La memoria de un hombre es expuesta fragmentaria y artificialmente a través de su voz grabada. El está sentado al costado de un escritorio, frente a un grabador. Esa experiencia le recuerda hechos ocurridos hace algunas décadas; éste es el tema que aborda Samuel Beckett en su obra "Krapp, la última cinta magnética", que se estrena hoy a las 21 en la sala Cunill Cabanellas del teatro San Martín, de Corrientes al 1500.
Con el protagónico de Walter Santa Ana y música de Luis María Serra, Juan Carlos Gené, el director y traductor de la pieza, dice a La Prensa, que éste es un sueño que se hace realidad. Gené y el actor hacía varios años que tenían pensado hacer esta pieza juntos.
"El año pasado Walter se reunió con Kive Staif y cuando estaba todo resuelto me llamaron para hacerme cargo de la dirección y cómo te imaginarás yo estoy encantado de hacer esta pieza".
Gené sostiene que no ha tenido un gran acercamiento a la producción de Beckett. Pero cuando se exilió en Caracas, Venezuela, en 1977, al año siguiente montó "Esperando a Godot", asumiendo él mismo uno de los papeles. "Desde aquel momento a hoy, puedo decir que comenzó una especie de proceso dialéctico interno de elaboración respecto de lo que propone Beckett en sus obras, que todavía no ha terminado".
EL OPTIMISMO
-¿A qué se refiere?
-Ocurre que a medida que avanzan los años y somos concientes de que el reloj biológico no se detiene, uno tiene más presente el tiempo. Es a partir de ahí que Beckett, como dice Peter Brook, nos desafía hasta hacernos quedar en el ridículo cuando intentamos ser optimistas. Le doy un ejemplo, el propio Beckett, después que murió su mujer y empezó a tener conciencia de los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, él mismo se internó en un geriátrico.
-La obra fue escrita en 1959, ¿cómo cree que el espectador actual recibirá esta pieza?
-Nunca me pregunto, al menos de manera consciente, qué puede pasarle al público con tal o cual obra. Entiendo que toda respuesta que intente respecto de esto es inútil. Nadie conoce el éxito o fracaso de un proyecto. Confío que si a mí me moviliza una obra a algún espectador le va a ocurrir lo mismo. A veces acierto, otras me equivoco, en eso consiste la profesión.
-¿Cómo ve esa visión tan nihilista de la vida humana que propone Beckett?
-Beckett es un autor muy difícil de digerir, porque es de una radicalidad en la negación, que se hace complejo de entender. El es como una esfinge, a la que uno se acerca con un respetuoso temor, como intentando resolver un acertijo, intentando averiguar quién se salva y quién no. Sólo que para Beckett no existe la salvación.
EL HEREDERO
-"Krapp..." tiene relación con otros de sus textos como "Molloy" o "Murphy" en cuanto a mostrar lo lacerante de la soledad. Pareciera que a través de su obra literaria él sentía cierto placer en hablar del vacío de la existencia humana, al mostrar personajes tan torturados.
-Un crítico alemán del que no recuerdo el nombre, definía a Beckett como el miniaturista de la agonía. Tanto en las novelas que citaste como en otros relatos y lo mismo en "Krapp...", sus protagonistas son todos un mismo personaje que no tiene identidad. Porque la identidad va variando como varia el tiempo en el que ocurren las cosas. En el devenir de las cosas, las pocas certezas que se pueden tener, con el tiempo se transforman en algo banal. Samuel Beckett llegó incluso a hacer desaparecer la palabra. A medida que pasa el tiempo él fue estrechando el margen de la palabra. Tiene obras que duran apenas pocos minutos y escribió para la radio. Su escritura impresiona porque tiene un lenguaje poético extraordinario. Es como un orfebre de la degradación.
-Beckett fue amigo íntimo de James Joyce, cuya obra apela a una lectura más épica y constructiva. Sin embargo, Beckett parece haber heredado de aquél sus aspectos más oscuros.
-Lo que para James Joyce era la fiesta de la palabra, para el autor de "Esperando a Godot" fue la búsqueda de la no palabra, la invención de de un lenguaje necesario para expresar lo inexpresable. El protagonista de "Krapp..." es un escritor, que en lugar de escribir graba y se refiere a él mismo con una agresiva ironía.
Juan Carlos Fontana