Cultura
ACERCA DEL FACTOR ECONOMICO EN EL DESENLACE DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Una reunión en agosto de 1944

POR NICOLAS LEWKOWICZ

Pocas conferencias tuvieron tanta repercusión en la historia europea moderna como la que la que tuvo lugar en el Hotel Maison Rouge de Estrasburgo el 10 de agosto de 1944.

En dicha oportunidad, altos mandos del Escuadrón de Protección (Schutzstaffel-SS), del Ministerio de Armamentos y de la Marina de Guerra alemana, además de representantes de conglomerados industriales como Krupp, Wolkswagen y Rheinmetall se reunieron para decidir cómo preservar el capital acumulado durante la guerra y ponerlo al servicio de una política comercial expansiva luego del fin de la contienda.

Es difícil, a la distancia, imaginar la posibilidad de una victoria alemana. La dudosa razón de no haber llevado a cabo la Operación León Marino (Sealion), que preveía la invasión de Gran Bretaña en 1940, así como la incapacidad de impactar en el aparato industrial de los Estados Unidos, además de los desastrosos efectos de la invasión a la Unión Soviética y la falta de voluntad de imponer una ideología un poco mas inclusiva en los territorios ocupados era factores que hacían imposible una victoria alemana.

Hacia agosto de 1944 los aliados habían desembarcado en Normandía. El éxito de la invasión anfibia fue coadyuvado por la ofensiva mortífera llevada a cabo por la Unión Soviética en el este (Operación Bagration). Ya se avizoraba la liberación de París y Varsovia. Solo quedaba la inquebrantable voluntad de las fuerzas del Reich (y simpatizantes de otros países europeos) de pelear hasta el final por una causa ya perdida.

De los documentos desclasificados de los EE. UU. se recaba que en la reunión del 10 de agosto de 1944 los conferenciantes fueron informados por un tal doctor Scheid de la SS (quien detentaba un rango equivalente al de teniente general), que la guerra estaba perdida y que los objetivos inmediatos se ceñían a resistir el avance soviético, cosa de poder escabullir el capital que permitiría la rehabilitación económica alemana en la posguerra. El doctor Scheid respondía a Heinrich Himmler, quien manejaba en nombre de la SS un vasto imperio industrial paralelo y albergaba la esperanza de conservarlo y alcanzar un arreglo político con los aliados occidentales.

Sin llegar a insubordinarse a Himmler, Scheid dio prioridad a la preservación del capital acumulado más que a la posibilidad de que este sirviera para preservar el estado nacionalsocialista.

TRES NODOS

Durante la reunión en el Maison Rouge se decidieron tres pasos a seguir. En primer lugar, se puso en marcha la fuga de capital físico e intangible hacia el extranjero. Se establecieron compañías para acoger las divisas, metales preciosos, obras de arte, patentes industriales, procesos técnicos y demás; todos estos acumulados a través de la maquinaria industrial sustentada por el trabajo esclavo y la expoliación de territorios ocupados. Cabe recordar que, según el historiador Richard Overy, la capacidad industrial de Alemania creció un 60 por ciento durante el periodo que va de 1942 a 1944, gracias a la racionalización impuesta por Albert Speer, ministro de Armamento del Reich.

Segundo, se preveía que Suiza (gracias a sus estrictas leyes de secreto bancario y cooperación tácita en el terreno financiero con el Reich), además de España y Portugal (gobernados por Franco y Salazar, y por ende no necesariamente hostiles hacia el nazismo), serían bases de operaciones para reciclar el capital acumulado en el continente americano. Tercero, se preveía también que para asegurar estos objetivos, se establecería una línea de defensa dirigida a proteger la fuga de capital y personas involucradas en la maquinaria industrial y militar del nazismo.

TEORIA CONSPIRATIVA

No hace falta entrar en revisionismos extremos para deducir que las cuestiones económicas prevalecieron sobre las ideológicas para los poderes en las sombras. Desde la declaración de rendición incondicional proclamada por los aliados en la conferencia de Casablanca de 1943 se sabía que una derrota alemana acarrearía el sometimiento del Estado alemán a los aliados. No solamente una rendición militar.

De ahí que el golpe de julio de 1944 —encabezado por Claus von Stauffenberg— no hubiera tenido apoyo por parte de las fuerzas aliadas, a las cuales nunca se le ocurrió firmar una rendición que no incluyera a la Unión Soviética. La derrota alemana sirvió para encauzar el sistema económico acaudalado durante la guerra de acuerdo a las necesidades de Estados Unidos. La Unión Soviética, a diferencia de lo que alguna vez dijo el General George Patton, no era el real enemigo a vencer. Moscú no competía con Washington en el campo económico.

Lo que se trataba de evitar no era la rehabilitación económica de Alemania, sino su capacidad de actuar con autonomía política. El elusivo enemigo a vencer a futuro era la posibilidad de una Alemania independiente capaz de unificar el continente europeo bajo sus propios lineamientos políticos, fueran estos de corte nacionalsocialista o de cualquier otra variante.

Hacia 1944, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos pusieron en marcha la Operación Puerto Seguro (Safehaven), que preveía trazar la fuga de capital puesta en marcha por una Alemania casi derrotada. El objetivo político de esta operación era asegurarse de que el capital en fuga no sirviera para promover un resurgimiento del nazismo. Las realidades políticas del periodo inmediato al fin de la Segunda Guerra Mundial crearon la necesidad de permitir la utilización de buena parte de ese capital en la rehabilitación económica de Alemania Occidental y el acotamiento del proceso de desnazificación en beneficio de quienes lucraron con la maquinaria industrial nazi.

El gobierno de Bonn, en cuarentena geopolítica, dio marcha al milagro económico alemán, que no fue otra cosa que la utilización de la capacidad industrial acumulada durante la guerra para unificar la zona mas productiva de Europa en un mercado común de acuerdo a los principios del liberalismo político y económico de los Estados Unidos.

El Plan Marshall sirvió como instrumento político para acelerar la reconstrucción económica y asegurar el vasallaje político de Europa Occidental, aun vigente en nuestros días.