La película juega con el espectador. El título nos entusiasma con la posibilidad de acceder a un relato de terror. Su comienzo, al presentar los personajes, nos ubica en un pueblo de las afueras de la zona urbana y con la explicación que da cada uno de ellos de sus condiciones para curar. Resignados, sin resentimientos, a ser víctimas del olvido estatal sanitario han desarrollado sus habilidades para curar, ya sea con el centímetro, con la mirada o con algún sapo amigable. La llegada de la ambulancia, hecho insólito en la zona, con la vecina Irma depositada en la cama familiar para su convalescencia, despierta la idea en el espectador de que todo va a ser un relato de suspenso adornado con algún veneno casero o rituales de magia suburbana. Pero nada. La historia se va ahora a referencias sobrenaturales donde la luz mala, la internacional dama blanca que se cruza en la ruta, empiezan a tomar importancia y surge la existencia del telúrico Jorge, algo así como un brujo bueno y de mal carácter que cura con medios que los maridos reprueban y las vecinas veteranas dicen imaginarse de qué se trata.
Pablo Aparo y Martin Benchimol son originales y jóvenes directores, constructores de un relato de humor negro, donde se cruza la ficción y la realidad con vecinos de una localidad de nombre El Dorado. Dignos personajes que parecen salidos de las páginas de autores como Payró ("Pago Chico) o Ayala Gauna ("Los casos de Don Frutos Gómez") y que sólo necesitan a Ubaldo Martínez, un gran actor casi olvidado, para personificar al comisario don Frutos Gómez que sabiamente resolverá el caso de "espanto" planteado en la película.
Lenguaje narrativo, dirección de actores, montaje son los puntos altos de un sólido relato, con humor y cuidados detalles formales.
Calificación: Muy Buena