Carlos Ruckauf planteó que se adelanten las elecciones: ve complicado cómo llegar a diciembre con esta situación económica y política y sostuvo que “esto tiene que terminar con un acto electoral, eligiendo a alguien –hombre o no- para suceder al actual presidente”.
Al mismo tiempo, desechó cualquier intento de manipular la voluntad popular que busque la salida en una asamblea legislativa: la única forma de solucionar esta falta de autoridad –sostuvo- es votando y acelerando el cronograma electoral.
Ya en julio de 2022, hace casi un año, ante la escalada del dólar blue, la inflación y la cruda interna entre proyectos políticos distintos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, Ruckauf había abogado por adelantar las elecciones presidenciales como en 2003. “Es un mecanismo institucional, una forma de darle al pueblo autoridades legítimas que estén fuera del Gobierno”.
Entonces había insistido en anticipar el calendario electoral, sólo para presidente y vicepresidente. “Hay dos formas de hacerlo –dijo en 2022-: la asamblea legislativa y el voto popular. La primera no me gusta porque es un acuerdo entre dirigentes, lo que definiría Milei como la casta. La gente está muy cerca del que se vayan todos. El Gobierno debería convocarla”.
Al mismo tiempo aconsejó tener ahora “mucha paciencia con los que vengan, porque les dejan una bomba a punto de explotar y les van a llenar la calle de provocadores”.
“Faltan ocho meses peligrosos” fue el título de la charla que Ruckauf -ex ministro de Trabajo y de Relaciones Exteriores, ex gobernador bonaerense y ex vicepresidente de la Nación, hoy analista de política nacional e internacional en Clarín, Infobae, radios y televisión- dio en el Club del Progreso, en su vieja sede de Sarmiento 1334.
El orador compartió la cabecera del almuerzo del Foro de la Ciudad con el presidente del Club, Roberto Punte, y su vicepresidente primero, Eduardo Guarna.
El país en terapia intensiva
Ruckauf opinó que esta crisis que vivimos es fundamentalmente política y que lo económico es una consecuencia. Dijo que el país está en terapia intensiva, que hay un solo tubo de oxígeno, que viene de Washington, y una sola manguera, que es Sergio Massa.
“Que no diga que éste es un gobierno distinto de ella”, dijo sobre Cristina Fernández de Kirchner, aludiendo al modo en que designó al presidente, Alberto Fernández. “Ella puso a quien hoy detesta.”
Calificó al presidente y la vicepresidente como “el dúo Pimpinela”. Y señaló que ante la turbulencia llamaron al tercer socio (Massa) a ver si los sacaba del pantano haciendo lo contrario de lo que prometió. “Massa fue a Washington a presentar un proyecto que el gobierno argentino no sigue”. Como decir que no vamos a comprar armas de guerra a China.
Tras citar cifras de la circulación cada vez más rápida de la masa monetaria afirmó: “Aquí el gasto público es desaforado. Somos los muchachos del barrio que nunca pagamos las cuentas”.
Sostuvo que lo primero que hay que hacer es empezar a bajar el gasto público. Quien sea el próximo presidente tendrá que hacerlo. Y más doloroso es no hacerlo “porque la realidad los va a obligar”. Recordó que Néstor Kirchner gobernó con siete ministerios y ahora hay 21. “¿Para hacer qué?”, preguntó.
Puso ejemplos concretos del aumento de los huevos, el yogurt y otros productos en el supermercado donde hace compras para su casa y observó que si hace unos años con un millón de pesos se conseguía un millón de dólares, hoy apenas se pueden comprar tres mil. Comentó que hace poco un hombre le preguntó: “Doctor, Ud. sabe dónde puedo comprar diez dólares?” Ese hombre humilde sabe que el peso no le sirve, agregó, y señaló que hay corralones de materiales que remarcan todos los días o que pueden conseguir el producto que se les pide pero el precio lo dejan librado al momento de la entrega.
Ella renunció a una derrota, no a una candidatura
En el tema político recordó visiones y actitudes de dirigentes que trató, como Menem, Duhalde, de la Rúa, etc. O Giulio Andreotti, primer ministro de Italia, quien le dijo que los argentinos eran italianos que hablan en español. Y así como Italia quiere ser el convoy más cercano a la locomotora alemana, dijo, la Argentina tiene un destino manifiesto, que es junto a esa potencia emergente que es Brasil. “Lula no es marxista; es sindicalista –reflexionó-. Pero el PT (Partido de los Trabajadores) tiene cada vez más poder sobre un presidente anciano”. Estimó que no es posible, es irreal, suponer que Brasil, como supone Alberto Fernández, acepte tener una moneda única con la Argentina, con su altísima inflación. Pero puede haber monedas de intercambio.
