Suplemento Económico

“Sin retenciones, el agro podría producir 250 millones de toneladas de granos”

El campo espera mantener sus altos rindes de producción en la campaña 2026-27, pese al efecto climático de El Niño y la suba del precio de los fertilizantes. La presión tributaria y la falta de infraestructura son un lastre para el sector, asegura el economista Bruno Ferrari.

El panorama es alentador, pese a que el fenómeno climático de El Niño y la temporal escasez de fertilizantes le hagan fruncir el entrecejo a los productores rurales. Se estima una buena producción de granos en la campaña 2026-2027. Otra más.

“Para la próxima campaña, dando cuenta de que la superficie sembrada se mantendría muy estable, en 44,2 millones de hectáreas, lo cual es un nivel alto, y volviendo a una tendencia de rindes promedio, podríamos tener otra vez un muy buen año en materia de rindes de producción, si el clima acompaña. Se esperan 155,8 millones de toneladas de los principales productos agroindustriales. Claramente la campaña 2025-2026 nos deja la vara alta”, explica Bruno Ferrari, economista jefe del Departamento de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario.

-¿Por qué? ¿Qué fue lo distinto en esa campaña?

-En lo que fue la campaña 2025-26, si nos ubicamos en la misma altura del año pasado estábamos esperando 146,4 millones de toneladas. Es decir, muy por debajo de las 172,4 millones de toneladas que estamos viendo hoy. Esto se debió a que hubo 1,3 millones más de maíz que se sumaron a las estimaciones preliminares; 300.000 hectáreas más de trigo; y después rindes nacionales que estuvieron 21% por encima de la media. Es un cambio muy importante con respecto a lo que fueron las estimaciones, favoreciendo fundamentalmente el maíz, el trigo y el girasol. Son tres cultivos que descollaron en términos productivos.

-¿Qué cifras arrojaron?

-En trigo se alcanzó 29,5 millones de toneladas, lo cual es un récord histórico. En maíz sucedió algo similar con 70,5 millones de toneladas, y en girasol hubo 7,6 millones de toneladas. En los tres casos fueron récord histórico en términos de producción.

-Se proyecta para la próxima campaña una caída del 10% con respecto al período 2025-26. ¿Ese porcentaje igual permite calificar como positivo el escenario?

-Partiendo del nivel que tenemos de comparación, que es la 25-26, 156 millones de toneladas termina siendo un muy buen nivel productivo si se logra alcanzar. Dejando de lado la campaña 25-26, que rompe un poco las estadísticas, el último récord productivo de los principales cultivos extensivos lo tenemos en la campaña 2018-19 con 141 millones de toneladas. Es decir, alcanzar 156 millones significaría llegar al segundo nivel más alto de la historia, y bastante por encima del tercero.

EFECTO NIÑO

-Cada proyección va acompañada de la frase “si el tiempo acompaña”. Este año tenemos el Efecto Niño, que se prevé fuerte aunque heterogéneo en su impacto. ¿Es correcto?

-Respecto al impacto del Niño, la verdad es que resulta algo que se viene esperando en términos de lluvias por encima de la media para los próximos meses. Más allá de que en el corto plazo en algunas zonas puntuales está faltando agua. Por ejemplo, para el caso del trigo en la zona núcleo. Las proyecciones en general plantean que desde octubre tendrían que empezar a registrarse lluvias por encima de lo normal, en un momento que va a ser clave para el trigo y para la siembra de los principales cultivos. Tener buenos niveles de reserva de agua y buenos niveles de lluvia podría ayudar. En general los efectos pueden ser dispares si tenemos casos de excesos hídricos. En algunos casos puntuales inclusive se puede aumentar el riesgo de anegamiento. Cuando miramos los números en términos promedio podemos esperar buenos niveles de rinde a nivel nacional, pero cuando vamos al caso más micro podría haber pérdidas puntuales en áreas. La mirada macro es positiva, pero hay una mirada más micro de los productores. El agua siempre es bienvenida pero en su justa medida.

-¿La planificación del productor puede amortiguar los efectos negativos de este fenómeno climático?

-Sí, obviamente. Cuando miramos el caso del maíz, se está esperando una mayor siembra del maíz temprano porque se podrían dar las mayores lluvias próximamente. Esto sería positivo para el caso del cereal, arrancando bien en materia de lluvias. A su vez se está recomendando hacer los trabajos en el campo en lo que hace al mantenimiento de canales para estar preparados en caso de que suceda este tipo de eventos.

-¿Qué se siembra a partir de ahora?

