La historia de los Mundiales registra goleadas soberbias: Hungría 10 - El Salvador 1 (1982), Yugoslavia 9 - Zaire 0 (1974), Hungría 9 - Corea del Sur 0 (1954), Alemania 8 - Arabia Saudita 0 (2002), Uruguay 8 - Bolivia 0 (1950) y Suecia 8 - Cuba 0 (1938), entre otras. Resultados asombrosos, por cierto. Se trata de holgados triunfos de equipos muy fuertes sobre débiles rivales. Pero existe un partido que superó todos los récords: el 26 de junio de 1954, Austria venció 7-5 a Suiza. Ese día, sin dudas, se marcaron todos los goles.
La Copa del Mundo del ´54 fue terreno fértil para los marcadores abultados. Sigue siendo el torneo con mayor promedio de gol de todos cuantos se disputaron desde 1930: 5,38 tantos por partido. Muy lejos del registro de 4,67 de Francia ´38 y del 4,12 de Italia ´34 y sin comparación posible con el 2,64 de Rusia 2018. Eran otros tiempos. Una era de fútbol ofensivo y grandes diferencias de nivel entre los participantes.
La quinta edición de la competición creada por el francés Jules Rimet registró, además del triunfo 9-0 de los fantásticos húngaros liderados en la cancha por Ferenc Puskas sobre los entonces ignotos surcoreanos, el 7-0 de Turquía sobre ese conjunto asiático y el 7-0 de Uruguay contra Escocia. Pero eso no fue todo: también es posible citar el cotejo Hungría 8 - Alemania Federal 3, los triunfos de Alemania Federal 7-2 contra Turquía 2 y 6-1 frente a Austria y los 5-0 de Brasil a México y de Austria a Checoslovaquia. Entonces, ¿cómo puede llamar la atención el 7-5 de los austríacos sobre los suizos?
En realidad, en esa época no era frecuente que Suiza, el local en 1954, recibiera tantos goles. Todo lo contrario: se destacaba su fortaleza defensiva, forjada en un férreo sistema creado por su entrenador, el austríaco Karl Rappan. Este hombre nacido el 26 de septiembre de 1905 desarrolló casi toda su carrera como jugador y técnico en tierras helvéticas. Allí creo un dispositivo táctico que quedó en el recuerdo como El cerrojo y que tiempo después derivó en el catenaccio al que Italia se aferró con uñas y dientes durante gran parte de su existencia.
SE ROMPIÓ EL CERROJO
La idea de Rappan era oponer una variante táctica que pudiera enfrentar a la WM, el dibujo de esos tiempos (una suerte de 3-2-2-3) en los que los cuatro hombres del mediocampo tenían una importancia suprema para elaborar el juego. Suiza no era una potencia ni poseía futbolistas de gran calidad. Para paliar ese déficit, el entrenador ideó un sistema basado en la acumulación de hombres en el terreno propio cuando el conjunto rival tenía la pelota y tratar de desplegarse en funciones ofensivas cuando recuperaban el balón. Su concepción se basaba en un término medio entre el antiguo 2-3-5 de los años ´20 y ´30 y la WM en cuanto a la ubicación de las piezas en la cancha, pero con absoluta preocupación por las labores de marca y contención. Conjugaba la marca zonal con la individual y solía situar cuatro hombres en el fondo, uno de ellos con las funciones que hoy se le reconocen al líbero.
Ese 26 de junio de 1954 Austria hizo añicos el presuntamente inexpugnable cerrojo de Suiza. Sin embargo, los primeros 20 minutos de acción parecían ser la confirmación de que Rappan había concebido un plan de juego muy confiable.
Hacía un calor infernal ese día en Lausana. La temperatura superaba holgadamente los 30 grados y la humedad rondaba el 80%. Un clima muy hostil. El sol era abrasador. Poco después se supo que el arquero austríaco, Kurt Schmied, sufrió una repentina insolación que condicionó su actuación desde muy temprano.
