Espectáculos
Historias simples, cargadas de ironía, en la comedia ‘Disculpen si comemos’

Un buen plan a la hora del almuerzo

 


‘Disculpen si comemos’. Autoría: María Ana Rago. Dirección: Eduardo Calvo. Diseño de escenografía: Larren Arts. Diseño de iluminación: Martín Eeren, Larren Arts. Actores: Jennifer Ávila, Mirella Calentino, Martín Eeren, Gabriela Granda, Dora Tilli Bebán. Los domingos a las 13 en Espacio Callejón (Humahuaca 3759).



Cuatro actores (y un director malhumorado) protagonizan cuatro obras breves, cada una con historias simples, divertidas y cargadas de ironía, donde la comida no falta y la comedia se potencia con situaciones fuera de lo común.

Eduardo Calvo, responsable de la dirección, desde el inicio de su carrera como actor tuvo el propósito de especializarse en el humor, sin descartar oportunidades en otros géneros teatrales. A lo largo de su recorrido ha participado en obras dramáticas bajo la dirección de figuras reconocidas como Roberto Villanueva, Lluis Pasqual, Jorge Lavelli, Lorenzo Quinteros y Néstor Montalbano. Ha actuado en múltiples ocasiones en el Teatro San Martín, compartido escenario con Alfredo Alcón y formado parte de producciones de Shakespeare, atribuyendo parcialmente estas experiencias a su reputación como actor cómico.

TEATRO EN EL TEATRO

La puesta en escena DE ‘Disculpen si comemos’ recurre al recurso clásico del teatro dentro del teatro, lo que permite una nueva reflexión sobre el proceso creativo y los desafíos de la representación. El director, caracterizado por su barba pelirroja y una actitud atrabiliaria, encarna a esos intelectuales frustrados y quejosos cuyas contradicciones y desencanto con la vida se manifiestan en cada acción y observación.

Este personaje, más allá de la caricatura, expone con precisión las tensiones internas del ámbito teatral alternativo. Su mirada crítica y fragmentaria evidencia el desgaste emocional y profesional de quienes supuestamente buscan innovar lejos del circuito comercial. Las dificultades del teatro alternativo aparecen tanto en el discurso como en las acciones del director: la falta de financiamiento, por ejemplo; la necesidad de adaptar escenografías inexistentes, la improvisación ante la ausencia de asistente de dirección.

El trabajo actoral de Dora Tilli es muy bueno, ya que logra dotar a su personaje de la capacidad de transmitir tanto la ironía como la vulnerabilidad inherente de quienes luchan por hacer teatro independiente.

HISTORIAS DINAMICAS

En la primera obra, el protagonista es un sacerdote que sucumbe al pecado de la gula dejándose seducir por un simple pote de dulce de leche, ignorando la seriedad que debería acompañar su posición. Lo confronta un personaje estrafalario, conocido por su comportamiento excéntrico y sus juicios inesperados; este supuesto amigo realmente parece más un crítico diablillo disfrazado de confidente, pues aprovecha cada oportunidad para señalar las faltas del cura y ponerlo en evidencia. Durante la escena, este personaje va desarrollando un breve catecismo adaptado a situaciones cotidianas, donde enumera los pecados capitales como en ‘El viaje a los siete demonios’, un libro olvidado de Manuel Mujica Lainez que explora, de forma irónica, el recorrido por los vicios humanos.

El cura, al ser acusado, se muestra entre nervioso y desafiante; primero intenta disimular pero termina relamiéndose los dedos podría concluir pensando que “lo único sagrado aquí es este postre”. Su reacción hace que la fe y el apetito se crucen en un momento cómico, potenciando la mezcla de lo absurdo y lo irreverente mediante la interacción y las expresiones exageradas de ambos personajes.

En la segunda historia, una enfermera lleva la comida a una habitación equivocada provocando una confusión tan absurda que ni la propia hospitalidad logra resolver. El humor negro surge al ver cómo algo tan rutinario puede convertirse en una situación inesperada.

¿Quién pensaría que un cafetero se convierte en anfitrión entre cadáveres? La tercera obra ofrece infusiones calientes como si la muerte fuera solo una pausa para tomar café. La ironía es evidente y el público se podría preguntar: ¿cómo alguien puede encontrar normalidad en el caos?

La autora demuestra aquí su habilidad no solo en la elección cuidadosa de las palabras, sino también en cómo éstas pueden dar lugar a múltiples interpretaciones, algunas de las cuales conducen a situaciones desastrosas. Por ejemplo, en la historia, un malentendido causado por una expresión ambigua desencadena una serie de eventos inesperados que muestran el poder y los riesgos del lenguaje. Así, el juego de palabras y las diferentes lecturas adquieren un papel central en la trama, subrayando la importancia del idioma y su impacto en el desarrollo de la historia.

En la cuarta obra, por último, una médium, lejos de conectarse con espíritus, parece hacerlo con el whisky. La escena juega con lo absurdo: en vez de invocar a los muertos, la mujer se entona con la bebida, dejando claro que no todos los rituales terminan como uno espera.

EL ELENCO

El elenco está integrado por cuatro actores que ya habían trabajado bajo la dirección de Eduardo Calvo, lo que ha propiciado una colaboración previa y una química especial en escena; esto se traduce en interpretaciones más auténticas y profundas de los textos. La obra se distingue por el uso constante de ironía y humor negro: la primera se refleja en los diálogos mordaces entre los personajes, mientras que el humor negro surge de situaciones absurdas que desafían las convenciones sociales generando una atmósfera que invita a la reflexión y a la risa incómoda.

El director ha abordado los textos de gran calidad literaria que coinciden, seguramente, con su mirada crítica, y aprovecha tanto la riqueza de los libros como la dinámica consolidada del elenco para potenciar el estilo y el tono del espectáculo.

Calificación: Muy buena