Tras incursionar en la política exterior y de defensa, ante una nueva guerra fría entre dos superpotencias (Estados Unidos y China), volvió a la situación interna. Señaló que cuando Néstor Kirchner llegó al gobierno se dio cuenta de que había un fenómeno nuevo que había que capturar. De ningún modo venía él de la izquierda, pero vio la realidad y decidió cooptar el movimiento piquetero como un reemplazo del poder sindical. Observó que los movimientos sociales les han limado espacio no sólo a los sindicatos sino también a los intendentes. Como lo evidencia la candidatura de Patricia Cubría en La Matanza contra el histórico intendente Espinoza.
Inflación galopante
Expresó que el colapso en la calle afecta a todos y opinó que no hay gobierno en la historia mundial que gane las elecciones con una inflación galopante. Consideró que Cristina Kirchner no va a ser candidata y dijo que no vale el slogan “Luche y vuelve” porque nunca se fue a ninguna parte. Ella husmea la realidad y se da cuenta. “A lo que renunció es a una derrota, no a una candidatura”.
Consideró la aparición de Scioli como una amenaza de Cristina a Massa; si Mayra Mendoza y Axel Kiciloff se fotografiaron con él debe de ser con permiso de la jefa del espacio. Pero manifestó que si bien tuvo triunfos electorales Scioli no tiene estructura propia y siempre fue un candidato designado. Massa es el único candidato con el cual el frente oficialista puede perder la elección dignamente.
Y a pesar de la altísima inflación Ruckauf piensa que él podría ser finalmente el candidato. Porque Massa, dijo, no suele ser de los que creen que pierde. Y porque podría consolidar su estructura de poder, incidiendo en la conformación de listas de diputados, concejales, etc. Y porque aun si pierde el oficialismo podría, incluso por razones biológicas, pasar en algún momento a ser el jefe de la oposición, reemplazando a Cristina.
“La sociedad se hartó”
No obstante puntualizó: “La sociedad se hartó. El éxito de Milei en las encuestas no es porque proponga el liberalismo; es porque propone acabar con la casta”. Comentó que refleja el hastío de la gente como alguien le dijo sobre un conocido: “Llega a concejal y a los seis meses tiene una cuatro por cuatro, y yo sigo con la chata de siempre”.
Juzgó que Milei tiene muchas posibilidades de llegar a un balotaje y apuntó que propone un cambio copernicano en materia económica. Para hacerlo necesita poder parlamentario y como el Congreso se renueva parcialmente será muy difícil que cuente con ello, salvo que gane en la primera vuelta. Analizó una tendencia del comportamiento electoral en Occidente que muestra que el 80% de la decisión tiene una explicación emocional. Cuando crece la inseguridad, sube en las encuestas Patricia Bullrich; cuando aumenta el conflicto económico, sube Milei.
El que gobierne debe gobernar y tener aceptación de la gente bajando la inflación, añadió. Recordó que tras un año y medio de hiperinflación, Menem ganó las elecciones por pasar a un 1% de inflación. Y se rompe el útero ideológico (de qué origen viene cada uno –peronista, radical, etc.) si la población advierte que se derrota la inflación y se vive con más normalidad. Porque “las sociedades se hartan”.
La Argentina tiene capacidad de reacción
A pesar de diagnósticos tan duros, Ruckauf consideró que “este país tiene una capacidad de reacción y de recuperación económica muy grande”. Tiene alimentos, litio, gas, etc. Y citó a Nelson Mandela –a quien situó muy lejos de la “izquierda caviar argentina”-: “Cuando uno tiene lo que el mundo quiere, o lo negocia bien o tiene que prepararse para defenderlo”.
Enfocó en el mundo acontecimientos desequilibrantes como el default de Bangla Desh, la intervención de China para salvar a dos bancos vinculados con ella en graves dificultades, el hecho de que para asegurar “la ruta de la seda” China ha prestado a veces a países con poca capacidad de repago… al tiempo que, más allá de la desconfianza que le suscita el gobierno chino, estimó alentador que se empiece a tratar una posibilidad de paz en Ucrania, en la conversación de Xi Jinping (el único valedor que tiene Rusia) con el premier ucranio Vladimir Zelensky.
En ese marco inestable, y tras advertir que en el mundo las relaciones entre los países se manejan por intereses y no por amistades, reparó en que la administración demócrata norteamericana no quiere el efecto internacional que tendría la caída de una economía mediana como la de la Argentina.