POR IGNACIO BRACHT
España se coronó como Campeón Mundial derrotando a la Argentina con absoluta claridad y manejo inteligente y paciente del juego, donde neutralizó a nuestra selección, como lo había hecho en la semifinal con Francia, sin que sus cuatro flechas, con Mbappe a la cabeza, casi, pudieran lastimarla. En Argentina, descolló en la final Dibu Martínez que recibió más de 16 tiros de los españoles, mientras el arquero español ni se despeinó durante el encuentro ante la impotencia ofensiva argentina. Dicho esto, que España fue un justo ganador e indiscutible campeón, resaltando la actitud de Argentina de sufrir resistiendo hasta finalizar del alargue en tiempo complementario, quiero introducirme en facetas que van más allá de la final y sus emociones.
Finalizado el partido hubo hechos de pugilato entre jugadores de ambos equipos, que si bien me disgustan, como amante del fútbol que soy, he visto muchas situaciones similares a lo largo de mi vida, ni hablar de partidos de la Copa Libertadores, genuinos campos de batalla, pero donde tomo en cuenta la adrenalina, la tensión mantenida, los cruces de palabras durante el partido entre los jugadores, donde no todos, sino aquellos de temperamento más explosivo, se desatan cuando el árbitro pita el final.
JUSTAS CRITICAS
Ahora bien, hay hechos que fueron notorios: aplacados los ánimos, los jugadores de España le hicieron un corredor a los argentinos, aplaudiéndolos, cuando estos se dirigían a recibir la medalla de plata por su condición de subcampeones. Además la gran mayoría de los españoles saludaron con cortesía al capitán argentino. Por el contrario, cuando España recibió la copa, el seleccionado argentino no aplaudió y dio la espalda al ganador. Una imagen que recorrió el mundo, generando críticas a nuestro equipo, a mi entender con justa razón.
Aclarado esto, vale recordar que en la final de Qatar, Francia se retiró del campo cuando la Argentina alzó la copa mundial, y este hecho no levantó la polvareda como en el presente. A diferencia de Francia, cuando en el mundial de Rusia Croacia fue derrotada por los galos, los croatas permanecieron en la cancha aplaudiendo al ganador con hidalguía (una tradición que se mantiene en el rugby o el tenis).
Si bien el reglamento de la inefable FIFA no obliga al perdedor a permanecer en la premiación al ganador, nobleza obliga a ser gallardos derrotados. A mi parecer la Argentina debería haber tragado saliva y, en pocos minutos, saludado con un aplauso al conjunto español. Esos minutos nos habrían ahorrado críticas honestas y de las otras, que se solazaban por su antiargentinismo manifiesto.
IMBECILIDAD
En segundo lugar pasemos a los cretinos y descerebrados. Luego del triunfo ante Inglaterra, no llegando a 2.000 argentinos residentes en Madrid, una absoluta minoría de los cientos de miles que viven en España, en la Plaza Mayor, a la par que festejaban el triunfo sobre los ingleses, se encararon con los españoles (con quienes ya íbamos a la final) , al grito de "el que no salta es español" o "españoles hijos de fruta", dando una muestra de imbecilismo superlativo al insultar al país donde residen, trabajan y en muchos casos han tenido hijos.
Del lado español, luego de la final un grupo de energúmenos le propinó una brutal paliza en el metro de Madrid a un argentino que llevaba puesta la camiseta nacional. Lo sucedido en la provincias vascongadas y en algunos lugares de Cataluña, donde bandas de forajidos separatistas atacaron con brutal violencia a otros compatriotas que estaban en bares o plazas hinchando por la selección de España, son muestras de que cretinos marsupiales los hay en todas las latitudes.
Fuimos muchos los argentinos que celebramos el triunfo de España sobre Francia, como los españoles que celebraron que Argentina venciera a Inglaterra, en ambas semifinales. El lúcido historiador y periodista español Fernando Paz lo hizo público con un comentario: "Malvinas Argentinas, Gibraltar Español".