-En el caso de los cultivos finos podemos decir que ya terminaron su período de siembra. Fundamentalmente lo que es el trigo y la cebada. Ahora están empezando a transitar el período crítico, sobre todo en la región núcleo. Poco a poco avanza la siembra de los cultivos gruesos. Cuando miramos maíz, la siembra es incipiente: un 7% a nivel nacional. En Santa Fe el área sembrada avanza sobre el 32% y en Entre Ríos el porcentaje es similar. En el caso del girasol, a nivel nacional ya estamos en el 31% de siembra. Falta que más adelante arranque la siembra de la soja.

-¿Cuál es la estrategia del productor en materia de decisiones de siembra?

-En cuanto a las decisiones de siembra, muchas veces están determinadas por distintos factores. Obviamente lo económico es un aspecto crucial. Cuando miramos el trigo, en el arranque del período de siembra se estaban dando algunos conflictos a nivel internacional como lo ocurrido en el Estrecho de Ormuz, que elevó el precio del barril de petróleo y sus derivados, entre ellos algunos fertilizantes. Se esperaba que el área de trigo cayera en 500.000 hectáreas, aproximadamente, por la suba del costo de los fertilizantes. Luego los precios de estos insumos tendieron a normalizarse y el área disminuyó menos de lo que se esperaba. Más allá de eso se piensa que el nivel de fertilización inicial quizás no fue el óptimo debido a este problema de costos. Algunos productores se vieron afectados. Cuando miramos el maíz, se espera una retracción leve del área. Fundamentalmente en el NEA y el NOA por lo que pasó con la Chicharrita -una plaga que afecta al cultivo-. Aparecen distintos factores. Como contracara aumentaría el área de soja.

-Sabemos que la soja tiene un claro destino de exportación hacia China. ¿Cuánto del maíz y del girasol se vende al exterior y cuánto queda para el consumo local?

-Cuando pensamos en la soja, mayormente exportamos subproductos de soja. No vendemos un volumen importante de porotos de soja. El año pasado tuvimos un escenario excepcional con cambio de precios relativos en poroto, harina y aceite debido al conflicto entre Estados Unidos y China en términos comerciales. Eso nos llevó a exportar 12,5 millones de toneladas de porotos de soja. Pero para la campaña 2025-26 volveríamos a cifras más normales, en torno a los 6 millones de toneladas porque los precios relativos volvieron a cambiar. En el caso del maíz, tenemos una fuerte inserción externa de nuestra producción. Para la próxima campaña estimamos una oferta total de 74,4 millones de toneladas. Nuestras exportaciones de maíz están estimadas en 43,5 millones de toneladas. Es decir, un volumen importante que se destina a la venta, más allá de que tenemos un consumo interno relevante usado como forraje.

-¿Cuál es el principal mercado para el maíz?

-Es muy diversificado. Nuestro principal destino es Vietnam. Lo mismo ocurre con la harina de soja. Vietnam es un país del sudeste asiático que viene creciendo mucho económicamente. Eso implica cambios en la dieta de la población. Esa tendencia a un mayor consumo de carne incrementa la demanda de productos forrajeros como la harina de soja y el maíz para la alimentación animal.

-Un efecto similar al que tuvo hace algún tiempo China con el crecimiento del consumo de carne de cerdo.

-Claro. En el caso de China a comienzos de los 2000 sucedió un fenómeno similar. Eso implicó un mayor consumo de carne de cerdo. Hoy en día están comenzando a consumir más carne vacuna. Pero un pequeño cambio en su dieta, pensando que tienen una población muy importante, genera una transformación de importancia en lo que es la demanda en términos de volumen. Por eso China hoy importa gran cantidad de carne vacuna. No es suficiente su producción a nivel local.

-¿Cuál es el panorama con el girasol?

-En el caso del girasol, es un producto más chico en término de volumen. Venimos creciendo en la producción en los últimos años y ahí aparece la ecuación económica: a partir del conflicto entre Rusia y Ucrania el precio del aceite de girasol se disparó. Eso ocurrió porque estos dos países son los principales exportadores de aceite de girasol. Se produjo un crecimiento del área sembrada de girasol en la Argentina por la ecuación de precios. Pero fundamentalmente exportamos el aceite. Nuestro foco de exportación es India. También tuvimos niveles máximos este año en exportación de semillas de girasol. El consumo doméstico es relativamente estable en la Argentina, con excedentes importantes como para colocar en el mercado externo. Esto también se vincula con los biocombustibles.

FUTURO VENTUROSO

-Los especialistas suelen asegurar que el agro en la Argentina va a crecer mucho más el día que le quiten las retenciones o Derechos de Exportación. ¿Qué opina?

