Opinión
Claves de la fe

Un accidente que no debería ocurrir

Accidente viene del latín, del verbo "quod accidit". Es lo que sucede, pero podría no ocurrir; no implica necesidad. Por ejemplo, no es necesario que Milei sea presidente de la Nación. De acuerdo con el sistema democrático que vige, el balotaje de las elecciones concluyó en el triunfo del actual mandatario sobre Massa, candidato del peronismo kirchnerista. La gente huyó del kirchnerismo, después de la experiencia de los dos mandatos de la actual condenada Cristina. Esa condena correspondía al enriquecimiento ilícito que ella y su difunto marido, Néstor, han venido acumulando desde sus años de la Patagonia.

Que los gobernantes roben es una desgracia de la democracia electoralista. No debiera ser así. ¿Qué otro sistema de gobierno nos queda? La historia del país conoce el caso de dictaduras famosas, algunas momentáneas, otras convertidas en tiranías. La tiranía era un recurso contemplado ya en la Antigua Roma. La paradoja consiste en que una presidencia, a la que se ha accedido legítimamente, se convierta en una tiranía. Esto puede ocurrir en un país devastado como la Argentina. Una tierra destinada a la suficiencia para todos sus habitantes, y a la riqueza sabiamente distribuida. Pero, de hecho, en el gobierno de Milei, la ideología neoliberal se ha propuesto destruir al Estado. Lo lógico no es que las familias vivan del Estado, sino que éste asegure una recta distribución de los beneficios.

En el actual gobierno, miles de familias no llegan a fin de mes, y falta el empleo seguro, del cual los padres de familia puedan asegurar lo que los hijos necesitan. A pesar de tantas calamidades, hay gente que está de acuerdo con la marcha de las cosas. Sin embargo, la pobreza es notoria, y ya el Estado no subviene, como debería ocurrir.

Esto es un accidente, pero no debería ocurrir. Habrá que esperar un próximo turno, aunque no se ven los candidatos.