La histórica Plaza de Mayo no fue anoche un escenario de reclamos, sino una gigante pista de baile al aire libre donde la espiritualidad y los beats electrónicos se fundieron en un abrazo inédito. Una multitud colmó cada rincón del centro porteño para rendir un homenaje vibrante al Papa Francisco, a casi un año de su partida.
Los otganizadores señalaron que hubo unas 500.000 personas en lla Plaza, pero fuentes de las fuerzas de seguridad hablaron de 120.000 y desde el Gobierno de la Ciudad cifraron en 200.000.
Desde temprano, el clima que se respiraba era de una celebración comunitaria única. Decenas de jóvenes ya instalados en rincones para asegurarse un buen lugar frente a la Pirámide de Mayo se mezclaban con familias enteras con carritos de bebés, grupos parroquiales y monjas que agitaban banderas y celulares con la misma energía que cualquier fan en un festival de música.
La multitud fue tal que las avenidas de Mayo y las Diagonales Norte y Sur quedaron totalmente desbordadas, lo que remarcaba la gran convocatoria con la que cuenta el Padre Guilherme en el mundo. Intentar acercarse cerca de la tarima central fue una odisea para quienes llegaron más tarde. Por suerte, la organización de la Fundación Miserando, a cargo de la propuesta, instaló pantallas LED gigantes a lo largo de estas arterias para que nadie se perdiera el despliegue técnico de este "cura DJ" que vino a derribar barreras.
Si las expectativas eran altas en la multitud, bastó que el cura apareciera detrás de la consola para que la multitud estallará en aplausos. Con una precisión técnica asombrosa, este sacerdote portugués, que fue capellán en Afganistán, desplegó un concierto de más de dos horas que fue puro techno.
Sin duda alguna, el momento de mayor impacto emocional para los presentes ocurrió cuando las pantallas gigantes comenzaron a proyectar imágenes del Papa Francisco. En ese instante, los beats electrónicos se fundieron con la voz del pontífice a través de fragmentos de sus encíclicas e intervenciones inspiradas en sus documentos papales.
La energía alcanzó su punto máximo cuando logró conectar de manera profunda con los jóvenes y familias presentes, promoviendo la "cultura del encuentro" que tanto impulsó el Papa durante su trabajo en el Vaticano y que también reflejó una Iglesia que busca nuevos lenguajes para transmitir su mensaje. Así, sin decir una sola palabra, el cura DJ logró que cientos de miles de almas celebraran juntas el legado de Francisco en una noche cargada de emoción y esperanza.
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