Espectáculos
Con obras de A. Williams, Rachmaninov y otros

Una velada de alto vuelo: la Sinfónica Nacional en su apertura de temporada


 


Williams: Sinfonía N° 6, opus 102; Saint-Saëns: Habanera, opus 83 e Introducción y Rondó Caprichoso; Rachmaninov: ‘La isla de los muertos’; Glazunov: Stenka Razin, opus 13. Por: Luis Roggero, violín, y Orquesta Sinfónica Nacional (direc.: Emmanuel Siffert). El viernes 27 en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.



Atrayente repertorio y agraciadas interpretaciones. Estos fueron los rasgos que distinguieron el primer concierto del año de la Sinfónica Nacional, que tuvo lugar el viernes en el Auditorio del Palacio Libertad, totalmente colmado hasta en sus sectores superiores. Es realmente digna de todo elogio la empresa de la Secretaría de Cultura Federal, que lleva adelante estos eventos con ingreso absolutamente libre y gratuito. Y también lo es la renovación y puesta a punto de la Orquesta, en la que se aprecian muchas caras nuevas, que después de tantos padecimientos salariales, conducida por Emmanuel Siffert, ha conseguido recuperar un nivel de elevada calidad.

SINFONIA DE WILLIAMS

Es curioso el recorrido de la creación sinfónica de quien ha sido llamado “el padre de la música argentina”. Alumno de Cesar Franck, maestro de Lía Cimaglia, De Rogatis, Paolantonio, pianista y fundador de un recordado conservatorio de nuestra ciudad, Alberto Williams (1862-1952) compuso muchas obras, y entre ellas una serie de nueve sinfonías que en los últimos tiempos se han venido tocando y grabando en Europa. Pero no en nuestro país.

Despertaba por ello mucho interés escuchar la Sexta (1937), inspirada en el paso del cometa Halley por Buenos Aires, en 1910. Trabajo cautivante y descriptivo, en tres movimientos (‘En el misterio astral’, ‘Marcha fúnebre del cometa’ y ‘Estrellas fugaces’), apartado del nacionalismo musical que caracterizó otras etapas de su autor, refleja por cierto su pasión por la astronomía, y fue traducido con un denso orgánico (dos tubas, cuatro trombones), en un parejo clima de misterios astrales, equilibrio y flexible sonoridad.

Le tocó luego el turno a Luis Roggero, quien abordó dos piezas de Saint-Saëns con su reconocida categoría. Exconcertino de la misma entidad, en la ‘Habanera’ mostró pureza de sonido, notas muy limpias y un dulce y melodioso legato. Y en la ‘Introducción y rondó caprichoso’, aun en las frases de máxima velocidad, en su completa madurez técnico-artística nuestro violinista lució canto y afinación impecables, al igual que trémolos, escalas, staccati, y también arabescos y dobles cuerdas y exquisitos pianissimos.

Conducida por Emmanuel Siffert, la Sinfónica volvió a brillar.

LA ISLA DE LOS MUERTOS

En la segunda parte se ejecutó otro poema sinfónico, de gran paleta cromática. Aleksander Glazunov (1865-1936), escribió ‘Stenka Razin’ (1885) evocando la figura del líder cosaco, personaje aventurero, salvaje y violento, combatiente del poder imperial ruso y los boyardos, al cual concibió como héroe romántico.

Auténtica prueba de fuego para la agrupación, debido a su amplio y multicolor orgánico, sus giros folklóricos (que incluyen la célebre ‘Canción de los Barqueros del Volga’), y sus trazos de amplio despliegue, la versión, concertada por el director suizo con absoluta solvencia, se caracterizó por las equilibradas interrelaciones de un ensamble tan nutrido, la categoría singular de cada una de sus familias (sin perjuicio de señalar a las tres flautas), la expresividad de su acabado fraseo.

Pero el punto culminante de la jornada fue desde ya la ejecución de ‘La isla de los muertos’, sugerida por el cuadro homónimo del pintor helvético Arnold Böcklin (1827-1901). Genuina partitura maestra, según se lo ha sostenido, la pieza de Rachmaninov se dio en Moscú en 1909, y está iluminada por una suerte de expresionismo-simbolista, pesimista, obviamente de atmósfera lúgubre. Cargada de tensión interna, pasión y desesperanza, su exposición resultó decididamente espléndida, ya a partir del calmo comienzo ostinato, con contrafagot, arpa y contrabajo semejando las blandas ondas de la laguna Estigia, atravesadas por el barquero Caronte. Siffert logró con gesto siempre seguro una entrega de alto impacto (el ‘Dies Irae’), de nervio homogéneo, si se quiere de compacta transparencia (bronces, clarinete), y aparte de llevar las gradaciones de manera plástica y flexible, plasmó en definitiva una entrega comunicativa y sólida de esta producción sobrecogedora.

Calificación: Muy bueno

FOTOS: GENTILEZA LUCIANA DATTOMA