La semana que termina no fue de lo más propicia para el oficialismo; realmente fue mala. El domingo se recibió el primer cachetazo: el resultado de las elecciones en Brasil, contra la opinión (demasiado optimista) de muchos analistas -casi una expresión de deseo en muchos casos- no sólo fue un revés para Milei, que se jugó todo en el apoyo a Bolsonaro para terminar quedando en una posición desairada, local e internacionalmente (recordar que en España ya venía siendo considerado una “mancha venenosa” por los partidos de todas las tendencias).
Este resultado lo afecta en su declamada pretensión de liderazgo mundial, que ya había sido puesta en duda y golpeada por su estrategia de ir a otros países a insultar groseramente a sus gobernantes y entrometerse en su política interna. También afecta al país, que pasó de la oportunidad de ser parte de un bloque subcontinental afiliado a EE.UU. y de un Mercosur potenciado, a despertar en una realidad en la que su vecino y principal socio comercial es su enemigo, y el Mercosur aparece como más débil que nunca, con el riesgo de que el reino de Lula financie y estimule los movimientos más progresistas y disruptivos, y a los partidos en igual línea en el área.
Sea o no culpa de Milei, esta situación es mala para el país, sobre todo, y plantea un escenario que será muy difícil de transitar por un gobierno caracterizado por el absolutismo, la intolerancia a la crítica, la creencia de infalibilidad, la rigidez de pensamiento y una diplomacia manejada con desaprensión, casi desnaturalizada y con desprecio por los profesionales de carrera. Es mala en lo político, en lo económico y en lo social, porque el fogoneo del movimientismo del vandalismo y la agresión luce inexorable. Recomponer las relaciones con el socio principal del Mercosur requeriría algo parecido a un trasplante de cerebro, además de una habilidad y profesionalismo que se ha dejado de lado alegremente.
Ayer comenzó el contraataque brasileño cuando el presidente del país vecino convocó a la encargada de negocios argentina para pedirle explicaciones por la ayuda brindada a Bolsonaro para salir del país y viajar a Estados Unidos. Un anticipo de que las relaciones no será para nada fáciles.
Sobre el tema específico cabe hacer varias digresiones para tratar de dimensionar el problema. La primera parte del culebrón comenzó con la decisión del juez del Tribunal Superior Federal (equivalente a la Corte) Alexandre de Moraes, viejo amigo de Lula y poder detrás del poder en Brasil, de ordenarle a Javier Bolsonaro entregar su pasaporte y prohibirle la salida del país. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, el juez está acorde a la ley en su requerimiento.
La legislación y los códigos determinan que cualquier delito imputado un Senador deba ser incoado ante el TSF, que es el encargado de juzgarlo. Moraes es el juez relator designado por ese tribunal, del que es miembro, es decir quien conduce el juicio. En esa capacidad puede pedir la entrega del pasaporte y prohibirle salir del país a un investigado, que es la situación legal de Flavio.
Debe hacerlo después de las 48 horas posteriores al acto eleccionario, porque los candidatos tienen inmunidad hasta ese momento. Eso es lo que hizo. De modo que formalmente tiene elementos contundentes que justifican su accionar, guste o no guste. Este punto es controvertido porque la ley también determina que se mantienen los fueros de Senador, lo que significaría que se requiere que el Senado levante sus fueros para poder aplicar cualquier medida restrictiva contra él. (Aunque se trata en este caso de una prohibición, no de prisión) Suficientemente confuso.
Las dudas y sospechas se deben dirigir entonces al juicio en sí. Se trata de una causa por lavado de dinero en la que el reciente candidato no está acusado ni procesado, y todavía no se han presentado ni obtenido pruebas. Nadie, menos esta columna, puede determinar con certeza si se trata de una causa inventada o si ésta tiene algún asidero. Se recordará que, en una rara coincidencia, el juez Moraes también fue el juez relator en el juicio por lavado de dinero y otro por subversión por los que fue condenado. De paso, en una doble función, de Moraes era presidente del tribunal electoral que inhabilitó a Jair para presentarse como candidato.
