Opinión

Trump exige a sus socios europeos un mayor esfuerzo en materia de defensa

La distribución del esfuerzo presupuestario que, para todos sus miembros por igual, supone pertenecer a la OTAN estaba basada en que todos los países que integran esa importante alianza militar deben dedicar al menos un 2% de su PBI a atender los gastos que supone el capítulo de la defensa. Eso fue lo oportunamente acordado, en 2014. 

No obstante, eso no sucedió en el plano de la realidad. Lo cierto es que hoy veinticuatro de sus veintinueve miembros no hacen ese esfuerzo en la magnitud comprometida, mientras los Estados Unidos, en cambio, exceden ese nivel de gastos en materia de defensa. Y que el compromiso aludido se refería a un nivel de gasto que, para todos, debía alcanzarse recién en el año 2024. Paso a paso y con coherencia en el andar.

Los países incumplidores se beneficiaron entonces de lo que se llama un free-ride, donde uno (los Estados Unidos) pone siempre el dinero comprometido y los otros lo usufructúan, como beneficiarios de una alianza en la que los esfuerzos fueron desiguales, por demasiado largo rato. 
Y algo tenía -en algún momento- que suceder para corregir una situación poco equitativa. Y, con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, ello pasó. Porque, en esto como en otros temas, dijo: ""¡Basta ya!"" Con razón, es evidente.

TRAMPA ALEMANA
Alemania, por ejemplo, el país más rico de la Vieja Europa, dedicaba desaprensivamente a sus gastos en materia de defensa apenas un magro 1,24% de su PBI. Italia, un 1,15% y España y Bélgica tan sólo un escuálido 0,93%, cada una de ellas. 
Los Estados Unidos -en cambio- dedican el 3,5% de su PBI a su defensa, lo que supone, entre otras cosas, poder cuidar a sus aliados, mientras estos simplemente miran hacia otro lado respecto de sus compromisos y dedican los dineros del caso a perseguir otros objetivos que tienen que ver con su propio bienestar, muy distintos de los de la defensa. Pese a lo cual, lo cierto es que unos 800 militares europeos han perdido la vida mientras participaban en las dilatadas operaciones militares que todavía se desarrollan en el convulsionado territorio de Afganistán.
No todo se mide en dinero, es cierto. Pero también es cierto que los flagrantes incumplimientos europeos en este capítulo militar, sin escuchar las reiteradas y sonoras advertencias públicas norteamericanas, no se corrigieron voluntariamente. Situación que, reitero, no podía nunca durar eternamente. Pese a que también es cierto que algunos países que han sido remolones, como es el caso de Polonia, Rumania y Lituania, alcanzarán el objetivo de gastar en defensa por lo menos el 2% de su PBI este mismo año.

SORPRESA
Al llegar a Bruselas para la reunión de la OTAN, Donald Trump hizo un sorpresivo anuncio: es necesario, dijo, duplicar los gastos en materia de defensa. Llevarlos al 4% del PBI de cada Estado Miembro de la OTAN. Ya mismo. Sin demora alguna. 
De ese modo reiteró el mensaje de contenido absolutamente similar que ya había dejado en Bruselas el año pasado respecto de este mismo tema común: el de la defensa. Nadie puede entonces sostener que ha sido sorprendido, en modo alguno, por la postura norteamericana. Lo sorprendente hubiera sido un cambio unilateral de posición, que ciertamente no ocurrió.
Para hacer todo bastante más complicado, al llegar a Bruselas, Donald Trump tildó a sus socios en la OTAN de incumplidores y señaló que, además, Alemania, hoy el país líder europeo, es un Estado que está, de hecho, cautivo de Rusia en materia energética, dependiendo entonces de ese país, que es su gran proveedor de gas natural. Lo que naturalmente indignó a la canciller alemana, Angela Merkel, que recordó públicamente a Donald Trump que, habiendo ella nacido en lo que fuera en su momento Alemania del Este, sabe muy bien lo que es estar políticamente cautivo. 
Los líderes de la oposición norteamericana, los del Partido Demócrata, como Chuck Schummer y Nancy Pelosi, lamentaron abiertamente la actitud, muy poco cordial, de su propio presidente para con Alemania.
Pese a que Donald Trump sostuvo -exagerada y enfáticamente- que Estados Unidos contribuye hoy con nada menos que el 90% de los gastos totales de la OTAN, lo cierto es que sólo aporta el 67% de esos recursos. Obviamente, no es un esfuerzo menor para contribuir al mecanismo de defensa colectiva que conforma la OTAN.

GASTAR MAS
Mientras Donald Trump estuvo de visita en las instalaciones de la OTAN no pudo usar sus teléfonos, ni enviar sus conocidos y frecuentemente incómodos tuits. No obstante, su mensaje no los necesitaba, desde que era claro y hasta contundente: hay que gastar -ya mismo- más en defensa. Y, más aún, hay que obrar de buena fe, sin tratar de sacar ventajas de la generosidad de otros. Es así, aunque lo cierto sea que Donald Trump no es la mejor persona, ni la más adecuada, para hacer las veces de moralista en el escenario internacional. Y que la situación no puede mantenerse por más tiempo, desde que Estados Unidos está cansado e incómodo frente a lo que sucede. Esto es, de poner siempre el hombro para la protección militar de Europa, sin ser correspondidos leal y adecuadamente por ese esfuerzo continuado.
Lo cierto es que lo que estaba en juego en Bruselas era enormemente importante: la credibilidad misma de la OTAN frente a sus propios Estados Miembros. Y, particularmente, también frente a terceros. No es poco. Particularmente para una alianza militar amplia y robusta como es la OTAN, hoy claramente la más importante del mundo actual. 

Pese a sus críticas punzantes, afortunadamente Donald Trump no repitió algunos de los errores cometidos antes, en la reunión del G-7, en Canadá. Hubiera sido altamente nocivo para una alianza militar que naciera allá por 1949 y que sigue siendo estratégica para Occidente todo. Es en rigor bastante más que eso, porque sigue siendo la columna vertebral articulada misma del poderío militar de Occidente. Pese a que lo cierto sea que hablamos sólo de tratar de equilibrar el poderío militar de la agresiva Federación Rusa, cuya economía es similar, en tamaño, a la de Italia.

Donald Trump tiene razón: Europa tiene ciertamente que poder hacer más por su propia defensa. Sin vueltas, ni demoras. Para tranquilidad de todos, por igual. 
La OTAN no es, para nada, una institución obsoleta. Y si de pronto de alguna manera lo fuera, la urgencia estaría en su necesaria modernización, de modo de que pueda cumplir, si de pronto ello fuera indispensable, el rol militar que le ha sido asignado.

Cuando el hábil líder ruso, Vladimir Putin, está empeñado en tratar de debilitarla y dividirla, Estados Unidos debiera estar dedicado -en cambio- a reforzarla y a hacerla lo más fuerte y eficiente posible, con el apoyo imprescindible desde el interior mismo de la Vieja Europa. 
Si la OTAN se debilita, por ejemplo, los países del Báltico perderían las espaldas con las que hoy suponen que cuentan, cuando de convivir en paz con una Federación Rusa cuya proyección militar externa no deja de crecer y que, por siglos, ha sido una preocupación central en ese rincón tan especial de Europa.

Estados Unidos no puede proyectar debilidad respecto de la OTAN. Ni -menos aún- falta de compromiso con sus objetivos y actividades. Todo lo contrario, deben evidenciar que son conscientes de su relevante importancia estratégica y de su indispensable funcionalidad militar. No hacerlo equivale a dañarla.

* Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.