Espectáculos
Como el viejo poeta al que encarna en teatro, Víctor Laplace se lamenta pero no le abre paso al desánimo

Un actor comprometido a seguir remando

Es uno de los máximos exponentes de la escena nacional, a la vez que un agudo observador de la situación que atraviesa el país. Protagoniza ‘El sentido de las cosas’, una obra sobre la creación y las búsquedas personales.

“A remar”, dice Víctor Laplace desde el otro lado de la línea telefónica. Actor polifacético, protagonista de lujo en innumerable cantidad de películas, obras teatrales y programas de televisión, Laplace siempre se destacó por su gran compromiso político, por decir eso que a veces incomoda. 

En esta oportunidad, la charla con La Prensa se centra en su última obra, ‘El sentido de las cosas’ (domingos a las 19.30 en el Centro Cultural de la Cooperación), que lo tiene como parte del dúo protagónico. Y Laplace querrá hablar de ella, pero se le colarán opiniones y posturas sobre la situación de nuestros días, esa que obliga a “remarla”. En un momento de la charla, será imposible distinguir entre obra y realidad, entre lo que pasa en el escenario y el grave contexto socioeconómico actual. 

Por empezar, ‘El sentido de las cosas’, de Sandra Franzen, es una comedia e imagina el encuentro en una isla del Paraná, en medio de una implacable crecida, de un viejo poeta con un joven tan a la deriva como él. 

Habrá cruces entre ellos, se los verá, sobre todo al poeta, con mucha resistencia. Laplace hace un gran trabajo -también Gastón Ricaud, su partenaire-, pero específicamente el actor que interpreta al poeta mayor -agresivo por momentos, medio alocado- consigue zafar de cualquier exceso. Bien concreto.

“Acá tenemos al viejo re controlado -bromea Laplace-. Los cómicos sabemos que nos podemos ir, excedernos”. Felizmente, eso no sucede. Se nota el trabajo del director Andrés Bazzalo en la intención de mantener armónico el conjunto, además de sacar partido al máximo del enorme escenario de la Cooperación. 

EL COMIENZO

“Yo tengo dos grandes amigos en el proyecto -dice Laplace al recordar los orígenes de la convocatoria-. Una es Sandra Franzen, la autora, y el otro es Andrés Bazzalo. Con Sandra siempre estábamos fantaseando con la posibilidad de una obra. Ella tenía en su cabeza esta idea y después vino todo el trabajo con el director, con todo el grupo, la escenografía y el vestuario. No queríamos que fuera una cosa naturalista o realista. Fuimos construyendo este espectáculo que goza de haber tenido muy buenas críticas ya”. 

-¿Qué es lo que atrae de este material hoy? ¿Y qué lo atrajo a usted específicamente?

-Cuando la leí, dije: “Es por acá”. Me conmovió en ese momento y me conmueve en escena. Es esto de buscar el sentido de las cosas, tiene que ver con reflexionar sobre qué es la vida, porque “la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Es una bella obra con reflexiones sobre la escritura, la creación, la búsqueda. Y el amor, que está muy latente en los dos personajes. 

-Se sacan chispas con Ricaud.

-Con Gastón nos hemos elegido mutuamente. Habíamos hecho juntos antes una película muy hermosa que fue ‘El hombre inconcluso’ (Matías Bertilotti, 2022), y a partir de ahí decidimos comprometernos en este trabajo, en la historia de este viejo que ya no quiere saber nada con el mundanal ruido y se encuentra con un joven que le quiere hacer un homenaje. A partir de allí aparece la crecida del río, la exuberancia del paisaje y el público lo ve. 

-El joven también quiere ser poeta.

-¡Sí! Y quiere escribirle versos a su amada, pero a la vez los dos están a la deriva. Son dos navegantes que buscan su destino en ese ámbito que por momentos es hostil pero en el que a su vez flotan, se hunden, sobreviven, salen, entran y ahí vamos. La verdad es que estamos muy contentos.

-Al principio y al final rompen la cuarta pared. Hay mucho contacto e intercambio, incluso directo, con el público. La gente se encuentra muy inmersa en lo que pasa. ¿A qué lo atribuye?

-Fue una guía que se nos fue ocurriendo esa de estar en el escenario mientras la gente llega y nosotros hacer las rutinas que generalmente el público no ve. A medida que avanza la historia se va entrando en algo muy bello. Y el remate que tenemos con Gonzalo Domínguez, que es el músico en escena, es hermoso. También aparece Adrián Rallap (asistente) y juntos cantamos una canción. Se festeja mucho al comienzo y al final. Se produce algo bárbaro en ‘El sentido de las cosas’. Nos llena de orgullo porque sentimos que le damos algo de alegría a la gente en este momento tan complejo que atravesamos. 

-Algo de eso también se ve. Hay un diálogo con esta situación tan complicada.

-Acabo de llegar de ver una película -‘Los días de junio’ de Alberto Fischerman- que la hicimos hace muchos años con Norman Briski y Ana María Picchio. Y siento que la historia se repite. Transcurría cuando cuatro amigos volvían a juntarse después de muchos años de exilio. Recién la miraba y sentía que el sadismo en las personas que se ve ahí, ahora se ha exacerbado. En la actualidad, muchos piensan que una parte debe morir para que la otra parte viva mejor. Y está pasando como en el coliseo romano: ver morir, hacer lo que las tribunas piden. Esto me preocupa sí. 

MANIFESTARSE A LOS 80

Laplace no se quedó quieto en estos últimos meses. Participó de varias marchas contra los recortes impulsados por el Gobierno nacional. “Es terrible lo que están provocando -dice sin resignación-. Complican a las universidades, a todos en el ámbito de la cultura. Yo a los ochenta años salgo porque me parece que es un compromiso que una vez más se vuelve a repetir, esto de una Argentina de gente tan trabajadora y maravillosa y un entorno donde las cosas no son parejas. Igual, mejor hablemos de la obra”.

-Pero hay algo en el texto de no claudicar. Ese poeta le da al joven ese mensaje.

-Sí, ese joven con toda la vida por delante está intrigado por los secretos de la creación y también tiene una carencia de amor. El viejo, que está escribiendo sus últimos poemas, come pescado y piensa poco. 

-Después se quedan charlando con el público. La gente tiene mucha necesidad de poder manifestarse, de hablar.

-Exacto. Es eso lo que nos pasa, no digo que nos han cortado las piernas, pero estamos sin rumbo y el teatro en ese sentido es tan fiel y tan maravilloso. Se da ese contrato tan extraordinario que es el público sentado en la platea y nosotros dando todo lo que podemos y tenemos, en este momento en el que hay que bancarse el cachetazo que nos está dando esta gente. Están haciendo cosas muy complicadas con las universidades, la ciencia, la cultura. Yo creo que estaría bueno enfocarse en discernir o discutir el rol del Estado. Toman esas decisiones intempestivas y uno dice “pará un poco”. Así que habrá que remar, como podamos.

-Hasta donde sea.

-Remar como en la obra. Después hablo, me meto en la platea, charlamos de lo que pasa. También nos tomamos un traguito de vino los cuatro. Y la gente sale feliz. Pero hay que remar, claro que sí.