Aquí la defensa de Jair Bolsonaro -actualmente preso - y muchos juristas sostienen que el juicio no debió ser llevado a cabo por el TSF porque Jair ya no era presidente en el momento del juicio, con lo que debía juzgar un tribunal regular. Eso está aún en discusión.
Valdría aquí recordar que el juez Moro, que condujo el juicio por la causa del Lava Jato, donde se condenó a Lula, basó su principal estrategia en evitar que el caso recalara en la Justicia Federal, sabiendo que en ese fuero Lula contaba con el apoyo de varios de sus jueces, incluido Moraes. (Así lo cuenta en su libro el ahora gobernador)
Curiosamente el fallo fue anulado sin revisar la causa de fondo, sino por una cuestión de jurisdicción, ya que otro Juez del TSF resolvió que hubiese correspondido que el juicio se celebrara en ese fuero federal, porque se trataba de un presidente con fueros en el momento de cometer el delito. Otra vez curiosamente, Lula no era presidente en el momento de su juicio, con lo que no tenía fuero alguno y entonces no debió ser juzgado por el tribunal federal. El sistema de fueros no convalida delitos, con lo que lo que importa para determinar la jurisdicción es el momento del juicio, no el momento del delito.
¡Justamente lo que temía Moro que ocurriese!
Se recordará que el padre de Flavio, Jair Bolsonaro, fue juzgado y condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de estado por el mismo Moraes, o sea por el TFS, jurisdicción dudosa inventada para que lo juzgase ese fuero y lo salvase.
Es esa extraña suma de coincidencias, unido la prohibición de salir del país del excandidato en cuanto pasaron las 48 horas, lo que hace pensar que lo de ahora se trata de una persecución política y no de una mera decisión procesal. ¿El TSF es el titiritero de Lula, o Lula controla el TSF? El caso trae reminiscencias al accionar persecutorio de Maduro y su socio o jefe Diosdado Cabello, secretario general del Partido Socialista en Venezuela, para aumentar las sospechas.
Y aquí empieza el siguiente dolor de cabeza del gobierno. Ante la inminencia de una detención u otro accionar contra él, Jair decidió salir inmediatamente de su país (otra reminiscencia a Corina Machado en Venezuela) y asilarse en EE. UU. para lo cual debía pasar obligadamente por Argentina. Se produce entonces el silencio de radio sobre sus pasos, que para muchos fue coordinado como si fuera un plan de extracción de la CIA, y Bolsonaro llega a Iguazú y de ahí viaja a Estados Unidos. Hasta Trump fingió ignorancia.
En otra digresión, es interesante la unanimidad con que prácticamente todos los medios, redes y analistas hablaron de la “fuga” o la “huida” de Jair, en una bajada de línea evidente a la que el progrewokesocialismo y algunos otros extremistas del otro lado acostumbra a usar como política principal. Se trataba de crear la figura de un asaltante de bancos en el farwest perseguido por el sheriff y su patrulla. No hay ninguna prueba, indicio ni acusación judicial contra el reciente candidato.
Ayer Lula da Silva convocó a la agregada comercial argentina en Brasil, la única representante nuestra que queda, para pedirle explicaciones sobre la supuesta ayuda brindada a Jair Bolsonaro para “huir” de su país. Otro recurso dialéctico de la izquierda. Hace aparecer a su rival ideológico como cómplice de la “fuga” de un supuesto delincuente.
