Por Juan Ruiz
El pasado 9 de octubre se conmemoró en nuestro país el Día de Concientización de la Enfermedad Cardiovascular en la Mujer, una iniciativa impulsada por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que desde hace varios años procura que esa fecha sea instituida por ley.
Según informa la entidad en su sitio web, las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de morbimortalidad entre las mujeres. Sin embargo, la percepción de ese riesgo sigue siendo escasa en la población femenina, lo que dificulta la prevención, favorece las consultas tardías y aumenta las probabilidades de desenlaces fatales por diagnósticos tardíos o erróneos.
Esta realidad otorga a la incansable labor de los integrantes de la SAC una relevancia que trasciende el ámbito estrictamente médico y compromete a la sociedad en su conjunto. Las muertes que podrían evitarse mediante la prevención y el tratamiento oportuno no solo afectan a las pacientes, sino también a sus familias y a su entorno social. A ello se suman los costos que deben afrontar el Estado y las obras sociales cuando la atención llega tarde y las posibilidades terapéuticas se ven seriamente limitadas.
Por eso resulta incomprensible que una tarea de difusión sostenida durante años, con encomiable perseverancia, no encuentre una respuesta acorde de quienes tienen no solo la facultad, sino también la responsabilidad de promover políticas públicas que contribuyan a proteger la salud de la población.
En 2023, el senador nacional Eduardo Vischi promovió un encuentro en el Senado con la participación de autoridades de la SAC, con el propósito de instalar el tema en la agenda pública y destacar la importancia de prevenir y detectar a tiempo las enfermedades cardiovasculares en las mujeres. Posteriormente, presentó un proyecto de ley para instituir el 9 de octubre de cada año como Día Nacional de la Concientización de la Enfermedad Cardiovascular en la Mujer.
Sin embargo, el reconocimiento legislativo de esta iniciativa y la mayor difusión que podría generar no parecen figurar entre las prioridades de nuestros representantes. Al parecer, hay otros asuntos que reclaman su atención, aunque cueste comprender cuáles podrían ser más importantes que contribuir a salvar vidas.
Así, el proyecto de Vischi quedó relegado en el Senado hasta perder estado parlamentario, lo que obligó al legislador a reproducirlo en 2025. La iniciativa volvió entonces a quedar expuesta al riesgo de una nueva caducidad, mientras la indiferencia de sus pares amenaza con frustrar otra vez su tratamiento. Según los antecedentes de la iniciativa, el senador Abdala también intervino para impulsar su continuidad.
Más allá de la llamativa indiferencia que exhibe el Congreso Nacional frente a una cuestión de semejante importancia sanitaria, hay un aspecto que provoca todavía mayor perplejidad: que esa desatención persista en un ámbito en el que tantas mujeres ocupan bancas. Resulta difícil comprender que no se impulse con igual empeño una iniciativa vinculada con la salud y la prevención de muertes evitables, cuando hubo una legítima y decidida movilización para alcanzar la paridad de género en la representación parlamentaria.
Cabe esperar que más de tres años de demora hayan sido suficientes para que nuestros representantes en el orden nacional repliquen lo que hicieron ya varias provincias sancionando leyes de reconocimiento y asuman su responsabilidad de acompañar la labor de la SAC para que el proyecto obtenga, al menos, media sanción del Senado antes de que concluya el período legislativo.
La expectativa no es menor: el temprano despliegue de las campañas electorales suele desplazar las prioridades parlamentarias y reducir la actividad legislativa, absorbida por las disputas en torno al poder. Sería lamentable que, una vez más, la competencia política terminara relegando una iniciativa cuyo propósito es tan elemental como impostergable: contribuir a que menos mujeres mueran por enfermedades que pueden prevenirse o detectarse a tiempo.