El último jueves por la tarde un incendio afectó la Biblioteca y Archivo del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo de la ciudad de Luján. Ese repositorio guarda el archivo de Estanislao S. Zeballos, de Enrique Peña, y numerosos documentos del período hispánico, de la historia local y nacional. Ni que decir de su biblioteca que cuenta con uno de los pocos ejemplares del libro del sacerdote jesuita Juan Eusebio Nieremberg De la diferencia entre lo temporal y eterno primer volumen impreso en las misiones jesuíticas de nuestro territorio en 1705 y que editara facsimilarmente el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades en ocasión del bicentenario de la Revolución de Mayo, con presentación y prólogo de Diego Lo Tártaro y monseñor Fernando Gil.
Según noticias locales varias dotaciones de bomberos trabajaron más de una hora y media para combatir el fuego, y el jefe del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Luján Maximiliano Celloto informó que “las llamas generaron importantes daños”. A esto las autoridades locales afirmaron que no fueron mayores los daños y que muchas de las pérdidas estaban digitalizadas.
Ese sector se encuentra ubicado en el primer piso sobre el Museo del Transporte, desconociéndose hasta ahora las causas del siniestro que según distintos medios fue detectado por la gruesa columna de humo que observaron los vecinos.
La institución señala en su página que “constituye un valioso repositorio documental que resguarda fondos y colecciones de gran relevancia para la historia local y nacional. Su origen se vincula a las donaciones realizadas por particulares e instituciones públicas y privadas desde los inicios del museo conformando un acervo compuesto por documentos textuales y documentos visuales datados entre los siglos XVII y XX”.
Además de lo mencionado entre sus fondos se encuentran los de “la Villa, el Juzgado de Paz de Luján y la Municipalidad de Luján, los fondos personales del Dr. Estanislao S. Zeballos y del Prof. Federico Fernández de Monjardín, copias del Archivo de Indias, colecciones de personalidades históricas, daguerrotipos, fotografías y el fondo institucional del propio Complejo”.
El museo que cumplirá el 12 de octubre el 103º aniversario de su inauguración, tiene su origen en una patriótica gesta de los vecinos que evitaron la destrucción de su histórico Cabildo de la Villa de Luján. El 31 de diciembre de 1917, el gobernador José Luis Cantilo en su primer mandato, con gran visión estratégica, dispuso la restauración del edificio y la creación del Museo.
El día de su apertura un matutino porteño informaba:
“Han transcurrido 180 años desde que a don Juan de Lezica y Torrezuri le fuera encomendada la tarea del progreso de la Villa de Luján y el gobernador de la provincia inaugura la restauración de la histórica reliquia, lo que motivará un merecido homenaje a Enrique Udaondo, de la misma estirpe que Lezica y Torrezuri, tesonero, inteligente, culto que ha podido alhajar el Museo con una pequeña subvención que con raro acierto le acordaron. Para realizar esta obra, ha gestionado infatigablemente de sus relaciones, de los conventos, de las reparticiones públicas, y, además, pagando de su peculio infinidad de piezas de valor histórico que han convertido al viejo caserón reconstruido en un verdadero Museo Colonial”.
Marcos de Estrada recuerda que Udaondo hizo un llamado a las personas que poseyeran reliquias históricas para dotar a la institución de un relevante patrimonio. Respondieron generosamente entre otros: Da. Victoria Aguirre, D. Gustavo Barreto. Da. Delfina Mitre de Drago, Gral. José Ignacio Garmendia, monseñor Antonio Rasore, párroco de la Merced; D. Juan José Biedma, D. Enrique Peña, Dr. Luis María Campos, Da. Angiolina Astengo de Mitre, D. Guillermo Udaondo y hnas.; Da. Mercedes Guerrico de Bunge; D. José Luis Cantilo, D. Jorge Molas Terán; D. Mario Belgrano; Srtas. Ana, Elisa y Elvira Udaondo, D. Ángel Gallardo, D. Horacio Marcó, D. Manuel A. Obarrio, D. Mercedes Muñiz, Alte. Manuel Domecq García, Gral. Agustín P. Justo y numerosas instituciones y vecinos de Luján, como D. Manuel Guglielmucci que entregó “una jaula trampa para tigres”.
Tan silenciosa como generosa fue la labor de Udaondo que ejerció la dirección sin percibir un centavo y Carlos Alberto Pueyrredon señaló en la Academia Nacional de la Historia que le pedía perdón por vencer su modestia “por denunciar públicamente que vendió dos de sus estancias para costear ensanches del Museo Colonial de Luján, que formó y dirige honorariamente. Considero necesario destacar como entienden sus deberes hacia la sociedad en que viven algunas personas de viejo abolengo y de fortuna considerable, porque el historiador no puede ocultar la verdad aunque moleste a los aludidos”.
Uno de esos edificios salidos de la munificencia de don Enrique es el que se acaba de incendiar.
En su discurso inaugural dijo Udaondo:
“En todo el país, señores, no existe otro Museo como éste, instalado en un local tan apropiado y tan ligado a la vida de los grandes hombres de nuestra historia. Este establecimiento será un homenaje permanente de consideración a los hombres del pasado cuya memoria conviene tener presente en un país nuevo como el nuestro por las enseñanzas que perpetúan y un digno complemento de la escuela, y la de contribuir a robustecer el espíritu nacional tan debilitado en todas nuestras clases sociales”.
En la Planta baja en el pabellón de los carruajes se encuentra junto a otras reliquias el Plus Ultra que este año celebra el centenario de su viaje a nuestro país. El incendio nos demuestra la necesidad de robustecer el espíritu de las autoridades encargadas de preservar el patrimonio, que porque cuándo suceden episodios como el ocurrido en Luján, comprobamos que sigue muy debilitado para estas cosas como la educación superior tampoco parece ser una prioridad.