Porque su tono fue decididamente opuesto al muy despectivo que suele emplear Trump con respecto a Europa. Rubio, en cambio, recordó los lazos que unen a su patria con ella, aportando abundantes datos históricos. Lazos cuya notoriedad hubiera hecho innecesario traerlos a colación, si no fuera porque Trump insiste en ignorarlos. Además, el Secretario de Estado los expuso con una calidez inimaginable en el magnate inmobiliario cuyo gabinete integra.
Por todo ello, su exposición ha sido grata a sus aliados, no sólo a los europeos. Porque todos ellos saben que el alejamiento de los Estados Unidos de Europa pondría en peligro no sólo a ese continente.
Ahora bien, lo cierto es que Rubio es el encargado de las relaciones exteriores de su país. Y resulta que la frontera de Occidente -que hoy pasa por el límite de Ucrania con Rusia- ha sido traspuesta por esta última y los Estados Unidos, en lugar de alinearse con la nación agredida, fingen un rol de mediador que apesta a complicidad con el invasor.
Resulta, pues, que el decir de Rubio se distancia de la actitud oficial de su país con respecto a la agresión rusa. De calar hondo en él las convicciones que expuso en Munich, tal vez hubiera debido -y hace ya buen rato- dar un portazo alejándose de su cargo y dejando en claro porqué lo hacía.
De haber obrado así, es posible que buena parte de la opinión pública de su país -no sólo la republicana- hubiera estado de acuerdo con él y habría de respalda una candidatura suya en las próximas presidenciales.
Si cree profundamente en lo que dijo, es que Rubio enfoca a Occidente en su integridad, lejos del American dream de Trump, que hace una fortaleza del continente americano y considera lábil o negociable toda responsabilidad que quepa a los Estados Unidos con sus aliados ajenos a ese continente (trátese ya de la isla de Formosa o de la porción europea de la OTAN).
De ser así, Rubio habría esbozado -ante tan selecto auditorio- su propia visión de la política exterior de su país. Bastante distinta de la de Trump. Se trataría, pues, de una suerte de prelanzamiento de su candidatura presidencial, abordando un tema central.
Si así no fuera, estaríamos ante una palinodia de Trump, hecha a través de su Secretario de Estado, para no ser él mismo -con su inmenso ego- quien diera marcha atrás. Se trataría, en ese caso, de “un desacople, pero no tanto”, entonado para calmar a sus socios de la OTAN.
El tiempo dirá.