Desde hace más de 21 años Graciela Fatala lleva ayuda a los más necesitados en puntos estratégicos del país. Además, junto a sus colaboradores, construye plazas blandas en los hospitales porteños. En el mes de abril, serán desalojados.
Cuando en el año 2002 Valeria Fernández Fatala logró vencer al cáncer con apenas 21 años de vida decidió devolver un poco toda la ayuda que había recibido a lo largo de su lucha contra la enfermedad. A su lado estaba Graciela, su mamá, que no dudó en acompañarla en esta cruzada solidaria. Lamentablemente Valeria tuvo una recaída en 2006 y cuando cumplió 29 años falleció.
Pero Graciela decidió continuar la obra que habían comenzado juntas que crecía día a día. Así, transformó el dolor de perder a su hija, en amor hacia los niños y familias que necesitan una ayuda.
Hoy, 21 años después, la Asociación Civil Abre tus Brazos se encuentra en una encrucijada difícil de atravesar: en el mes de abril serán desalojados de su espacio debido a que en el lugar construirán un edificio nuevo.
“Siento que llevo pidiendo ayuda toda la vida. Arrancamos en el 2009 solicitando a través de una carta a Alicia Kirchner y a la Onabe que es el organismo que maneja las herencias vacantes para ver si podíamos conseguir un lugar para mudarnos”, cuenta Graciela.

Graciela Fatala en un rincón de la fundación que pronto tendrá que dejar.
“En el año 2011 me contacté con Maria Eugenia Vidal y con Patricia Bullrich en 2016. Fui a a Dirección de Participación Comunitaria ese mismo año. En 2019 le conté nuestra situación a Diego Santilli, pero en ningún caso tuve respuestas”.
La casa que ocupa Abre tus Brazos sobre la calle Cramer, esta inundada de donaciones que las voluntarias seleccionan y separan minuciosamente para ser enviadas a los diferentes lugares del país en que la Asociación tiene sus centros.
“Nosotros separamos todas las donaciones y vemos que estén en condiciones. Cuando vienen cosas sucias las lavamos y chequeamos que los juguetes funcionen”, dice Fatala.
Abre tus Brazos no recibe ayuda estatal y todo lo que recauda es gracias a la donación de particulares que, enterados de la labor de Graciela y sus voluntarias, decide donar. “Nosotros no tenemos subvenciones de ningún tipo, solo contamos con la ayuda de particulares. Amigos, conocidos de amigos. Esporádicamente alguna empresa dona algo pero dependemos enteramente de la donación del particular”, explica la responsable de tamaña tarea.
Y aunque el mes de abril parece lejano, los tiempos se acortan para dar con un lugar que oficie de centro para la Asociación. “La Onabe me contestó por carta que no tenía lo que nosotros precisábamos, pero yo nunca le dije lo que precisaba. Con Rodriguez Larreta estuvo una voluntaria que se lo cruzó en el café que desayunaba. Dijo que se iba a ocupar pero no pasó nada”, dice decepcionada.
Una luz de esperanza llegó el 8 de septiembre de 2022 cuando el entonces precandidato a Jefe de Gobierno Jorge Macri se acercó a la Asociación y se interiorizó de sus actividades. “Yo lo contacte a Macri cuando lleve a mis nietos a la Usina del Arte. Lo vi y le conté nuestra situación. Más tarde dio una charla en Almagro, que es donde yo vivo en la Comuna 5. Me anoté como oradora y nuevamente lo encaré. Un colaborador de él Jonathan nos vino a visitar para comprobar que lo que yo decía era verdad y después vino Macri que prometió su ayuda.”
Graciela Fatala no baja los brazos y por ello también se puso en contacto con la representante de la comuna 13, Florencia Scavino, quien le recomendó tener una reunión con la primera dama porteña, Belén Ludueña ocupada en tareas solidarias desde el ejecutivo porteño. Sin embargo, y a pesar de haber pedido la reunión, la misma sigue sin concretarse.
