Por el blog Pro vita & famiglia nos enteramos de lo sucedido a uno de los mejores obispos italianos, Antonio Suetta, con motivo de haber dado el nombre de las víctimas de los abortos a una campana.
Todos los días a las 20 el repique de la campana por la vida recuerda a tantos niños asesinados. Durante el año 2025 con 75 millones de víctimas fueron la primera causa de muerte en el mundo.
Como señala el blog, “no es un juicio o condena, sino un signo de piedad humana y cristiana por una tragedia”.
Pero bastó la ocurrencia del obispo de Ventimiglia-San Remo para que llovieran sobre él los ataques de los enemigos de la vida, de la libertad y de Dios.
Y allí se sumaron los medios progresistas de comunicación, dirigentes del Partido Democrático, centros sociales y círculos transfeministas, centros estudiantiles de izquierda y hasta la consejera de Liguria para la igualdad de oportunidades, le escribió al papa León XIV para quejarse.
Los quejosos no podían aceptar que monseñor Suetta no solo recuerde que la vida es preciosa, sino que es sagrada, como don de Dios.
INSULTOS Y AMENAZAS
A esto se deben agregar los insultos y amenazas personales que el obispo ha recibido, pagando muy caro su coraje de haber levantado la cabeza contra el régimen de lo “políticamente correcto”.
Hace un tiempo escribimos una nota elogiosa acerca de las campanas y de su papel inmutable en la tradición cristiana.
Y en el mismo recordábamos las palabras del cardenal Luis Eduardo Pie: “La herejía no quiere las campanas. Preguntad a Lutero y a Calvino. No las quiere porque la campana sigue siendo ortodoxa, porque su voz no cambia para prestarse a la disonancia de la doctrina o a las alteraciones del dogma. La campana no es apóstata”.
Y ya que estamos con el inolvidable obispo de Poitiers, vayan unas palabras suyas especiales para nuestros días para los católicos argentinos, incluyendo a nuestros obispos: “Si estáis condenados a ver el triunfo del mal, no lo aclaméis jamás. No digáis nunca al mal eres el bien; a la decadencia eres el progreso; a la noche eres la luz; a la muerte, eres la vida. Santificaos en el tiempo en que Dios os ha colocado, gemid por los males y desórdenes que Dios tolera; oponedle la energía de vuestras buenas obras y de vuestros esfuerzos, mantened toda vuestra vida pura de errores” (citado en el libro del Padre Alfredo Sáenz, El cardenal Pie. Lucidez y Coraje al Servicio de la Verdad, (Nihuil-Gladius, 1987, p.63).
Estas palabras son encarnadas hoy por el obispo Suetta a quien rendimos nuestro homenaje; respecto a los obispos residenciales argentinos, hoy hemos tenido una buena noticia: el actual nuncio ha pasado a ocupar la nunciatura en Albania, una clara degradación que muestra, un claro castigo del Vaticano, que debe tener en cuenta las designaciones de obispos, cuya cúpula es encabezada por el arzobispo de Mendoza, cuyo apodo es “La Chancha”, quien encarna una “lipidocracia” episcopal, a la cual colabora el cardenal arzobispo de Córdoba Cardenal Ángel Sixto Rossi, exponentes de un correctísimo episcopado.
El primero, Marcelo Colombo, apoyó a principios del año pasado la marcha de la comunidad LGTBIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer); el segundo, quien expulsó de su arquidiócesis a la Legión de Cristo Rey, asociación pública de fieles unida al Instituto Cristo Rey, con presencia activa y fecunda en diversos lugares del país, en nombre de la misteriosa sinodalldad. Tal vez al arzobispo de Córdoba le moleste la prédica de la Realeza de Cristo y los problemas y cuestionamientos que pueda suscitar; existe un abismo entre ambos y el gran obispo italiano.
En el caos doctrinal en el cual vivimos, debemos elegir. Contra Colombo nos quedamos con San Pablo, quien nos enseñó en la Epístola a los Romanos: “Ellos trocaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron a la criatura antes que al Creador…por esto los entregó Dios a pasiones vergonzosas, pues hasta sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra la naturaleza. E igualmente los varones… se abrazaron a la concupiscencia, cometiendo cosas ignominiosas varones con varones… y no solo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican” (Capítulo I); como lo hace Colombo.
Contra Rossi, nos quedamos con Pío XI y su encíclica Quas Primas, que estableció incluso la festividad de Cristo Rey, celebrada en forma especial por los expulsados de Córdoba.