Tanto es así que poco después del cuarto de hora inicial los dueños de casa se imponían 3-0. Robert Ballaman probó puntería desde fuera del área y venció a Schmied a los 16 minutos; a los 17 le tocó a Josef Hügi acertar con un remate de más de 20 metros y volver a anotar a los 19, pero en esa ocasión no necesitó pegarle desde lejos, sino aprovechar sus dotes de certero definidor muy cerca del guardavalla.
Los antecedentes defensivos de Suiza invitaban a pensar que el triunfo estaba casi asegurado. Pero no fue así. Austria se lanzó al ataque. El arquero Eugene Parlier empezó a tener mucho más trabajo del habitual y, de pronto, fue vencido por Theodor Wagner. Solo 60 segundos más tarde, Alfred Körner lo derrotó por segunda vez y un minuto después otra vez le tocó el turno a Wagner de sentenciar el insólito 3-3. ¡En menos de media hora se señalaron seis tantos!
El aluvión no se detuvo. Y las situaciones insólitas como las de Schmied, tampoco. El capitán suizo, Roger Bocquet, sufrió un golpe en la cabeza y se transformó prácticamente en un espectador dentro del campo de juego. También estaba insolado. Sus compañeros relataron luego del partido que el defensor dijo no recordar lo sucedido en la cancha. Más llamativo aún resultó que a Bocquet le hayan descubierto días después un tumor cerebral del que logró recuperarse tras ser sometido a una intervención quirúrgica. Fue ayudante de campo de Rappan en Chile ´62 y murió en 1994, a los 72 años.
Bocquet ya no pudo ayudar a su equipo. Estaba en la cancha, pero no podía coordinar sus movimientos. Se podría decir que Suiza tenía un hombre menos que su rival. El capitán austríaco, Ernst Ocwirk, un elegante mediocampista central, desniveló el marcador y Alfred Körner estableció el transitorio 5-3 hasta que Ballaman descontó.
Cerca del cierre del primer tiempo Alfred Körner (era el hermano menor del puntero derecho Robert y por eso le decían Körner II) dilapidó un penal. El increíble período inicial terminó 5-4.
El complemento dejó expuesto el cansancio de los protagonistas. El esfuerzo había sido extremo y las adversas condiciones climáticas condicionaron los últimos tres cuartos de hora de juego. Wagner sumó su tercer tanto de la tarde para alejar todavía más a Austria, pero Hügi -que también hizo tres- redujo la brecha. Faltando 15 minutos, Erich Probst selló el histórico 7-5.
Los diarios de la época recuerdan ese encuentro como La batalla del calor de Lausana. Más allá de las denominaciones periodísticas, fue la tarde en la que Austria y Suiza le dieron vida al partido que tuvo todos los goles.
Austria 7 - Suiza 5
Austria: Kurt Schmied; Gerhard Hanappi, Ernst Happel, Leopold Barschandt; Ernst Ocwirk, Karl Koller; Theodor Wagner, Erich Probst; Robert Körner, Ernst Stojaspal, Alfred Körner. DT: Walter Nausch.
Suiza: Eugene Parlier; Roger Bocquet, Andre Neury, Willy Kernen; Charles Antenen, Oliver Eggimann, Charles Casali; Robert Ballaman, Roger Vonlanthen, Josef Hügi, Jacques Fatton. DT: Karl Rappan.
Incidencias
Primer tiempo: 16m gol de Ballaman (S); 17m gol de Hügi (S); 19m gol de Hügi (S); 25m gol de Wagner (A); 26m gol de A. Körner (A); 27m gol de Wagner (A); 32m gol de Ocwirk (A); 34m gol de A. Körner (A); 39m gol de Ballaman (S); 40m A. Körner (A) desvió un penal. Segundo tiempo: 8m gol de Wagner (A); 15m gol de Hügi (S); 31m gol de Probst (A).
Estadio: de La Pontaise (Lausana). Árbitro: Charlie Faultless, de Escocia. Fecha: 26 de junio de 1954.