Hay noticias que por su estridencia ocupan durante horas las pantallas y desaparecen al día siguiente. Hay otras, más silenciosas, que merecerían permanecer. El estreno del documental Las Razones de Malvinas pertenece, a mi juicio, a estas últimas.
No solamente por Malvinas, que sería razón suficiente, sino porque detrás de este trabajo hay algo particularmente valioso: jóvenes argentinos que decidieron preguntarse por qué las islas importan, estudiar sus fundamentos y encontrar un lenguaje capaz de transmitirlos.
Para quienes desde hace años insistimos en que la Causa Malvinas no puede quedar reducida a una fecha del calendario, este documental constituye una grata noticia. Demuestra que la posta puede ser recibida. Que hay una generación dispuesta no sólo a recordar, sino también a comprender; no sólo a emocionarse, sino a estudiar; no sólo a repetir que las Malvinas son argentinas, sino a preguntarse por qué lo son y qué significan para el futuro de nuestra Patria.
Ese es, quizás, el primer gran mérito de Las Razones de Malvinas. Su propio título encierra una definición: una causa nacional necesita razones. La emoción es indispensable, la memoria de nuestros muertos es sagrada y el testimonio de los veteranos constituye un patrimonio moral que debemos preservar. Pero una causa que pretende atravesar generaciones necesita también conocimiento, argumentos y comprensión.
TIERRA Y MAR
El documental se anima a recorrer ese camino. Parte de una sugerente interpretación de la historia universal: la antigua tensión entre la Tierra y el Mar. La primera representa el arraigo, el territorio, los límites y la soberanía; el segundo, la movilidad, las comunicaciones y la proyección del poder. Desde esa perspectiva recorre la construcción histórica del poder marítimo británico y su búsqueda de posiciones desde las cuales controlar rutas y espacios estratégicos.
Gibraltar, Santa Elena, Ciudad del Cabo y otros enclaves distribuidos a lo largo de las grandes rutas marítimas permiten comprender que Malvinas no puede analizarse como un punto aislado en un mapa. Cuando ampliamos la mirada aparece el Atlántico Sur. Aparecen los pasos entre el Atlántico y el Pacífico, las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur, las enormes extensiones marítimas y, finalmente, la Antártida.
Entonces comprendemos que el valor de Malvinas excede ampliamente la superficie terrestre de las islas.
El documental recorre también las riquezas existentes y potenciales de ese espacio: hidrocarburos, pesca, krill y recursos minerales. Es una dimensión imprescindible porque las grandes potencias rara vez separan geografía, economía y estrategia. Pero existe algo todavía más permanente que los recursos: la posición.
Los recursos pueden aumentar o disminuir su valor. Nuevas tecnologías pueden volver rentable mañana aquello que hoy no lo es. La geografía, en cambio, permanece. Por eso Malvinas fue importante en el siglo XIX, lo fue en 1982 y continuará siendo importante durante las próximas décadas.
Malvinas exige dos miradas simultaneas: la de 1982, que nos recuerda la Gesta y el sacrificio, y la de 2050, que nos obliga a pensar la soberanía y el futuro.
UNA LARGA HISTORIA
Otro acierto del documental consiste precisamente en recordarnos que Malvinas no comenzó el 2 de abril de 1982. Existe una larga historia anterior: los antecedentes españoles, la administración de las islas, la sucesión de derechos después de la Independencia, la toma de posesión realizada por David Jewett en 1820, el establecimiento argentino, la ocupación británica de 1833 y los posteriores reclamos diplomáticos hasta la consideración de la cuestión por las Naciones Unidas.
Cada uno de estos asuntos merece estudio y profundización. Pero el documental consigue algo pedagógicamente fundamental: colocar 1982 dentro de un proceso histórico mucho más extenso. Porque si Malvinas comenzara en 1982, podría parecer que terminó el 14 de junio. Si comprendemos, en cambio, que aquella guerra constituye un capítulo de una historia anterior y posterior, advertimos que la cuestión permanece abierta y que cada generación recibe una responsabilidad.
Naturalmente, llega 1982. Y allí están nuestros combatientes.
Los hombres del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea; quienes combatieron en tierra, mar y aire; quienes regresaron y quienes permanecieron para siempre custodiando nuestras islas y las aguas del Atlántico Sur. Los 649 argentinos que entregaron su vida.
