El eco fantasmal de un Koto
Por Natsume Soseki
Nórdicalibros. 72 páginas
El koto es el instrumento de música tradicional de Japón. Una cítara larga de madera de trece cuerdas. El eco de ese instrumento en el Japón moderno alude, de algún modo, a un pasado que irrumpe en el presente y que lo tensiona. En esa tensión entre tradición y modernidad se mueve toda la obra de Natsume Soseki (Tokio, 1867-1916), considerado el principal escritor de ficción del Japón moderno.
En este encantador relato, uno de los menos conocidos de Soseki, esa tensión se encarna entre una criada anciana y crédula y su joven patrón, Yasuo, un abogado de 23 años, que “no quiere renunciar a la razón y el sentido común”.
La mujer advierte a Yasuo con insistencia sobre una maldición que pone en riesgo la vida de su prometida, y que sólo podría conjurarse si él se muda de hogar. Y ese hombre, que se muestra racionalista y desdeñoso sobre cualquier presagio, termina por caer víctima de su modernidad.
Porque el joven abogado, que es quien narra la historia, está también pendiente de las modas y de las opiniones dominantes. Y por ese camino sucumbe junto a sus certezas. Cae por sugestión. Y lo hace cuando una segunda persona, un amigo intelectual, encuentra en la ciencia de ese momento bases racionales para dar crédito a los fenómenos paranormales de los que le habla su criada.
Soseki es un novelista entre dos mundos. Escribe cuando se suponía ya que los fantasmas habían pasado a ser algo perimido en Japón tras la restauración de la dinastía Meiji.

La maestría del autor está en la forma en que trae esos fantasmas al presente; en la forma en que va preparando la claudicación de esa mente moderna que se derrumba en una espiral delirante de temor. Un temor infundido por otros y que gira en torno a una gripe rara y virulenta.
La obra cobra así, en forma inesperada, más actualidad de la que podía suponerse. Porque la espiral delirante de temor que arrastra a Yasuo a temer la muerte de su prometida y hasta la de él mismo, tiene hoy ecos de un pasado que debería avergonzar a la humanidad.
El modo en que Soseki proyecta la angustia del personaje hasta volver lóbrego al ambiente todo, y la forma en que ese joven se repliega sobre sí mismo hasta ser consciente incluso de sus propios latidos, y hasta quedar paralizado, es el gran mérito de la novela. Revela un poder de observación y perspicacia poco frecuente, y un notable pulso para arrastrar de un lado a otro a su protagonista y, junto con él, al lector.
En cierto momento, de entre un puñado de racionalistas que se encuentran en una barbería y se mofan de aquellos que todavía creen en espíritus en una época que ya conoció la electricidad, surge la advertencia: “Saben (los espíritus) que en nuestro corazón anida el miedo”.
Tradición y modernidad, razón y superstición, se dan la mano en este bello relato escrito en 1906, que llega de la mano de Nórdica traducido al español por Oscar Tejero y con presentación de Mariana Enrique.