En tercer lugar quiero ocuparme de la prensa deportiva "madridista", rabiosa e históricamente anti Messi, por su paso descollante por el Barcelona. No dejó de hostigarlo durante todo el Mundial, como si el capitán argentino, a mi parecer el mejor jugador de todos los tiempos, entre los más grandes del deporte de la pelota (con seis mundiales jugados, tres veces finalista y una ganada, como dos Copas Américas), fuera culpable de haber sido fichado a los 13 años por el club catalán. Si lo hubiera hecho el Real de Madrid, seguramente no habría sido criticado con ponzoña y por el contrario exaltado hasta el paroxismo. El que esto suscribe no tiene ninguna simpatía por el Barcelona, pringada su directiva de separatismo, pero que no lo toca a Messi, que en su paso por allí solo se dedicó a jugar y a cansarse de ganar con su magia y lustre.
ANTIGUA UNION
España es el país donde más argentinos residen y la Argentina el que más españoles acoge, en su gran mayoría gallegos, asturianos y vascos, con familias entrelazadas, Atlántico de por medio.
La hermandad entre España y la Argentina es de largo aliento y no puede verse opacada por una final de fútbol, que deberíamos levantar como un encuentro hispano, más aún cuando la FIFA de Gianni Infantino, quitó al español de las comunicaciones internas y oficiales, teniéndose que fumar luego que la final del Mundial se jugara y hablara (con carajeadas incluidas) en español, una final entre hispanos, algo que no sucedía desde el primer mundial de 1930, entre Uruguay y la Argentina.
Los que consideramos a la Hispanidad como una cosmovisión común que nos identifica, con nuestro rico pasado, la lengua que nos une, habíamos deseado que esta final hispana resaltara los lazos de unión, y que no se convirtiera en una riña de gallos. En este punto ambos gobiernos nacionales son responsables de no haber explotado este hecho; pero es evidente que ambos no lo sienten ni consideran.
Tengo grandes y queridos amigos en España, país al cual siento como propio, y a los cuales les hice llegar mi felicitación por el merecido triunfo que obtuvieron, apenas terminado el partido. Lo lamentable, y aquí señalo al presidente de la AFA, el hoy con temas judiciales complicados "Chiqui" Tapia, es que como autoridad máxima del fútbol argentino no diera instrucciones a nuestros jugadores de saludar en el acto de cierre la entrega del máximo trofeo a España.
Unos minutos que hubieran llenado de grandeza a nuestro seleccionado ante el mundo, quitándoles un argumento a aquellos que por una o por otras nos detestan. Claro está que no se pueden pedir peras al olmo. Más aún, cuando gran parte de nuestros jugadores, además de Messi, hicieron carrera en clubes españoles y algunos juegan allí hoy.
ALGO DE HISTORIA
Yendo a la historia contemporánea, que nada tiene que ver con el fútbol, pero sí con los lazos que nos hermanan, durante la sangrienta Guerra Civil Española iniciada en 1936, la diplomacia argentina encabezada por el entonces embajador, Daniel García-Mansilla, y por el jefe de legación, Edgardo Pérez Quesada, junto a otras delegaciones hispanoamericanas, se dedicaron a salvar miles de vidas, dando asilo y evacuando a Francia, Italia y Portugal, en buques de la Armada Argentina, a personas en número, que hubieran sido asesinadas por el terror rojo.
Años después, finalizada la Segunda Guerra Mundial, los vencedores le impusieron a España un bloqueo y aislamiento; los embajadores fueron retirados, permaneciendo muy pocos como las embajadas del Vaticano, Portugal y la Argentina. No siendo peronista, nunca me cansaré de resaltar la actitud del gobierno del general Juan D. Perón, quien en su primera presidencia ayudó a España con barcos cargados de granos y alimentos, y el viaje que hizo Eva Perón en 1947, marcando la hermandad entre ambos pueblos.
Una final de fútbol, donde España fue una justa vencedora, no puede empañar la hermandad que nos une, siendo una pena que por ignorancia o ideologismo, no haya sido resaltada como una final de la Copa del Mundo de matriz hispana, moleste a quien moleste. Somos muchos los argentinos y españoles que así lo sentimos y sostenemos. Una oportunidad perdida, lamentablemente.