LA GESTA
Desde hace años sostengo que Malvinas debe ser comprendida también como una Gesta. Esto no significa desconocer errores políticos, diplomáticos o militares. Una nación madura estudia sus decisiones y aprende de ellas. La Gesta pertenece a otro plano: está en el sacrificio del hombre concreto, en el soldado, el marino y el aviador; en el camarada; en las familias que esperaron; en quienes volvieron llevando para siempre aquella experiencia y en quienes quedaron en la turba malvinera o en las profundidades del mar.
El documental comprende esta dimensión. Después de recorrer geografía, historia, recursos, derecho y estrategia, vuelve finalmente al hombre. Era necesario que así fuera.
EDUCACIÓN Y SOBERANÍA
Pero hay algo más que explica por qué este trabajo me ha producido una especial satisfacción.
Quienes llevamos años trabajando en la difusión de la Causa Malvinas sabemos que uno de nuestros mayores desafíos no consiste solamente en recordar, sino en transmitir. Esa convicción nos llevó también, desde el Instituto ELEVAN, a desarrollar la Diplomatura Malvinas: Educación y Soberanía. El nombre no es casual. Educación y soberanía están íntimamente vinculadas porque difícilmente pueda ejercerse soberanía sobre aquello que una Nación ha dejado de conocer, valorar y comprender.
Enseñar Malvinas, entonces, no consiste solamente en enseñar la guerra. Significa conocer su historia, comprender la geografía del Atlántico Sur, estudiar nuestros fundamentos, observar sus recursos y rutas marítimas, pensar la Antártida, analizar los intereses de las grandes potencias y preguntarnos qué lugar ocupará todo ese inmenso espacio en la Argentina del futuro.
La soberanía comienza también en la inteligencia.
Y aquí reside, para mí, el valor más profundo de Las Razones de Malvinas: son jóvenes quienes han asumido la tarea de transmitir todo esto.
Estamos demasiado acostumbrados a escuchar que las nuevas generaciones no se interesan por nuestra historia, desconocen el pasado y viven pendientes de la inmediatez; que palabras como Patria, soberanía, sacrificio o bien común han perdido significado.
Quizás generalizamos demasiado.
Este documental demuestra que existe otra realidad. Hay jóvenes que preguntan, investigan y estudian; que trabajan juntos y utilizan las herramientas audiovisuales de su tiempo para transmitir una causa recibida de quienes los precedieron.
Eso merece ser reconocido.
Quienes tenemos algunos años y hemos dedicado buena parte de nuestra vida a enseñar, escribir, hablar y mantener viva la Causa Malvinas tenemos también una obligación: saber reconocer cuándo una nueva generación toma la posta.
No necesitamos que repita exactamente nuestras palabras. Necesitamos que comprenda las razones y encuentre después su propio lenguaje para transmitirlas.
Un documental como éste posee precisamente esa virtud. Puede llegar allí donde muchas veces no llega un libro, una conferencia o una clase. Puede circular por las redes, entrar en una escuela, generar una conversación familiar o llevar a un adolescente, quizás por primera vez, a detenerse frente a un mapa del Atlántico Sur y preguntarse qué significa realmente ese pequeño conjunto de islas que desde niño aprendió a reconocer como argentinas.
Eso también es hacer soberanía.
Después de ver Las Razones de Malvinas quedan datos, argumentos y también interrogantes que invitan a continuar estudiando. Pero en mi caso quedó, por encima de todo, una sensación de esperanza.
Porque la Causa continúa. Porque hay una generación dispuesta a recibirla. Porque nuestros veteranos pueden comprobar que su testimonio encuentra nuevos oídos. Porque nuestros muertos siguen presentes en la memoria de la Patria.
Durante años hemos repetido una frase que sintetiza nuestra convicción: La Gesta continúa.
Continúa en el veterano que da testimonio, en el maestro que enseña, en el investigador que busca la verdad, en el diplomático que sostiene nuestros derechos, en el militar que se prepara para servir a la Nación y en las familias que conservan la memoria.
Pero continúa también cuando una nueva generación descubre que Malvinas no es solamente algo que debemos recordar cada 2 de abril.
Por eso celebro Las Razones de Malvinas. Porque quizás la mejor noticia que nos deja este documental no esté solamente en aquello que dice sobre nuestro pasado, sino en quienes decidieron realizarlo.
Mientras haya jóvenes argentinos dispuestos a preguntarse por las razones de Malvinas, tendremos razones para mantener intacta la esperanza.