“Despues de 21 años de tarea social si no tenemos un lugar nos vamos a ver obligados a cerrar. Lo más grave es que esto se da en un contexto de extrema necesidad y que la gente que nos conoce ya espera nuestra ayuda en forma permanente”, dice Graciela con un gesto de desilusión en su rostro.
GRAN LABOR SOLIDARIA
El trabajo de Abre tus brazos se dirige principalmente a cumplir con la satisfacción de las necesidades básicas de la población más vulnerable: vestimenta, salud, educación. “Empezamos a trabajar con la orden religiosa de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María que es una orden religiosa que tiene hábito optativo...Nos conectamos con ellas para quedarnos tranquilas que todo llegue y no fuera utilizado políticamente. Necesitábamos que lo recaudado se destinara a la gente que realmente lo necesita”, explica Fatala.
Así, en la ciudad salteña de Embarcación se levantó la primera aula de computación que lleva el nombre de “Vale”. Luego llevaron ayuda a barrios perisféricos de Salta capital para luego dar el salto a la provincia de Formosa. Allí, en los cuatro centros que cuentan con la ayuda de la Asociación convirtieron a Valeria en “protectora”, mientras que en el Instituto Angelelli de Salta le cuentan a los jóvenes su historia en un aula que lleva su nombre.
Es en la ciudad entrerriana de Concordia donde Abre tus Brazos fundó la primera plaza blanda de su historia.
“Esta plaza blanda se encuentra en un gimnasio para que los papás y mamás puedan hacer deporte y tener a los nenes controlados”, cuenta Graciela.
Mas tarde llevaron su ayuda a las escuelas rurales de Misiones a través de la agrupación Alma en Movimiento. Pero más allá de la ayuda material, que cada vez es más necesaria en estos lugares donde Abre tus Brazos llega con sus donaciones, resulta fundamental también la capacitación y formación de la población más vulnerable. Por eso, los voluntarios de la Asociación organizan talleres de costura, carpintería, computación, peluquería y desarrollo de microemprendimientos como invernaderos, huertas, panaderías, entre otros.
“La semana pasada hicimos un envío de 85 bultos de telas para los talleres de costura de Salta y Formosa. La idea es que la gente pueda coser su ropa y también pueda hacer para vender. Así se le devuelve la dignidad a la gente, porque trabaja y lleva dinero a su casa”, cuenta.
OBRAS EN LA CIUDAD
Pero las tareas de Abre tus Brazos no solo están destinadas a las poblaciones vulnerables del interior del país, sino que la obra de Graciela y sus colaboradores se extiende también en la Ciudad de Buenos Aires. Aquí los destinatarios son los más pequeños que deben ser atendidos en los diferentes hospitales porteños. Así, junto al Ministerio de Salud porteño, construyen plazas blandas para aliviar la espera en los centros de salud.
“La primera que armamos fue en el Hospital Piñero. Trabajamos con las voluntarias en Neonatología y cuando nos llegan pañales, cochecitos, sillitas, etc. los mandamos allá. Además, hay abuelitas que tejen cuadraditos de 15 x 15 para hacer mantillas. Porque cada vez que un bebé abandona el hospital, cada mamá de lleva un kit con productos para su cuidado”, explica Graciela.
También hay plazas blandas producto de la labor de Abre tus Brazos en el Hospital Ramos Mejía, en Fundamind, el Hospital Pirovano, el Santojani y el Alvarez. “Tenemos pendientes al Hospital Elizalde y el Durand, pero todo depende de que tengamos un lugar para seguir funcionando. Sin un sitio se nos va a hacer imposible seguir y después de 21 años de tareas solidarias no nos va a quedar otra cosa que cerrar. Nos duele en el alma, pero necesitamos que alguien nos ayude a seguir ayudando”, concluye Graciela Fatala.