La Cámara de Diputados tiene previsto reunirse hoy para tratar un temario con dos proyectos oficialistas relevantes: una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central con la que se intenta impedir el emisionismo y un nuevo blanqueo llamado sin ninguna inocencia “inocencia fiscal II”. Ambas iniciativas están ligadas al programa económico en curso y apuntan a fortalecerlo con vistas a la campaña electoral del año próximo.
La oposición, por su parte, tratará de imponer una agenda propia con dos temas que sólo el persistente afán de los medios puede sostener: el auxilio a los morosos del sistema bancario y la prórroga de los subsidios por discapacidad. Con solo ver esos proyectos basta para entender la desorientación de quienes se enfrentan al presidente de la Nación. Contra un programa macroeconómico que ha demostrado una consistencia inesperada ofrecen retazos del populismo más viejo y encallecido: recurrir a fondos del Estado, es decir de los contribuyentes, para paliar una crisis que no existe.
En los hechos, el peronismo en casi todas sus expresiones ha intentado instalar con el auxilio del periodismo un clima ficticio de crisis. En primer lugar, a partir de un crecimiento del número de morosos que no ha afectado al sistema financiero (penúltima versión de “la gente no llega a fin de mes”) y, en segundo, con la existencia de un presunto malestar “social” denunciado por sindicalistas “K” sin el menor éxito.
En ese sentido también resultaron llamativos por lo coincidentes los maliciosos comentarios periodísticos sobre la última reunión de gabinete en los que se destacaba que el presidente había “regresado” después de 24 días a la Casa Rosada, dando a entender que había pasado ese tiempo refugiado en Olivos, porque la Plaza de Mayo estaba llena de ciudadanos tirando piedras. Nostalgias de otros tiempos; expresiones de deseos.
Las únicas protestas potenciadas por la televisión son las realizadas los miércoles frente a la Cámara de Diputados por un grupo menor de activistas violentos que se autoperciben jubilados.
En los últimos días hubo también un intento de instalar que el presidente es un loco furioso que ataca e insulta a los periodistas que lo critican. En suma, no sólo su programa económico es perverso, sino producto de los delirios de un demente.
En otros tiempos ese plan de desgaste de las autoridades de turno (en general de gobiernos no peronistas) funcionó, pero la clave estuvo en que las crisis macroeconómicas eran reales. Las viejas tácticas no siempre funcionan. Además, la credibilidad de los “comunicadores” tampoco es la misma. El periodismo “militante” se paga. Otra prueba de ese detalle es que en medio de la lluvia de descalificaciones mediáticas la confianza en el gobierno volvió a crecer en agosto.
Milei, entretanto, se concentró en enviar un único mensaje: no cambiará una coma del plan económico. Es para los mercados que ya deberían haber aprendido, después de pagar un costo no menor en dólares, que tiene resto para cumplir con lo que promete.