la enfermedad crónica que tienen sus hijos fue causada por alguna vacuna. Para que, por lo menos, a toda esa población que se quiere vacunar, se le genere el menor daño posible.

- También se habla del acto solidario que implica la vacunación o del deber social… 
- Eso es una falacia. Parte de una manipulación psicológica de la población en la cual están enfrentando a las personas que quieren vacunarse con los que estamos tratando de dar información sobre el daño que producen las vacunas para hacernos ver como enemigos, en lugar de darse cuenta que les estamos haciendo un favor porque estamos tratando de que sus hijos sean más sanos. Si una persona cree que una vacuna la puede proteger no debería tener miedo de una persona que está sin vacunarse. Además, la solidaridad también tiene que estar por parte de los que quieren vacunar, porque los que quieren vacunar, por ejemplo, ¿qué solidaridad tienen con un niño que tiene un autismo causado por las vacunas y lo quieren seguir obligando a vacunar? ¿No son solidarios con esa persona? Ese tipo de "solidaridad" es una falacia usada por la manipulación psicológica de la población, que es muy efectiva.

-¿A qué atribuye la marcada caída de confianza en las vacunas y en las tasas de vacunación? 
- La atribuyo a que hay cada vez hay más dañados por vacunas y con daños cada vez más inmediatos, muy fáciles de relacionar. Las personas empezaron a tomar conciencia de esto. Por otro lado, cuando fue el tema de esta falsa pandemia con el covid, hubo muchas desprolijidades con respecto a la vacuna, muchas obviedades como que la vacuna era algo que ya estaba hecho de antes, se filtró mucha información… Ahí la gente ha empezado a despertarse y a darse cuenta de que las cosas no son como nos las cuentan y que no se puede tener tanta confianza. No podemos tener confianza en el sistema de salud pública actual porque hubo muchas desprolijidades… hay cosas que están autorizadas por la ANMAT sin haber sido siquiera analizadas. 

-¿Qué le causa a nivel personal ser tildada de antivacunas?

- Voy a evocar con mucho cariño, agradecimiento y respeto al doctor Eduardo Angel Yahbes, que falleció recientemente. El fue una persona completamente insobornable, siguió para adelante y sufrió mucho justamente a causa de ser insobornable. Voy a contestar lo que él decía: “Yo soy pro vacunas, pero tráiganme una vacuna que sea necesaria, que sea efectiva y que sea segura, y yo la voy a indicar”. Repito exactamente lo mismo porque ese es el criterio que tengo.