Difícilmente esa acusación tenga fundamento alguno, salvo el remoto caso en que algún funcionario argentino haya ayudado al traslado de Jair dentro de Brasil, lo que no parece haber ocurrido. Por todo el resto Argentina no le debe ninguna explicación a Lula ni a nadie. Bolsonaro entró al país con un pasaporte italiano legal y en regla. Hasta podría haber entrado con una cédula de identidad o documento equivalente si hubiera querido, porque el Mercosur no requiere otro documento y porque no había ningún aviso o requerimiento formal o informal de Brasil para impedir la entrada o detenerlo, y además no existe juicio alguno, con lo que cualquier pedido en ese sentido habría sido improcedente. Brasil tiene flojísimos controles, o ninguno, en esa zona fronteriza.
¿Cuál fue entonces la razón de ese reclamo agraviante del presidente brasileño? ¿Su enojo con Milei? ¿Presentar a Argentina como encubridora de delincuentes lavadores antipatria? ¿Hacer valer su autoridad como principal país de Sudamérica? ¿Buscar una excusa para endurecer aún más las relaciones? Cualquiera haya sido la causa, es una preocupación más a afrontar y seguramente profundizará la brecha entre los dos países.
El terrible accidente ferroviario en España, con algunos argentinos entre los pasajeros, fue otro tema angustiante para la sociedad argentina, que tiene lazos profundos con ese país, a cuyo Jefe de Gobierno insultó Milei, que ahora deberá expresarle sus condolencias, es de esperar. Complicado para el estilo del Presidente, poco apegado a las formas y a la buena educación.
En otro frente, el robo cibernético de 6 mil millones de dólares en Bitcoins, que pone en evidencia las debilidades de un sistema sumamente dudoso y misterioso, trae reminiscencias del caso $Libra, que para el común de los mortales es tan difícil de entender, como todo lo que tiene relación con las criptomonedas. No sólo por las complejidades técnicas, sino por las dudas sobre el esquema piramidal al que se parecen. Trump también inventó su moneda, que compraron millones de ilusos. Es una molestia para el Gobierno.
Por su parte, en el campo de la economía se han dado varias situaciones que no favorecen al gobierno, que dan la razón a algunos críticos u observadores a quienes no les cierra el supuesto plan económico.
La primera es la evidencia generalizada de que se está en un período de recesión económica, que ya el gobierno no puede negar. Probablemente inevitable en un país que sale de un desastre y que además debe salir de un default pagando su deuda, un pago significativo en los próximos meses. El Gobierno podría con justicia argumentar explicaciones por el estilo, pero se hace más difícil hacerlo después de sostener lo contrario durante tanto tiempo y con todo tipo de groserías y burlas que ahora se vuelven en su contra. Es sin duda, la confirmación de una mala noticia que caerá sobre LLA, aunque no tenga totalmente la culpa.
La brusca caída del Merval y los ADR en Wall Street son otra consecuencia relacionada que colaboran a ennegrecer el humor de un sector trascendente, rematando con el riesgo país que llegó ayer a los 790 puntos, la misma cifra que hace un año exactamente, que las autoridades habían sostenido que caería estrepitosamente y que el oficialismo minimizó bajo la fácil denominación de “riesgo kuka”, asumiendo que sus acciones y omisiones no tienen nada que ver con la delatora calificación del JPMorgan.
Y como si estas fueran pocas malas noticias, ayer la Procuraduría de Investigaciones Administrativas decidió impulsar la causa penal en el caso $Libra, que había sido cerrada por el Juez Martínez de Giorgi tras el insólito pedido del fiscal Taiano. La PIA no sólo tiene pleno derecho a hacerlo, sino que legalmente es el organismo adecuado para llevar adelante la acción correspondiente en casos de delitos de funcionarios. También impugnó el sobreseimiento del Presidente y resto de partícipes.
Además de volver a sentir el aliento en la nuca de una causa penal, el presidente puede llegar a arrepentirse de sus insultos y bravatas contra quienes simplemente informaron de la causa en su contra. Una pésima noticia que revive una compleja situación con ramificaciones inimaginables.
Al lado de todos estos acontecimientos, el miedo de Halloween parece lo que es: una simple broma de niños.