-Desde lo que es la Bolsa de Comercio de Rosario realizamos un modelo de actualización anual que se llama Agmemod Argentina. Tiene una metodología de base de lo que es la Unión Europea, con un modelo vinculado a la política agrícola que ellos realizan en esa región. Nosotros lo adaptamos al país para poder proyectar el agro a diez años. Entre esos escenarios, vemos que si Argentina lleva los Derechos de Exportación a cero y mejora su infraestructura, y se disminuyen las brechas de rendimiento, podríamos alcanzar una producción en torno a los 250 millones de toneladas en la próxima década.

-¿Cuál es la frontera que tiene hoy el agro argentino? ¿El acceso a la tecnología, el financiamiento bancario, la carga tributaria?

-A partir de los estudios que realizamos, claramente la presión impositiva es un elemento importante que limita al productor en la forma de producir. Hoy lo vemos en la fertilización, que quizás no es la óptima. Se puede pensar que el productor agropecuario produce como puede y no como quisiera en términos de la tecnología que existe hoy en día. El modelo Agmemod Argentina plantea la existencia de brechas de rinde que podrían disminuirse con la tecnología actual. Para eso se necesita que el productor tenga un mayor ingreso disponible y mejor infraestructura. La infraestructura termina siendo clave para mejorar la competitividad.

-Rutas, caminos rurales, acceso a puertos, ausencia del ferrocarril de carga. ¿Estamos flojitos de papeles en infraestructura y logística?

-Por el lado de las rutas y los caminos rurales hay mucho por hacer. La concesión de la Hidrovía va a aumentar la profundidad de la vía navegable, eso mejora la competitividad. En lo que es la región del Gran Rosario se han estado haciendo algunas obras y se proyectan algunas mejoras en los accesos. Algo se está haciendo pero eso no quita que todavía quede mucho por hacer.

-Los fertilizantes son clave. En el caso de la urea hay un solo fabricante en la Argentina que abastece aproximadamente el 50% de las necesidades. Dado que se produce en base a gas, ¿tenemos un potencial en ese nicho a partir de Vaca Muerta?

-Argentina es un importador de fertilizantes. Las inversiones que se están realizando podrían incrementar nuestra producción al punto de convertirnos en un exportador neto. Eso es un elemento positivo. Es algo que los países en general quieren. Cuando hay conflictos internacionales o sube el petróleo, los países productores suelen retraer la oferta para garantizar su abastecimiento interno. Con lo cual termina siendo un producto estratégico.

 

Aceite de soja, otra exportación récord

Argentina anotó un récord de exportaciones de aceite de soja en los primeros cinco meses de la 2025/26. En efecto, en lo que va de la campaña se embarcaron 3,03 millones de toneladas de aceite, superando por primera vez las tres millones de toneladas para este periodo, según datos de Indec y Nabsa.

La dinámica se explica por la fuerte demanda de la India, el mayor importador mundial de aceites, que viene registrando un récord de compras de aceite de soja, al tiempo que otros países competidores aumentan cada vez más la absorción doméstica del producto, como insumo para la producción de biocombustibles.

Los grandes volúmenes para la exportación de aceite se combinan con precios excepcionalmente altos, explicados por la emergencia del conflicto de Ormuz, llegando a niveles que no se veían desde el punto más crítico de la guerra de Rusia y Ucrania en 2023.

El precio spot para la exportación de aceite de soja se mantuvo por encima de u$s 1.100 la tonelada en todo 2026 e incluso tuvo periodos donde superó los u$s 1.200/t. Con este panorama, los valores exportados deberían seguir la misma tónica que los volúmenes.

Las mismas fuentes también indican un desempeño positivo para las ventas de harina, que acumulan 13,41 Mt y están cerca de un millón de toneladas por encima del promedio de los últimos años. El dato sucede a un agosto excepcionalmente positivo para la exportación de harina, cuando se embarcaron 2,91 Mt, el volumen más alto en doce meses, según estadísticas de Nabsa.

Esta mayor firmeza de la exportación argentina de harina toma lugar mientras Brasil vio en el último mes una baja en sus ventas externas de este producto. Particularmente, durante agosto las exportaciones del gigante amazónico fueron las más bajas desde febrero, embarcando 2,02 Mt, mientras los meses anteriores mantenían un promedio de ventas de 2,4 Mt, bien por encima de años anteriores, según datos de LSEG.

En cuanto a la tónica del mercado interno, la pizarra de soja sigue mostrando valores elevados: el valor más alto esta semana fue de $558.000/t o u$s 372,6.

* Informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.