Espectáculos
Monólogos presentados en simultáneo

Singular experiencia escénica sobre la obra de Shakespeare


 


‘¿Querés ser feliz o tener razón? Mundo Shakespeare’. Dramaturgia y dirección: Cecilia Propato. Coreografía: Susana Szperling. Iluminación: Luciana Giacobbe. Diseño sonoro: Agustín Konsol. Actores: Inés Baum, Cecilia De Maggio, Patricia Leocata. En Ítaca Complejo Teatral.


Ir al teatro un domingo al mediodía ya no resulta tan extraño, sobre todo desde el impresionante éxito de ‘Mi hijo sólo camina un poco más lento’, estrenada en ese inusual horario en 2014. Tampoco llama la atención ver una obra fragmentada e inmersiva, con público recorriendo la sala y asistiendo a pedacitos de material. Sin embargo, en ‘¿Querés ser feliz o tener razón? Mundo Shakespeare’, la última apuesta de la directora y dramaturga Cecilia Propato, ambas cuestiones se combinan de manera original para recrear una idea ya ensayada por Propato en ‘¿Querés ser feliz o tener poder?’.

Esta vez, la directora vuelve a montar un dispositivo de veinte boxes en los que veintiséis intérpretes dan vida a fragmentos de la obra shakesperiana. Aparecen entonces segmentos de ‘Hamlet’, ‘Romeo y Julieta’ y ‘Macbeth’ que fueron reescritos y adaptados como prosa lírica por la misma Propato, siguiendo la estética, el tipo de lenguaje y el ritmo del autor inglés.

TRES MONEDAS

El público se divide en la entrada entre Montescos y Capuletos. Cada espectador recibe tres monedas y tiene la chance de ver tres monólogos (después puede haber alguna yapa, pero en principio son tres). Cada quien elegirá qué ver. Y ahí aparece la aventura de recorrer el espacio, dejarse llevar por la curiosidad y el azar. Incluso, la obra en cierta forma incentiva la necesidad de volver otro día para ver otros monólogos.

Aparecen las tres brujas de Macbeth -Inés Baun hipnotiza con su rostro-, también se lucen el Calibán del joven Alejo Tofé o el Polonio de Paulo San Martín. Cada performer logra capturar al espectador. Tener al intérprete bien cerca propone una intimidad especial, sostener la mirada puede resultar un desafío. Sin embargo, no hay interacción directa, se aclara. Es decir, nadie será obligado a nada.

Resulta muy interesante esa deriva que se propone. Y al cabo de un tiempo de ir recorriendo la escena, ya no importan tanto las palabras de un actor o de otro sino que se vive una cierta letanía, como si los murmullos shakesperianos hicieran viajar al espectador a otra dimensión. Y las viejas palabras empiezan a resonar; quejidos de otros siglos se vuelven actuales. Se consigue entonces esa inmersión en el mundo del bardo que no siempre se logra en espectáculos más armados en un sentido tradicional. Ese viaje resulta el mayor logro de la propuesta y, por cierto, no es menor.

Calificación: Muy buena

FOTO: GENTILEZA MAGDALENA VIGGIANI