No es casual que, a lo largo de su carrera, a Luis Machín le haya tocado componer personajes que resultan familiares pero que, al mismo tiempo, esconden algo. Quizás sea la capacidad que tiene de trabajar desde la mirada y los silencios o que sus papeles se transforman desde la postura y la voz -o todo eso junto- lo que le permite hoy interpretar, en simultáneo, a figuras tan densas como Albert Einstein y Sigmund Freud.
Lejos de la imitación tanto en ‘La última sesión de Freud’ como en ‘Relatividad’ -ambas en el teatro Picadero-, él busca rescatar la esencia de Sigmund Freud y de Albert Einstein, indagando en sus obsesiones y sus aristas menos conocidas, dejando ver a la persona detrás de estos genios del siglo XX que revolucionaron la comprensión de lo invisible.
-¿Cómo le está resultando interpretar a Freud y Einstein?
-’La última sesión de Freud’ es el cuarto año que la estoy haciendo, así que no es algo nuevo para mí, sobre todo porque hace trece años hice una versión anterior interpretando el otro personaje (C.S Lewis), así que es una obra que conozco mucho y en la que vi cómo fue llegando la gente durante estos últimos años. En el caso de ‘Relatividad’ la estrené el año pasado y ya nos queda poco (hasta fines de febrero seguirá en el Picadero y en marzo hará algunas funciones en gira). Es del mismo autor que Freud, Mark St. Germain, con el que tengo una cercanía bastante importante con sus materiales, por supuesto que son personajes de una enorme relevancia por su legado, por lo que significaron en su momento y lo que siguen significando tanto la teoría de la relatividad en el caso de Einstein como el psicoanálisis con el descubrimiento del inconsciente y todo lo que significa también para los argentinos que somos tan de suscribir a esta teoría. Las obras destacan las obsesiones de estos personajes y sus costados menos conocidos, sus relaciones familiares. Me gusta cómo se mete el autor en terrenos de los que poco se sabe y que también los revela a ellos como seres humanos más allá de la genialidad.
-A lo largo de su carrera hizo varios personajes que existieron en la vida real, ¿es una desafío distinto componer a alguien del que se tiene una referencia?
-Hay algunos datos que uno los tiene que considerar más que si parte de algo que está meramente vinculado a la ficción. Mínimamente tenés que respetar algunas cosas para que la gente identifique que es ese personaje. No sería lo mismo hacer a Einstein con los pelos que tiene en la obra que si yo lo hiciera con mi poco pelo. Pero después, obviamente, es una creación, uno inventa. Yo lo miro por curiosidad, hay cosas que me llaman la atención de su gestualidad. Lo mismo con Freud. En ese sentido siento que quizás uno hace una escala un poco más detallista de algunas cosas.
TEATRO Y REFLEXION
-Repasando alguno de sus trabajos, ¿le atraen especialmente los textos que obligan al espectador a pensar o a incomodarse?
-Sí, me resulta lo más convocante de lo que yo hago, no entregarle todo tan servido a la gente, que también tengan que poner ellos un poco de su propia voluntad y su propio interés, porque en el interés está la elección. No es lo mismo ir a ver estas obras que una comedia de la calle Corrientes. A mí me gusta más este espacio, sin atacar al otro, yo también he hecho comedias en televisión de las cuales me siento muy contento y que han tenido una gran repercusión. La comedia es un registro que a mí me divierte también y te puede hacer pensar, pero bueno me gusta más meterme con la psicología de los personajes. Cuando hago una obra me gusta que se puedan discutir algunos temas y que te lleve a un campo de reflexión un poco más profundo de lo es el mero pasatismo.
-¿Cree que el teatro sigue siendo un espacio de pensamiento en un mundo que está tan acelerado y con tanta pantalla?
-Es una expresión de deseo, hablando en término psicoanalíticos, uno quisiera que eso suceda, pero a vistas de la realidad parece que el partido lo estamos perdiendo 100 a 0. Te queda una sensación bastante amarga, nosotros que por ahí apelamos más al campo de la reflexión del ser humano siento que estamos perdiendo por goleada, pero es la forma en la que uno sabe presentar batalla y seguir apostando a lo que uno cree. Y sigo creyendo que todos los registros que los actores podemos abordar son posibilidades de hacernos mejores personas. La realidad me está demostrando un poco lo contrario, pero es lo que yo sé hacer, lo que me sostiene a mí emocional y económicamente.
-Además de seguir con las funciones, ¿tiene algún otro proyecto para este año?
-En marzo me voy a hacer una película a Montevideo y probablemente haga otra en la que está involucrada una plataforma entre mayo y junio, pero no están las fechas exactas. La uruguaya es una producción más independiente, es algo más casero como nosotros hacíamos las cosas, más de batalla. Me gusta porque también habla del valor y la fortaleza que muchas veces se tiene en la adversidad. La gente de mi edad hemos construido todo con una enorme adversidad, no lo digo como queja, siempre la cultura ha sido muy atacada en gran parte de la historia de nuestro país. No son cosas que no conozcamos, lo que uno lamenta es por las nuevas generaciones que van teniendo menos lugares donde formarse y menos posibilidades.