Suplemento Económico

Se viene la segunda etapa


Casi todos los conflictos políticos y económicos del país son rezagos vergonzantes del pasado. El kirchnerismo tiene ideas completamente muertas en los países socialistas -como en China posterior a Mao- donde sólo las políticas que liberaron los mercados han podido paliar las terribles penalidades de la población.

En todas las experiencias más o menos socialistas se arribó al inevitable fracaso, los niveles de producción y productividad fueron tan bajos que apenas pudieron satisfacer las necesidades mínimas de mucha gente. Así pasó en Cuba, la Unión Soviética, China, Corea del Norte, Camboya y Vietnam, entre otros países.

Checoslovaquia es un ejemplo: era un país altamente desarrollado y el comunismo lo convirtió en subdesarrollado, sin olvidar el sometimiento que sufrieron al ser convertidos por la fuerza al sistema.

En la actualidad el socialismo teórico está muerto en casi todos los países antes comunistas pero no en los que disfrutan del sistema capitalista, sobretodo en grupos de intelectuales que lo utilizan en formas híbridas para acceder al poder.

El capitalismo y el socialismo hace décadas que emprendieron una feroz competencia. Hoy podemos decir que el capitalismo ha sido el vencedor, ha superado las pruebas de calidad de vida y sus posibilidades, incluso donde ocupó un espacio reducido, como fue en la Argentina durante décadas.
Milei es considerado por muchos que lo votaron como un salvador que vino a evitar un futuro similar al de países que comulgan con ideas socialistas: la tendencia dirigista en la inversión, la inclinación por métodos inflacionarios para evitar procesos recesivos y estimular el desarrollo, la compulsión para frenar artificialmente los precios, la emisión de moneda, el crédito dirigido y los déficit de presupuestos como medio para desarrollar la actividad económica.

En nuestro país no se ha respetado la seguridad jurídica, o sea el respeto a las normas sobre las que se hacen los contratos, de manera que ellas no perturben el significado de los acuerdos previos. Todo fue viva la pepa: el comportamiento corrupto de los mandamás del Gobierno kirchnerista permitieron que una buena cantidad de empresarios procedieran de mala fe, procurando ganancias ilegitimas, engañando, violando compromisos que falsamente prometían cumplir.

Provocaron consecuencias indeseables para el resto que pretendía obrar bien o que no tenía la posibilidad de pagar coimas. Todo ello ha demostrado que el progreso ético no responde sólo a una mejora actitudinal de las personas, sino en el hecho más estable de un avance en una red institucional éticamente mejor.

Ello ha impulsado intentos empresariales en otras partes del mundo que permitieron innovaciones increíbles destinadas a elevar el nivel de vida de la gente, como ha sucedido, por ejemplo, en Estados Unidos.

LIBERTAD

El capitalismo exige una estructura que promueva la mayor libertad posible en las relaciones sociales; exige, perentoriamente, no sólo de la responsabilidad, la confianza, la credibilidad, sino también de la seguridad jurídica. Aunque es inevitable el engaño, en nuestro país son muchas más las personas que por rapacidad o ignorancia se sujetan con dificultad a sus demandas.

Lo que el actual gobierno debe intentar entonces es recuperar la cultura que preparó su aparición y la institucionalidad sin la cual la economía de mercado no puede funcionar bien. Sabemos, sin embargo, que el logro de estos objetivos requiere un camino largo y sinuoso por lo cual se necesitará la paciencia de los argentinos.

Mucho dependerá de todos ya que si bien se puede planificar un hospital, un colegio, una empresa, no así la sociedad, la cultura, la historia o la persona. Lo más que se puede es intentar intervenir en ellos, limitadamente, con tratamientos tentativos, provisorios y perfectibles, sin olvidar que el futuro siempre será incierto.

La novedad es que una mayoría ha votado a favor de cambios estructurales, por otra Argentina. Los Kirchner, como Perón, tenían en mente, aunque hablaran en nombre de la paz y la libertad, instaurar una dictadura. El Gobierno de Milei no pretende tratar a la sociedad como a una máquina manejándola a su antojo, las ideas liberales que defiende nos llevarán, si la oposición lo permite, a mejorar pero no a base de órdenes y mandatos sino por medio de la libertad jurídica, única forma que la igualdad puede conciliarse, en grado considerable, con la libertad.

