Por Ana María Musicó Aschiero *
Uno de las primeras resoluciones de la Junta de gobierno establecida luego de la revolución del 25 de mayo de 1810 fue el envío de una expedición a las provincias del interior con los objetivos de imponer su autoridad en dichas zonas y secundarlos futuros pronunciamientos revolucionarios. La empresa se integró con voluntarios de los cuerpos de Patricios, Arribeños, Pardos y Morenos y totalizó1150 hombres a las órdenes del coronel Francisco Ortiz de Ocampo. Segundo jefe fue el teniente coronel Antonio González Balcarce. Hipólito Vieytes se desempeñó como comisionado, mientras que Feliciano Chiclana y Vicente López y Planes cumplieron la función de auditores.
A su paso por Córdoba debieron reprimir una insurrección realista encabezada por Santiago de Liniers. Comandados por Balcarce y con Juan José Castelli como representante de la Junta, continuaron avanzando hacia el norte. En la marcha se le incorporaron las milicias salteñas de Martín Miguel de Güemes, un batallón de patricios santiagueños comandados por el coronel Juan F. Borges y algunos piquetes de la frontera de Jujuy. El número de tropas se incrementó además por la colaboración prestada por varios cabildos altoperuanos. En la provincia de Cochabamba el coronel Francisco del Rivero derrocó al gobernador José González Prada el 14 de septiembre de 1810 y adhirió a la Junta, ejemplo seguido por las de provincias de Oruro y Santa Cruz de la Sierra. En vista de lo ocurrido el virrey del Perú Fernando de Abascal anexó a ese virreinato las provincias del Alto Perú otrora pertenecientes al del Río de la Plata y nombró a José Goyeneche General en jefe del ejército y presidente de las mismas.
Enterado del avance de las tropas de Balcarce, Goyeneche ordenó al General Vicente Nieto presidente de la Audiencia de Charcas, al Gobernador Intendente de Potosí Francisco de Paula Sanz y al Capitán de Fragata José de Córdoba y Rojas situarse en la localidad potosina de Tupiza en el sur de la actual Bolivia, hacia donde él también marcharía para repeler la invasión patriota. Nieto organizó un cuerpo de mil hombres integrado con artilleros de Cuzco, fusileros de Oruro y La Paz, granaderos provinciales de La Plata y viejos soldados de marina y reforzó al contingente con cuatro piezas de artillería al mando de Córdoba.
Las autoridades porteñas ordenaron a Balcarce que se adelantase hasta Tupiza con una vanguardia de 400 hombres y allí esperase la llegada del grueso del ejército. Cuando Córdoba arribó a ese destino consideró inconveniente enfrentar a los patriotas y se retiró hacia la fuerte posición realista de Cotagaita, sita en la margen norte de dicho río. Sin esperar la llegada del resto de sus tropas el 27 de octubre Balcarce lo atacó siendo rechazado por lo que se replegó hacia el sur a una posición próxima al río Suipacha.
Iniciado noviembre acampó junto a un pueblo llamado Nazareno y envió a varios indios para que se mezclasen con los realistas y propagaran falsas versiones sobre pugnas internas en el ejército patriota, expresando que le faltarían armas, municiones y provisiones. Por su parte Córdoba emitió una vigorosa proclama anunciando una política implacable contra sus adversarios, pero con la promesa de una actitud benevolente hacia quienes acatasen al Supremo Consejo de Regencia. Dando por sentado su triunfo, ordenó a sus hombres tomar posiciones sobre el río Suipacha.
El 7de noviembre de 1810 la vanguardia española avistó a las tropas de Balcarce, pero éste había ocultado gran parte de su infantería y su artillería entre los cerros vecinos y únicamente había adelantado 200 hombres. Mediante una fingida fuga incitó a Córdoba a cruzar el río, éste cayó en la trampa y sorpresivamente fue atacado de flanco en la orilla sur por las fuerzas que habían permanecido ocultas, mientras que la caballería patriota, que también había aparentado huir, se dio vuelta para enfrentarlo.
La batalla duró apenas media hora y concluyó con una contundente victoria de los revolucionarios. La aparición de un grupo de indígenas que observaba la lucha desde los cerros hizo pensar a Nieto que eran tropas de refuerzo, por lo que emprendió una precipitada fuga sin esperar el resultado final de las acciones. La totalidad del ejército realista huyó y fue perseguida por tres leguas, al tiempo que 150 de sus hombres caían prisioneros. El propio Córdoba tuvo que volver grupas y perderse en la retaguardia, sus tropas abandonaron en el campo de batalla dos banderas, cuatro cañones, 70.000 balas de fusil, todas sus tiendas de campaña y víveres, además de tres zurrones con 10.000 pesos en plata que Balcarce ordenó distribuir entre sus soldados.
Castelli se hizo cargo del mando político en el Alto Perú. Nombró gobernador de Potosí a Feliciano Chiclana, y de Chuquisaca a Juan Martín de Pueyrredón. A consecuencia de esta victoria, Balcarce fue ascendido a Brigadier.
La batalla de Suipacha fue el primer triunfo militar de la revolución. Moralmente tuvo un enorme significado ya que acrecentó los ideales libertarios de los altoperuanos. El 10 de noviembre los patriotas de Potosí tomaron el cuartel apresando al gobernador Francisco de Paula Sanz y al resto de las autoridades realistas.
Cuatro días después los cochabambinos al mando de Francisco Rivero, Esteban Arze y Melchor Guzmán derrotaron a los realistas en la batalla de Aroma, región próxima a Oruro, con un ejército integrado en su mayoría por indios y mestizos mal armados y con poca disciplina para la acción táctica.
El gobernador intendente de La Paz Domingo Tristán convocó a un Cabildo Abierto que reconoció a la Junta de Mayo y rechazó la autoridad del Virrey del Perú.
El 15 de diciembre de 1810en cumplimiento de órdenes de la Junta fueron ejecutados en la Plaza Mayor de Potosí Nieto, Córdoba y Sanz luego de que se negaran a jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires. Así las intendencias del Alto Perú quedaron bajo la órbita revolucionaria, asegurando el avance del ejército patriota hasta el río Desaguadero.
Acerca del resultado de la batalla de Suipacha el 8 de noviembre de 1810 Castelli envió a la Junta desde Yavi un parte en el que expresaba: “que tengo en mi poder parte de los despojos del atolondrado ejército de los rebeldes, que sus banderas están en presa, que no contamos más que un oficial y seis heridos nuestros, y que no se sabe de nuestra tropa cual es la que mejor se ha portado. Circulo estos avisos a las ciudades por medio de sus jefes, para que celebren los triunfos de la patria y glorias de la lealtad.”
Licenciada e historiadora.