Opinión
UMBRALES DEL TIEMPO

Stravinsky y una pasión argentina

Por Pablo De Vita*

Hace 85 años la primera visita del prolífico compositor Igor Stravinsky conmocionaba Buenos Aires. Durante el mes en el cual permaneció en nuestro país realizó una numerosa cantidad de presentaciones, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en Rosario, y tuvo lugar el estreno local de Perséphone, en una única función que contó con Victoria Ocampo en el rol principal y cuya labor que fue celebrada por la critica que en su tiempo realizó el diario La Prensa. 

Victoria Ocampo e Igor Stravinsky se habían conocido en 1932 en el departamento de Ernest Ansermet en París, si bien ella (siempre con una mano abierta a las vanguardias), admiraba al compositor ruso de mucho antes, tal como lo demuestra su presencia en la “Ciudad Luz” para el estreno de La consagración de la Primavera el 29 de mayo de 1913. Victoria tenía tan sólo 23 años. 

Dos décadas más tarde, Stravinsky se hospedará con su hijo Soulima en la residencia de Ocampo y en el piano Steinway que aún se conserva la casa de San Isidro acometerán los pocos ensayos que les permitirán subir a escena el 17 de Mayo de 1936 en el Colón. De acuerdo con la precisa investigación de Omar Corrado para la Latin American Music Review, Stravinsky había llegado a la Argentina a bordo del transatlántico Cap. Ancona recalando en el puerto de Buenos Aires el 24 de Abril. 

Luego Victoria acompañará a Stravinsky en las presentaciones de Perséphone en Río de Janeiro y en el Maggio Fiorentino. La amistad nutrida por una manifiesta admiración se extendía en la edición, por parte de la editorial Sur, de Crónicas de mi vida con la firma de Stravinsky. La correspondencia será asidua y el vínculo permanente añadiendo otros reencuentros, incluyendo uno en el Waldorf Astoria en 1958, donde la Embajada Argentina organizaba una recepción en honor a Victoria Ocampo para coincidir allí Stravinsky con Astor Piazzolla. Dos años después volverá al escenario del Teatro Colón invitado por Mozarteum para dirigir a la Orquesta Sinfónica Nacional junto a Robert Craft, despidiéndose de Buenos Aires con una función extraordinaria el sábado 3 de septiembre donde se escuchó su Sinfonía para instrumentos de viento (A la memoria de Debussy); y cuatro fragmentos sinfónicos de la ópera Lulú, de Alban Berg, ambas con la batuta de Craft para dar paso a Stravinsky en la segunda parte, donde dirigió sus Cuatro modos noruegos y la suite del ballet Petrushka. 

Igor Fedorovich Stravinsky había nacido el 17 de Junio de 1882 en Oranienbaum, en el golfo de Finlandia cerca de San Petersburgo y provenía de la familia Soulima-Stravinsky de territorios originarios de Polonia que fueron anexados por Catalina la Grande, quien quitó los títulos nobiliarios y también el “Soulima”. Pero la familia tenía una gran conexión con la música (su padre había sido bajo en las óperas de Kiev y San Petersburgo, y uno de sus hermanos, barítono, hasta su muerte en el frente en 1917. Su primera obra orquestal fue dedicada a Rimsky-Korsakov, fundamental en su formación. Radicado en los Estados Unidos, Hollywood lo tentó para el cine y Orson Welles fue una de las figuras que reclamó su talento compositivo para la pantalla grande. Cuando finalmente no hubo acuerdo, el trabajo realizado se integró a la Oda Orquestal (1943). En la Argentina, la olvidada cineasta checa Irena Dodal rodará Apollon Musagete (1951), con su música y la coreografía de Balanchine.  

En las históricas charlas entre Stravinsky y Robert Craft Memorias y comentarios (originariamente editada en 1958, progresivamente aumentada y con una edición española recién en 2013), Craft se anima a consultarle a su amigo, alrededor de 1967, sobre el ocaso de la vida: “No hay nada de triunfal en tener 84 años, no hay euforia. Me he vuelto olvidadizo, repetitivo y duro de oído hasta el punto de que trato de evitar cualquier conversación excepto las que se desarrollan en ruso. Leo más que nunca, y cuando hablo, hablo demasiado”, concluía el autor de Historia de un soldado.

Igor Stravinsky moría un 6 de abril de 1971, hace exactos cincuenta años. Su tumba se encuentra en el sector ortodoxo del cementerio de San Michele en Venecia, próxima a la de Diaghilev, el director de los Ballets Rusos que le había encargado lo que culminó siendo su salto a la fama mundial: El pájaro de fuego, estrenado en un lejano 1910. Pero Stravinsky tenía tan sólo 28 años, no suponía su destino de leyenda como una de las personalidades más importantes del siglo XX, y mucho menos que conocería un lejano país llamado Argentina donde tuvo lugar una amistad que haría historia.  

 

* El autor es periodista cultural, profesor universitario y crítico cinematográfico, miembro de número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.