Milei sabe que ello potencia enormemente los grados de creación, lo mismo que la exploración de los cambios, es por eso que procura tutearse con Estados Unidos y países de Europa occidental y con sus increíbles innovaciones materiales y espirituales.

Se ha decidido, con actitudes de un guerrero, a luchar contra quienes se oponen con ideas erróneas al necesario progreso. Está preparando el camino, con dificultades pero obstinadamente, para crear energías comerciales productivas que destruyan el aislamiento transformando los modos de producción y el limitado nivel de crecimiento del volumen de la producción.

Estimula el desarrollo capitalista, el cual ha pulverizado las innumerables predicciones negativas formuladas desde la más heterogénea hipótesis, incluida las de su desaparición. ¿Por qué entonces no seguir apoyando al presidente mientras intente, como lo hace en medio de enormes dificultades y obstáculos institucionales y culturales, imponer su dinámica y sus innegables beneficios? Sabemos que no es la panacea que implica superar graves conflictos pero lleva a una sociedad planetaria que necesita de una dificultosa compatibilización de países, regiones, y sobre todo, culturas. Vale la pena seguir junto a los países que lo aceptan.

REFORMAS

La reforma laboral que se viene es uno de los elementos que pueden contribuir decisivamente a una mejora, no sólo del nivel de vida de los trabajadores sino también a la inversión de capitales, pero no es lo único. Los beneficios que supone esta reforma, y las demás que se están diseñando, para ser reales deben contar con la decisión política de hacerlas cumplir. Si no existe, cualquier legislación, aunque sea la mejor del mundo, será inoperante, como lo prueba en nuestro país la experiencia histórica.

Ya algunos sindicalistas dijeron que la piensan resistir. No hay duda que el gobierno tendrá que escucharlos. Durante años los sindicatos le han quitado protagonismo a los partidos, los cuales debido a su debilidad no han podido hacerles frente.

El proceso de fortalecimiento económico de los sindicatos y con ello su poder de negociación, cubrió varias etapas: en la primera, se aseguró la recaudación de los ingresos que podemos llamar “normales”, al incorporarse a las empresas como cobradores de las cuotas mensuales; en la segunda, la recaudación agregó contribuciones adicionales, pasibles de ser cobradas a afiliados y no afiliados; en la tercera, los empresarios mismos se convirtieron en sostenedores de parte de los fondos sindicales; y en la cuarta, también los no afiliados pasaron a cotizantes mensuales.

La consolidación económica del sindicalismo, en su conjunto, no pudo escapar al intervencionismo del Estado, aunque en forma mucho más limitada que en los gobiernos de Perón, donde la autonomía de los dirigentes debía mantenerse dentro de límites sumamente estrechos. Hoy poseen mucho más autonomía, por lo cual cuentan con fuerza propia como para que sus líderes puedan resistirse a la dirección del Gobierno y a los cambios que propone. Sólo accederán si las decisiones son capital político rentable, siempre lo han hecho con los gobiernos de turno.

No hay duda que serán otro de los obstáculos que deberá enfrentar el presidente. Ello no quita la posibilidad de que el Estado favorezca a determinada facción, ni que lleguen a negociaciones, acuerdos y aún a alianzas implícitas o explicitas. Puede suceder que queden atrás de sus afiliados si estos responden a otras influencias.

En otras palabras, los sindicatos pueden ser una palanca formidable para el cambio social y económico que propone Milei o una oposición incluso destructiva del sistema político global. Un ejemplo paradigmático fue la actuación en el gobierno del ex presidente Illia: difícilmente hubiera sido derrocado sin la pertinaz y violenta hostilidad de la CGT y de los sindicatos peronistas.

Las prácticas democráticas de ese gobierno eran evidentes y se extendían a todos los planos de la vida nacional, aunque arrastraba el peso de un estatismo extendido y consolidado, el cual no era considerado como negativo por el gobierno radical.

Esta segunda etapa no va a ser fácil para el presidente Milei pero se contará con un Congreso ostensiblemente mejorado en cuanto al cambio de signo político. Es de esperar que la gente no exagere sus expectativas y crea que el Gobierno satisfará las de todos los ciudadanos, configurando para cada uno la felicidad, como ofrecen los delirantes dirigentes kirchneristas. No dará soluciones a todos los problemas, hará lo que se pueda, pero siempre tratando de seguir el rumbo liberal propuesto. No es poco.